
El aumento del precio del petróleo anuncia el fin del Ciclo de Civilización. La opinión pública debería conocer las verdaderas causas del alza.
Ninguna de las razones dadas para justificar el aumento del precio del petróleo es válida: son sin razones, engaño descarado y encubrimiento de las verdaderas causas. La última subida del precio del petróleo hasta los 72 dólares se explicó por la confluencia de tres causas: la decisión de Irán de seguir adelante con su programa nuclear, la escasez de reservas en los Estados Unidos y la proximidad del verano con una fuerte demanda de los consumidores norteamericanos. La incongruencia de estas explicaciones salta a la vista. Son burdas, son expeditivas, para salir del paso. Demuestran especialmente un desprecio mayúsculo a los ciudadanos de todo el mundo. Proponer que la continuidad del programa nuclear iraní es un desencadenante de los precios resulta algo completamente patoso: la iniciativa nuclear de Irán se remonta a los tiempos del Sha, fue poderosamente respaldada por los Estados Unidos y contó con la aprobación de la comunidad internacional. Desarrollar la energía nuclear como alternativa principal al consumo de combustibles fósiles fue y sigue siendo una decisión congruente y bien planteada. La utilización de los residuos nucleares para la fabricación de armamento nuclear es otra cuestión. Por cierto Irán firmó el tratado de No proliferación, cosa que no ha hecho Israel. No hay justificación alguna para utilizar este argumento a favor del incremento del precio del petróleo. Las otras dos razones esgrimidas son tan insustanciales como la primera. De ser válidas habrían colocado el precio del petróleo por las nubes cada verano.
El aumento de los precios del petróleo es un arma política que sirve en primer lugar para pagar las guerras de Irak y de Afganistán y para justificar el proyecto de la “guerra larga” o “guerra sin fin” con el pérfido argumento de “asegurar el abastecimiento estratégico de los países industriales”. Se entiende que se trata de pagar a las empresas dependientes de los gobiernos belicistas- más bien, al revés- para que administren la guerra, engorden los gastos y las facturas y se preparen para emprender otra guerra, entendiendo de la manera más perversa que no hay mejor negocio que el que nace de ella.
Los que manipulan los precios del petróleo no sólo los dictan a la medida de sus intereses sino que además manipulan a la opinión pública para que se trague algunas ruedas de molino. En general la gente ha sido convencida de que la culpa del aumento de los precios del petróleo se debe a la escasez. Hay toneladas de basura informativa sobre el famoso “peak oil”, el agotamiento progresivo, al límite ya, de las reservas cuya escasez se acelera con la incorporación de nuevos grandes consumidores al mercado mundial: China, India y otros gigantes asiáticos. El agotamiento de las reservas está basado en la consideración de que los combustibles fósiles son limitados, no se renuevan y no aparecen nuevos yacimientos. Dejemos de lado la consideración sobre el origen del petróleo y vayamos a lo último: tampoco es cierto. Se han descubierto grandes yacimientos en numerosos territorios del mundo que almacenan grandes reservas, incluidos los Estados Unidos.

Las grandes empresas petroleras se benefician del alza de los precios y hacen que los gobiernos carezcan de iniciativa para controlarlos. Se dice que la BP, la OPEC y Rusia dictan los precios, pero no es así. La BP controla un mercado de 100 mil millones de dólares (no puede controlar los precios). La OPEC comparte más del 40% del mercado mundial del crudo (no es suficiente para controlar los precios. Le interesa no reducir la producción para ganar más dinero). Rusia, que se ha convertido en el mayor productor mundial por encima de Arabia Saudí, puede controlar los precios, pero no imponerlos.
De hecho sólo los Estados Unidos, el mayor consumidor mundial de petróleo, tienen capacidad para controlar los precios.
