LA GUERRA CIVIL PALESTINA

Se esfuman las posibilidades de paz en Oriente Medio. Es la guerra lo que se busca y no la paz. No habrá paz a cambio de territorios, porque esta consigna pertenece ya al pasado.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, disolvió el gobierno liderado por Hamás y nombró a un nuevo primer ministro, Salam Fayyad, tras declarar el estado de emergencia cuando los militantes de Hamás tomaron por la fuerza Gaza. El depuesto primer ministro Haniyeh rechazó la decisión unilateral del presidente y respondió que Hamás mantendrá firmemente la ley y el orden en Gaza. “Llegamos al poder con el apoyo del 96% de los palestinos y no se pueden tomar decisiones unilaterales. Respetaremos la democracia y el sistema político…El gobierno continuará su trabajo y no defraudaremos a nuestra gente”, dijo Ismael Haniyev en la Televisión palestina. Un portavoz de Hamás fue más rotundo: “Estamos diciendo a nuestra gente que el pasado se acabó y no volverá. La era de la justicia y de la norma Islámica ha llegado”.
Cientos de militantes de Al Fatah salieron de la ciudad, muchos de los cuales se embarcaron rumbo a Egipto desde el puerto de El Arish. Otros fueron fusilados en el acto por los de Hamás. Se teme la desintegración de la administración palestina. Existen de hecho dos “autoridades palestinas”. El 15 de junio Hamás (alineado con Irán y Siria) controlaba Gazza mientras que Cisjordania estaba con Al Fatah (apoyado por las potencias occidentales, Arabia Saudita, Egipto y Jordania). No hay asomo de posibilidad de arreglo con Israel.
Tampoco Israel ha conseguido sus objetivos: no tiene paz ni la tendrá por los procedimientos elegidos. La idea de que es un pueblo que no tiene prisa, pues está por encima de la historia, es una utopía. Israel camina hacia la propia destrucción y esto es algo que si bien lo desean sus enemigos, lo temen los judíos que honran y temen a su Dios.


La toma de Gazza por Hamás incendia por completo la situación, mientras que la oleada radical se apodera de Pakistán. El problema está en saber si es esto precisamente lo que se busca: la agudización de un conflicto que no tenga otra salida que la guerra total (puesto que son obvios el fracaso de la política y el chasco de las guerras parciales).
La guerra civil tuvo su detonante en la matanza de ciudadanos en los campos de refugiados palestinos del Líbano y todo indica que fue una operación de inteligencia militar cuidadosamente planeada como pretexto para la intervención de la OTAN bajo el mandato de las Naciones Unidas y con la aquiescencia de Israel. La desestabilización de Líbano forma parte de otros objetivos militares más importantes, como Siria e Irán.
La guerra civil palestina no es sólo una última consecuencia del callejón sin salida al que las fuerzas internacionales arrojaron a la fantasmal Autoridad Palestina, sino el cumplimiento de un viejo propósito del radicalismo político israelí. Entrevisté a Simon Peres en Tel Aviv, en 1978 (entre otras personalidades políticas, como Isser Arel, el célebre ex jefe de los servicios secretos israelíes), y obtuve una conclusión clara: si los palestinos se empeñaban en su política de “echar al mar” a los judíos, no solamente no lo conseguirían sino que serían ellos los borrados del mapa. En aquel tiempo los palestinos esgrimían que la “razón histórica” estaba de su parte. El objetivo era que dejaran de tenerla, lo que se podría lograr abocando a los palestinos a la desesperación, enconándolos con la guerra sucia y llevándolos a la división. La resistencia palestina perdió una tras otra importantes batallas políticas. Se quebró su unidad, los dirigentes fueron corrompidos, aumentaron las disensiones internas, cayeron en multitud de trampas y provocaciones, creyeron que su lucha política sólo triunfaría con las armas y fueron liquidados sus mejores dirigentes.

