La política exterior Norteamérica:Un error estratégico de proporciones monumentales (teniente general retirado William E. Odom)
“El mundo se halla en la encrucijada de la crisis más seria de la historia moderna”. “Los Estados Unidos se han embarcado en una aventura militar, “una larga guerra”, que amenaza el futuro de la Humanidad”
La escalada de la Guerra en Irak dentro del concepto estratégico de “guerra larga” (o Gran Guerra, III Guerra Mundial) no es una iniciativa que surge solamente de la Casa Blanca y del Pentágono. La Agenda Neoconservadora que incluye la guerra larga es un proyecto estratégico que define el papel de los Estados Unidos como potencia líder mundial a lo largo del siglo. Fue apadrinado por Leo Straus en la Universidad de Chicago. Los más conocidos neoconservadores que encendieron la mecha de la guerra larga han pasado a segundo término, dando el relevo a personajes tan influyentes como Frederick Kagan (American Enterprise Institute), el general Jack Keane, partidario de enviar 30.000 soldados a Irak que permanecerán por lo menos 18 meses; Robert Kagan (Carnegie Endowment for Internacional Peace, consejero del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC); William Kristol, hijo de Irving Kristol uno de los principales fundadores del neoconservadurismo (miembro del Council on Foreign Relations).
Gary Schmitt y Thomas Donnelly; el ex director de la CIA James Woolsley; el professor Eliot Cohen, consejero de Paul Wolfowitz. Forman parte del poderoso “lobby” de la larga guerra que exige adoptar medidas internas contra el espíritu de la Constitución norteamericana y crean un Estado policial dentro de un Estado. El objetivo es conseguir que el Congreso y el Senado hagan suya la política contenida en la Agenda y en el PNAC que recomienda la recluta de decenas de miles de nuevos combatientes y el incremento de la Guardia Nacional Armada. Lo justifican diciendo que el potencial militar norteamericano actual es “demasiado pequeño para las grandes responsabilidades que tendrá que asumir”.
Los neoconservadores se han adueñado del gobierno de los Estados Unidos y sus planteamientos estratégicos van en contra del sentido común de la política competente y del sentido común de militares con gran experiencia.
Para el coronel (retirado) de las Fuerzas Aéreas norteamericanas, Sam Gardiner, Irán no es una amenaza a la seguridad mundial sino que lo son los Estados Unidos de América e Israel. Incluso sin el uso de armas nucleares la propuesta de realizar bombardeos aéreos podría provocar la escalada que nos llevaría, dice, a una guerra más extensa en el Oriente Medio. La cuestión es por un lado moral y por el otro, política: la suma de ambos debe dar la imagen real de lo correcto (justo y moral, provechoso para la Humanidad). Es preciso denunciar la política que objetivamente produce y justifica la guerra y su escalada con todos sus pretextos. Sam Gardiner sostiene que el mundo “se halla en la encrucijada de la crisis más seria de la historia moderna”. Los Estados Unidos se han embarcado en una aventura militar, “una larga guerra”, que amenaza el futuro de la Humanidad.
Ese análisis coincide con el del teniente general (retirado) William E. Odom, quien en su comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso, el 18 de enero, afirmó que “si el objetivo estratégico era alcanzar la estabilidad en la región construyendo una democracia en Irak para extenderla a partir de allí, la conclusión que se han cometido errores de proporciones monumentales”. En ese contexto define cuatro realidades principales.
La primera es la confusión entre los objetivos de la guerra y los intereses norteamericanos. El presidente Bush fijó repetida y claramente que los objetivos de la guerra eran la eliminación de las Armas de Destrucción Masiva, la caída del régimen de Saddam Hussein y la creación de un Irak liberal y democrático. El primer objetivo es discutible porque Irak no tenía Armas de Destrucción Masiva. El segundo, se consiguió al final de la primavera del 2003. Hoy la gente se entera de lo que era obvio antes de la guerra: el tercer objetivo no tenía perspectivas de ser alcanzado en diez o veinte años, mucho menos en el tiempo planeado por los que organizaron la guerra. Quedaba implícita la creencia de que la caída de Saddam Hussein traería un régimen pro-americano. Ahora resulta que esto es muy improbable.
