ISRAEL Y PALESTINA: DOS ESTADOS, UN PROBLEMA COMÚN


El conflicto territorial entre Israel y Palestina empieza con la discusión sobre el agua. Un futuro Estado palestino es inviable sin resolver el problema de las fuentes de agua de acuerdo con las leyes internacionales

La inesperada visita del presidente ruso Vladimir Putin a su colega Georges W.Bush, el 2 de julio (2007) en la casa paterna de éste- con la presencia de la todopoderosa Bárbara Bush y su esposo, el ex presidente Georges H. Bush, quien recibió a Putin en el aeropuerto- está llena de significados. El pretexto fue la visita de Putin a Guatemala, país que aspira a albergar los juegos de invierno en 2014, pero el desvío es demasiado notorio y el encuentro con los Bush al completo- una familia que maneja los hilos del poder internacional- revela que se puso sobre la mesa la necesidad de llegar a algún acuerdo sobre grandes problemas actuales. El escenario de guerra es demasiado evidente y también lo son las dificultades del gobierno norteamericano, encallado en una crisis “sin solución” en Oriente Medio y en Euroasia. La reunión no fue para incrementar las diferencias sino para llegar a acuerdos que pronto tendrán resultados (muchos de ellos no visibles).
Vayamos a Oriente Medio.
La política de los “dos Estados”, defendida por el presidente Bush- uno israelí y otro palestino- está seriamente amenazada, y no sólo por el estado de guerra más o menos irregular y permanente entre Israel y Palestina, sino también por la posibilidad de la paz. La cuestión del agua tiene mucho que ver en este escenario.
El 14 de junio, el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) de Washington invitó al doctor Shaddad Attili, Consejero político sobre Agua y Medio Ambiente para la Unidad de Apoyo a las Negociaciones (Negotiations Support Unit), de la Organización Para la Liberación de Palestina, y a Fuad Bateh, de Adam Smith Intenational, a presentar un informe sobre la dramática situación provocada por la carencia de agua en la Palestina ocupada.
El doctor Attili es geólogo y ha sido nombrado recientemente jefe de la delegación palestina del Comité Director del Estudio sobre la viabilidad del Canal del Mar Rojo/Mar Muerto que consiste en tomar 2000 millones de metros cúbicos de agua, bombearlos a una altitud de 100 metros y llevarlos por decantación a través de 180 kilómetros a un nivel de 400 metros bajo el nivel del mar, usando la diferencia de altitud para producir energía que en parte se usaría para desalinizar el agua de marina; alrededor de 1000 millones de metros cúbicos correrían hasta el mar para su recuperación. El doctor Attili hizo una exposición positiva encaminada a resolver la cuestión del agua que enfrenta a israelíes y palestinos; partiendo de la definición práctica de los derechos del agua, se centró en la promoción y cumplimiento de la ley internacional y en el desarrollo de las infraestructuras técnicas para llevar a cabo el gran proyecto de manejar los recursos de agua en la región.
La definición legal de Gaza es la de territorio ocupado, porque Israel controla completamente las fronteras, el aire y el acceso por mar. Un millón y medio de palestinos viven en Gaza, en un área de 365 kilómetros cuadrados: 5000 habitantes por kilómetro cuadrado, una de las zonas más densamente pobladas de la tierra; dos millones trescientos mil, en la franja occidental, incluido Jerusalén Oriental. Todos ellos se mueven sobre acuíferos bajo sus pies que les suministran sólo 50 millones de metros cúbicos de agua. Pero los habitantes de Gaza extraen 160 millones de metros cúbicos porque no tienen otras alternativas que la que se halla en el subsuelo. El exceso de agua extraída procede de fondos de agua marítima, es decir, salada. Está ampliamente documentado que la población de Gaza bebe 50 millones de metros cúbicos procedentes de lluvias; 50 millones de metros cúbicos de agua mezclada y el resto, directamente del mar, lo que según la Autoridad Palestina del Agua hace que el 80% del agua consumida no sea apta para el uso humano, ni incluso para la agricultura. En Gaza se necesita suministrar 100 millones de metros cúbicos adicionales para las necesidades de la población. La mala calidad del agua- con alto contenido de sal, nitratos y fluoridos- es causa de enfermedades entre el millón y medio de habitantes de Gaza. La mitad de la población infantil sufre infecciones parasitarias; niños y adultos sufren diarrea y el índice de afectados de cáncer de estómago es muy alto.