El objetivo principal de los revolucionarios sionistas que lograron incrustar el inexistente Estado de Israel en un territorio perteneciente a otros Estados en el llamado Oriente Medio era, y sigue siendo, garantizar por todos los medios a su alcance, presentes y futuros, abiertos o encubiertos, la existencia de ese Estado. La ambición estratégica no principal entonces era construir el Gran Israel a costa de los Estados vecinos. Los fundadores de Israel sabían que no podrían lograr sus ambiciones si no era por la guerra y que la paz definitiva con los árabes sería difícil, pues éstos no se resignarían nunca a perder sus territorios. La consigna de “echar a los judíos al mar” no se debió a una llamarada étnica/religiosa, sino a la evidencia de que los judíos no sólo no devolverían los territorios ocupados sino que se apoderarían de otros más. El Estado de Israel llegó a ser y es una realidad internacional inamovible: posee armamento nuclear y fuerza internacional para imponer esa realidad por encima de las disidencias internas, porque cuenta con el respaldo de los grandes grupos mundiales de poder. La Autoridad Nacional Palestina no ha logrado ser un Estado, ni cuenta con apoyo sincero alguno. El objetivo estratégico de Israel sólo se logrará, según la dirección político/militar israelí, cuando las facciones de la resistencia palestina sean derrotadas, aniquiladas, destruidas, militar y políticamente. La dirigencia militar israelí ha empleado toda clase de estrategias para aplastar a los palestinos. Una de las más formidables, y quizás menos conocida, es la creación de movimientos revolucionarios islamistas.

El grupo Fatah Al Islam que se enfrentó con las fuerzas armadas libanesas en el campo de refugiados del Norte del Líbano no es un grupo fundamentalista sunnita palestino, sino creación de los wahabitas de Arabia Saudita, utilizados por la CIA para operaciones encubiertas de los tiempos de la guerra de los soviéticos en Afganistán. En su mayoría son saudíes, sirios, yemeníes y marroquíes. El premio del desmantelamiento de este grupo ha sido la importante ayuda económica que Líbano recibirá de los Estados Unidos. Fatah Al Islam es financiada por Arabia Saudita y los Estados del Golfo y respaldada por los Servicios de Inteligencia de Pakistán y en última instancia por las agencias de inteligencia norteamericanas. Hay acuerdos entre los neoconservadores y el príncipe Bandar bin Sultan de Arabia Saudita quien siendo embajador en Washington estaba en contacto con el director de la CIA George Tenet, con Dick Cheney y Elliot Abrams para- según explicó documentadamente Seymour Hersh, entrevistado por la CNN el 21 de mayo de 2007, canal internacional- dar apoyo a la línea dura de los yijadistas, grupos sunnitas, particularmente en Líbano, que serían vistos como un brazo de Hezbollah. La idea era apoyar a los sunnitas contra los chiítas en Irán y en Líbano. Este es el origen de la guerra civil actual: una violencia sectaria instigada por los neoconservadores.
No pocos israelíes y muchos judíos creen que la existencia de Israel a largo plazo no puede ser garantizada por la guerra sino por la paz. ¿Pero cómo conseguir la Paz? Los vientos que azotan la región no traen en modo alguno la paz, sino que anuncian llevar el fuego de la guerra a toda ella. Siria e Israel están al borde de la guerra, según fuentes británicas. El rediseño del mapa implica necesariamente la guerra, uno de cuyos objetivos es el dominio de la península de Crimea. La partición de Irak en un pequeño Estado sunita y otro chiíta presupone la instalación de un Estado kurdo. Irán y Turquía hostigan las regiones del Norte de Irak como paso previo a una masiva invasión de Irak en la que participarían decenas de miles de soldados turcos. Los kurdos de la Región autónoma del Kurdistán iraquí han firmado recientemente un acuerdo militar con los Estados Unidos para que la coalición asuma la defensa de las provincias de Dohuk, Irbil y Suleimaniya.
El octogenario Simón Peres, uno de los pocos supervivientes de los grandes sionistas creadores del Estado de Israel, ha sido nombrado presidente de Israel. Se presentó como unificador “de la fracturada sociedad israelí”. Su nombramiento coincide con el regreso del antiguo primer ministro Ehud Barak- el soldado con más condecoraciones de la nación- a la jefatura del Partido Laborista. En su primera declaración Barak se pronunció a favor de la unidad de la nación israelí y de restaurar el poder militar y su capacidad ofensiva. Es la guerra lo que se busca y no la paz. No habrá paz a cambio de territorios, porque esta consigna pertenece ya al pasado.

©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"

Fotos Oana&Calin

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
Poemas del libro ©"...y el cielo es nuestra casa".
Poemas del libro ©"Dios Toro poderoso"
Artículos del libro: ©"Estrictamente prohibido" Reportajes censurados y otros retratos de la España negra.
Capítulos del libro © "El miedo, la levadura y los muertos", publicado en 1968, cuya edición, íntegra, fue censurada, mandada retirar, y guillotinada por orden del ministro de Información y Turismo de la época, Manuel Fraga Iribarne.

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