La segunda realidad es que la guerra ha servido principalmente a los intereses de Irán y de Al Qaeda y no a los intereses americanos. Afirma el teniente general que no se puede torcer ese resultado con más uso de la fuerza militar en Irak. “Intentar hacerlo requeriría ponerse del lado de los líderes sunitas y de los insurgentes baasistas contra los grupos chiítas pro iraníes. Los baasistas insurgentes constituyen la fuerza más firmemente opuesta a la cooperación iraquí con Irán. Al mismo tiempo nuestra política democratizadora ha instalado en el poder en Bagdad a las mayorías chiítas y a los grupos pro iraníes, especialmente en los Ministerios de interior y defensa”.
La tercera realidad es que la guerra ha paralizado a los Estados Unidos militar y estratégicamente, negándole cualquier perspectiva de revisar sus estrategias hacia objetivos alcanzables. La permanencia de las fuerzas norteamericanas en Irak no sólo hará aumentar los costes militares, sino que se apagará el incentivo de otros Estados para cooperar con Washington. La cuarta realidad es que la invasión hizo inevitable que se requiera una guerra civil para crear un nuevo gobierno central capaz de controlar todo Irak. No es convincente el argumento de que habría que haber enviado más tropas desde el inicio de la guerra. Se habría podido retrasar la guerra civil pero no impedirla. Tampoco la solución estaba en crear tres estados sucesores, porque sólo se puede hacer mediante operaciones masivas de limpieza étnica. Es lo que está ocurriendo pero el teniente general no ve en ello ninguna ventaja moral ni política para los Estados Unidos.
¿Puede servir de algo la protesta mundial para detener a los Estados Unidos? La experiencia demuestra que no ha servido para nada práctico, salvo para formar una conciencia moral en contra de las guerras (lo que no es poco), pero los dirigentes de los Estados Unidos se han acostumbrado a retorcer los argumentos en contra de su política agresiva presentándolos como anti/ norteamericanismo. El general Ivashov recuerda su experiencia cuando insistió en decirle a Milosevic que la OTAN estaba preparando el ataque contra Yugoeslavia, y éste no le daba crédito basándose en que las Naciones Unidas no lo permitirían y la opinión pública se manifestaría también en contra. Bien. Milosevic está muerto. Yugoeslavia ya no existe. Serbia está colonizada. La OTAN sigue allá.
El éxito de los Estados Unidos y de Israel ha consistido en que la opinión pública mundial ha empezado a hacerse a la idea de que “quizá” esa “decisión de bombardear” Irán sea una “necesidad”. En cuanto a las potencias mundiales, ya se ha visto lo que pueden dar de sí. Nadie moverá un dedo a favor de Irán. Según el general Ivashov, en el mejor de los casos Rusia se limitará a condenar los ataques, y en el peor, como ocurrió en Yugoslavia, dirá que “ha sido una torpeza de los Estados Unidos” y que “la víctima se provocó el ataque”.
Europa reaccionará esencialmente del mismo modo. En cuanto a China y algunos otros países el general Ivashov cree que su reacción negativa será más dura. “En cualquier caso, lo que cuenta, es que no habrá respuesta nuclear contra las fuerzas norteamericanas. Los Estados Unidos están seguros de ello”. En cuanto a las Naciones Unidas, siguen sin pintar nada en este contexto. Hace tiempo que dejaron de ser lo que pretendía su carta de fundación (si es que alguna vez llegaron a cumplirla)
Los Estados Unidos e Israel han decidido usar las armas nucleares con la seguridad estratégica de que no recibirán respuesta adecuada a su acción.
¿Y qué pasará con Israel? Algunos analistas rigurosos estiman que Israel saldrá perdiendo a la larga, muy a la larga, y probablemente el Estado de Israel se disolverá en la forma en que se halla hoy, dejará de existir como fortaleza militar, y le llegará la hora de “adaptarse al mundo moderno”. A más corto plazo, en la guerra que viene, el general Ivashov piensa que Israel será atacado por los misiles iraníes. “Posiblemente, Hezbollah y la resistencia palestina incrementarán la actividad. Los israelíes montarán la provocación para justificar su propia agresión, sufrirán algunos daños tolerables y entonces aparecerán los Estados Unidos para desestabilizar Irán, presentándose como ejecutores de una noble misión para poner las cosas en su lugar”
La única esperanza que queda para detener “el error de proporciones monumentales” reside justamente en los ciudadanos norteamericanos, cuyo coraje moral, puesto de manifiesto tantas veces en la defensa de sus libertades, les llevará a liberarse de un gobierno que no representa los intereses del pueblo ni de la nación norteamericana. Por su propio bien, y como en otras ocasiones, por el bien de la Humanidad.
©Eliseo Bayo, del libro: "Crónicas finales"