El petróleo caro ralentiza el crecimiento económico, afecta a todos los países y especialmente a Europa que es completamente dependiente del exterior en materia energética. Ya dije que el nuevo concepto de guerra fría fomenta la histeria frente a Rusia, a la que se “acusa” de ser “dueña” de los recursos energéticos de los que “depende Europa y el mundo”. Se hace correr el rumor de que más pronto que tarde BP y la Shell acabarán en manos de Rusia, mientras que Exxon Mobil puede caer bajo la dependencia de China. En consecuencia, el profesor Peter Odell, ex consejero del gobierno británico, sugirió hace unos meses la creación de un cuerpo de las Naciones Unidas que haga de policía para vigilar los mercados energéticos. Le dio el nombre de UN Internacional Energy Organization.
Hay otras razones más determinantes para el aumento de los precios del petróleo. Están visibles en la campaña mundial organizada, con la participación de grandes predicadores al estilo de Al Gore, para favorecer las inversiones en las llamadas energías renovables. El despliegue propagandístico revela que se han invertido fuertes sumas de dinero en el asunto. La poderosa firma auditora norteamericana KPMG LL ha hecho público, a mediados de mayo 07, un informe elaborado con la participación de 553 altos ejecutivos financieros de las grandes empresas del petróleo y del gas. Las conclusiones son escandalosos por el partidismo evidente (la zorra en el gallinero). Un 82% de los encuestados alentó a los gobiernos a incrementar su apoyo decidido a las energías renovables (eólicas, biodiésel) para “aliviar el problema del agotamiento de las reservas”, que es “irreversible y con tendencia a empeorar”. El 22% de los ejecutivos aconsejan que al menos el 75% de las inversiones de los gobiernos en energía debe dirigirse a las renovables, y el 44% de los “expertos” aconseja que al menos el 55% de los gastos deberían concentrarse en la misma dirección. El 82% de ellos afirma categóricamente que las reservas están “declinando dramáticamente”.
No debe desdeñarse el componente ideológico que está detrás del aumento de los precios de las energías fósiles, como parte de una estrategia global para el cambio del modelo de la sociedad. Todavía no ha emergido completamente el estado de conciencia general que tras experimentar el “malestar de la Cultura” asume que nos hallamos al final de un ciclo de Civilización.
Objetivamente el aumento de los precios del petróleo “pone límites al crecimiento”. Se achaca la explosión demográfica – fenómeno intrínsecamente ligado a la revolución industrial de los siglos XIX y XX- al uso masivo de energías fósiles. La “explosión demográfica”, que tanto alarma a los foros del ecologismo superficial, es un argumento recurrente pero ha dejado de ser un hecho. La “explosión demográfica” “parece” una realidad, pero no lo es; en términos generales mueren más personas de las que nacen y en los lugares superpoblados seguirán muriendo a un ritmo superior al de los nacimientos: una parte muy importante de la población africana está infectada del virus del Sida, millones de asiáticos carecen de esperanza de vida y numerosas sociedades están en extinción. Lo que parece “explosión demográfica” es simplemente el espejismo producido por las “grandes marchas” de masas de población trasladándose de un lugar a otro. Millones de mexicanos se trasladan a los Estados Unidos, pero el interior de los Estados Unidos está despoblándose. La población autóctona de España envejece, no se renueva; sólo aumenta la población por la llegada de inmigrantes. Lo mismo ocurre en Europa. En Rusia la despoblación es algo que figura entre las principales preocupaciones de los dirigentes políticos. No es un fenómeno nuevo. Se ha producido numerosas veces. El fin del Imperio Romano estuvo precedido de un declive agudizado de la población interna, mientras se agolpaban en sus fronteras centenares de miles de personas esperando la hora de entrar. Un millón de ellas lo hicieron en pocos meses, se mezclaron con la población del imperio, atrajeron a nuevos pueblos con sus reyes y sus nuevas costumbres. Murió el mundo que se había hecho antiguo, impotente. Renació otro que vivió guerras, enfrentamientos, cruces. Son demasiado evidentes signos del final del Ciclo. Hace doscientos años el mundo no tenía nada que ver con el mundo actual.
Es completamente seguro que el mundo dentro de doscientos años no tendrá nada que ver con el nuestro. Ojalá sea más justo y más feliz.
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"