NICOLAS SARKOZY: EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS

Su pensamiento político está claramente inclinado a la derecha en un país ampliamente de izquierdas. Habla de la “bancarrota moral” de la izquierda que ha llevado a la inseguridad y al aumento de los delitos; atacó los valores de la revolución estudiantil de 1968 que debilitaron a los valores de la República y alimentaron gobiernos débiles

Nicolás Sarkozy fue oficialmente proclamado presidente de Francia el 10 de mayo por Jean Louis Debré, presidente del Consejo Constitucional francés. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas cuatro días antes, Nicolás Sarkozy obtuvo 18.983.138 votos que representan el 53.06% de los votos emitidos, frente a los 16.790.440 ( 46.94 % ) de los votos logrados por la socialista Segolene Royal. El relevo en la Presidencia se producirá el 16 de mayo, concluyendo así el mandato de Georges Chirac que ha permanecido 12 años en la presidencia de la República y ha presidido 600 reuniones presidenciales.
Nicolás Sarkozy es el primer líder francés nacido después de la II Guerra Mundial y el más joven presidente de la República en cerca de treinta años. Todo en él es polémico: su personalidad, sus orígenes, sus métodos de gobernar, sus planteamientos, sus proyectos reales para Francia. Pero precisamente ese conjunto de ingredientes es el que ha electrizado a la mayoría de los franceses que han elegido al “pequeño y duro” candidato frente a la elegante socialista Segolene Royal quien anunció el estallido social si ganaba su competidor. Los socialistas – o la coalición de izquierdas- perdieron por tercera vez consecutiva las elecciones presidenciales. Las revueltas empezaron en Paris y en una docena de grandes ciudades tan pronto como se conocieron los resultados electorales, pero no añadieron nada nuevo. La izquierda, incluso la contestataria, la más radical, se ha quedado sin discurso y ni siquiera ha renovado sus artilugios mecánicos. Es el agotamiento de la ideología, la incapacidad de dar respuesta a los problemas reales. La izquierda en Europa, también naturalmente en España, es ya sólo una casta política que se reparte los cargos políticos, puesto que ha hecho de la política burguesa- no hay otro Estado que el burgués- su manera de vivir. No hay diferencia entre el chupatintas que sirve al Estado en las novelas de Balzac y el funcionario que administra el Estado del Bienestar sin saber hasta cuándo durarán los recursos.
Sarkozy tiene muchos enemigos pero no tantos que le impidieran el paso a la presidencia, empezando por los de su propio partido de centro derecha. Fue acusado de dividir a Francia con su discurso duro. Los resultados demuestran claramente que no fue así. No tuvo miedo en expresar su pensamiento político claramente inclinado a la derecha en un país ampliamente de izquierdas. Habló de la “bancarrota moral” de la izquierda que ha llevado a la inseguridad y al aumento de los delitos; atacó los valores de la revolución estudiantil de 1968 que debilitaron a los valores de la República y alimentaron gobiernos débiles (incluso aquellos en los que él mismo participó).
Ese discurso le permitió presentarse como el candidato de la “renovación” y de la “ruptura”.
Podía habérsele ocurrido a Segolene Royal, pero lo dijo él y así se apropió de un concepto, un fantasma, que empieza a recorrer Europa: la ruptura de las viejas políticas. El sistema se ha agotado y hay que llevarlo en otra dirección antes de que sea demasiado tarde.
Sarkozy tiene claramente el favor de la mayoría de los franceses, pero tiene en contra a la burocracia sindical que moviliza a millones de trabajadores, a la burocracia política de izquierdas, a los ecologistas radicales y a los movimientos sociales que anteponen la Francia de los Derechos y de las Libertades a la Francia que necesita recuperar su rango de potencia industrial. Todos ellos se oponen a las reformas sociales que pretende hacer Sarkozy. Prometió reducir los impuestos, meter en cintura a los sindicatos y restablecer los “valores morales”.
Sarkozy no es un neoliberal como se dice ni tampoco un peón dócil de los ingleses en Francia. Es un industrialista que quiere parar los pies a la competencia “desleal” de China, cuyos productos invaden Europa, y de otros países subdesarrollados en los que se han refugiado las empresas multinacionales.
Pretende que sea el acuerdo entre gobiernos el que fije el valor del euro y no las leyes ocultas del mercado. Quiere defender la agricultura europea. Dijo que quiere ser presidente de todos los franceses. Se declaró convencido europeísta. Sarkozy se opuso con Chirac a la invasión norteamericana de Irak, una guerra completamente impopular en Francia. También Sarkozy sugirió la necesidad de introducir impuestos al carbón sobre los productos de países que no ratificaron el protocolo de Kyoto, lo que enfureció a los norteamericanos. Por último Sarkozy no se alineará con los que predican una acción militar contra Irán, seguramente porque esta opción ha pasado a segundo plano.


El sucesor de Blair, Gordon Brown, conoce bien a Sarkozy y desde hace tiempo pero el socialdemócrata no lo tendrá tan fácil como lo tuvo Blair con Chirac.
Sarkocy es un outsider con una historia familiar contradictoria. Su abuelo materno, Benedict Mallah, oriundo de la Salónica otomana inmigró a Francia a principios del siglo XX y se hizo católico. Según el prominente historiador Joseph Nehama (1881-1971), en su monumental obra sobre la historia de los israelitas de Salónica- con una amplia comunidad de origen español-, la familia Mallah procede de la región francesa de la Provence. Un rabino de Salónica, Haim Joseph Malla, expandió las creencias de los Sabateos en Ucrania y en Polonia. Murió en 1720. Fue miembro de de los Donmeh. Tesalónica perteneció también al grupo de los Karakash, subsecta de los Sabateos a la que perteneció el famoso falso Mesìas Jacob Frank. Los Sarkozy tienen lazos con los Donmeh de Turquía.
Las raíces familiares de Sarkozy y sus amistades financieras le presentan como un “aliado” de los Estados Unidos, pero esta etiqueta no significa gran cosa. Europa debe mantener buenas relaciones con los Estados Unidos de América, lo que no lleva necesariamente a concluir que los intereses estratégicos norteamericanos y europeos sean definidos exclusivamente por el actual equipo dirigente en la Casa Blanca. Obviamente no hay ningún problema con los orígenes religiosos del nuevo presidente francés siempre que no le lleven a decantarse, en el tema de Oriente Medio, de manera demasiado conciliadora con los belicistas de Israel. Ciertamente no puede pasarse por alto que Sarkozy pertenece a la serie de políticos que se proclaman católicos hasta que un día ejercen su derecho a presentarse como judíos: tal fue el caso del demócrata John Kerry, el de Madeline Albright e incluso el de nuestro querido Al Gore, cuya hija se casó con un miembro de la poderosísima familia bancaria Schiff. Ese es otro signo de los tiempos. La Francia Republicana reparte su corazón entre el laicismo y el conservadurismo católico. La oleada de inmigrantes islámicos que ya ha producido unos cuantos millones de ciudadanos franceses exige cambios de legislación para amparar sus derechos religiosos. Los judíos que forman parte de la clase social dominante quieren expresarse a través de sus propios representantes. Un nuevo debate se inicia serio y bronco.
La escapada de Sarkozy a Malta en el yate privado del multimillonario Bollore no es tan inocente como parece. Vincent Bolloré, con una fortuna estimada en 1,7 miles de millones de dólares es dueño de Havas y de Aegis y con fuertes inversiones en Mediobanca y en Bouygues. En 2005 lanzó la cadena de televisión Direct 8, el periódico gratuito Direct Soir, y el Matin Plus. Su esposa Sophie es hermana de Briggitte Fossorier- Longuet, abogada y esposa de Gerard Longuet, senador de UMP y consejero del nuevo Presidente de la República. El representante del Grupo Bolloré en Africa es Michel Roussin, ex ministro de cooperación implicado en la financiación oculta del RPR. Las vacaciones en el lujoso yate de sesenta metros desmiente groseramente el primer anuncio de Sarkozy de retirarse a un monasterio para reflexionar sobre la carga que ha caído sobre sus hombros. Pero Malta tiene una carga simbólica que no sería prudente ignorar. También su cabalgada por la Camarga está llena de significados simbólicos pues lo que escenifica Sarkozy no es la práctica de un deporte campestre de lujo sino una manifestación de vigilancia activa. La Hermandad de los Caballeros de la Camarga fue fundada en 1512 para proteger la gran reserva natural del delta del Ron. El color blanco del caballo está asociado con Napoleón y la extensión europea de la vieja Francia.

©Eliseo Bayo libro: del libro "Crónicas finales"

20/05/2008 17:31.

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
Poemas del libro ©"...y el cielo es nuestra casa".
Poemas del libro ©"Dios Toro poderoso"
Artículos del libro: ©"Estrictamente prohibido" Reportajes censurados y otros retratos de la España negra.

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