La cuenca del río Jordán es el escenario de conflictos de alcance internacional. Detrás de los graves acontecimientos políticos está también la cuestión del agua en la región. Desde hace más de treinta años existe un proyecto para la construcción de infraestructuras hidráulicas: aprovechamiento de los caudales naturales, presas, plantas de desalinización, plantas nucleares. La escasez de agua en los territorios ocupados provoca sufrimientos añadidos a la población que padece los efectos de la guerra prolongada.
Un futuro Estado palestino es inviable sin resolver el problema de las fuentes de agua de acuerdo con las leyes internacionales. El conflicto territorial entre Israel y Palestina empieza con la discusión sobre el agua; los palestinos no pueden existir sin la seguridad de manejar el agua que necesitan para la población y para la supervivencia y el desarrollo económico: agua potable, agricultura, industria, servicios, en el marco además de la situación que se creará con el previsible retorno de los exiliados palestinos a su antiguo hogar. Quizás la paz, con un crecimiento rápido de la población palestina dentro de un Estado propio y seguro, sea lo que más teman los dirigentes israelíes acostumbrados al estado permanente de guerra. Los palestinos exigen su derecho legítimo al agua. Todos los proyectos norteamericanos de construir plantas desalinizadoras en Gaza se hallan interrumpidos desde hace cuatro años. Los palestinos no pueden sacar agua del río Jordán, ni del acuífero de la franja occidental ni de los acuíferos costeros compartidos con Israel. Desde el inicio de la década de los 50 del siglo pasado el agua disponible se utilizó de forma no equitativa e irracional. En 1964 Israel completó la Empresa Nacional del Agua para extraer agua del Jordán sin acuerdos con los otros países ribereños como exige la ley internacional del agua sobre el curso de los ríos fronterizos. La ocupación de la Franja Occidental permitió a Israel controlar todos los recursos hídricos e impedir que los palestinos tuvieran acceso al agua del Rio Jordán (lo que ha ocurrido desde 1967 hasta 1967). Incluso tras la firma de los acuerdos de Oslo, no se les permitió el acceso al río, no se les concedió sacar una gota de agua, y sólo con el acuerdo de Oslo se les otorgó una cantidad adicional de 80 millones de metros cúbicos por un periodo de cinco años. Doce años después, han dispuesto de menos de 30 millones de metros cúbicos, debido al veto de Israel al desarrollo del Acuífero occidental en la Franja Occidental.
Toda la región se enfrenta ahora a la escasez de agua, porque las partes no supieron sentarse a la mesa para llegar a acuerdos racionales para todos. El desastroso manejo de la cuenca del Jordán con el desvío de corrientes de agua ha llevado a una situación tan desastrosa como la del Mar Muerto. Los problemas se han incrementado: Siria y Jordania los tienen sobre el reparto del río Yarmuk; Siria e Israel lo tienen sobre el agua existente en las alturas del Golan; Líbano e Israel, disputan sobre el río Wazani y palestinos e israelíes disputan sobre los recursos de agua en general.
La idea del Canal que uniera el Mediterráneo con el Mar Muerto a través del Valle del Jordán fue ya un proyecto de Thedore Herzl, el padre del Sionismo moderno; entonces fue apoyada por los ingleses para competir con los franceses, después de que éstos construyeran el Canal de Suez. Cuando los ingleses empezaron a controlar el Canal de Suez abandonaron la idea, que fue retomada por Herzl a finales del siglo XIX. Israel la puso sobre la mesa a finales de la década de 1970, cuando no había ningún acuerdo de paz entre los árabes e Israel. Jordania lideró la idea y consiguió que las Naciones Unidas se pronunciaran pidiendo a la comunidad internacional que no ayudara a Israel a construir el canal.
No se trataba del mismo proyecto exactamente, pues el de Jordania pretendía unir el Mar Rojo con el Mar Muerto, mientras que la idea israelí era unir el Mediterráneo con el Mar Muerto.
Las Naciones Unidas exigieron que las partes se pusieran de acuerdo para hacer un solo canal y no dos. Cuando Jordania firmó un tratado con Israel, acordaron un Canal procedente del Mar Rojo, desde el Golfo de Acaba, hasta el Mar Muerto. Se planteó oficialmente en la Cumbre de Johannesburgo de 2002 y fue rechazada por los palestinos y los egipcios porque los palestinos no estaban presentes en la reunión. Los egipcios desconfiaban del canal por el impacto que podría suponer para el canal de Suez, que es prácticamente nulo porque se trata de dos sistemas completamente distintos. En 2003 se incorporaron los palestinos. En 2005 se concluyó felizmente, tras dos años y medio de negociaciones entre los jordanos, los israelíes y los palestinos, un acuerdo para la viabilidad social y medioambiental del estudio del Canal que va del Mar Rojo al Mar Muerto. Los palestinos participaron porque son ribereños del Mar Muerto que forma parte de la cuenca del río Jordán. De acuerdo con la ley internacional, nadie puede hacer nada sin el acuerdo con los otros vecinos. Israel no puede actuar por su cuenta. Al principio los palestinos no fueron incluidos en el proyecto, pero Israel y Jordania se dieron cuenta de que no podían avanzar en la construcción de un proyecto que necesita grandes aportaciones de dinero- unos 5000 millones de dólares- sin el acuerdo de todas las partes. El Banco Mundial medió entre las partes para la entrada de los palestinos en términos de igualdad.
El proyecto ha sido muy criticado (quizás con el intento de boicotear no sólo el plan, sino el proceso de paz), empezando por los árabes. El tema del agua subyace como problema fundamental. Israel está construyendo sus plantas pero no manifiesta deseo alguno de vender agua a los palestinos, a no ser la que proceda de la central de Ashkelon o de la que se halla en proyecto para construir en Hedera/Cesárea. Los israelíes van a bombear agua de la costa hasta el área de Jenin y Nablus, a novecientos metros de altitud. Un buen reparto sería que ellos se quedaran con el agua costera para las ciudades costeras y dejar los acuíferos que se hallan en territorio palestino para éstos, ya que no lo sería lo contrario: tomar el agua palestina de la Franja Occidental y enviarla a las ciudades costeras mientras que los israelíes están proponiendo bombear este agua para desarrollar Hedera/Cesárea.
Hay que resolver equitativamente los problemas que plantean los recursos de agua y además hacer frente a las demandas futuras (la paz incrementará las necesidades) y participar en la construcción conjunta de plantas desalinizadoras y nuevas infraestructuras. Hay que pensar a largo plazo sobre la realización de proyectos que incluyen traer agua de Turquía para los sirios. Los sirios podrían ceder parte de su agua al Jordán. Curiosamente la cuestión del agua se plantea de una manera que sólo puede resolverse por la paz, ya que los acuíferos están donde se hallan los palestinos y las desalinizadoras han de construirse en la costa israelí, con lo cual ambos se ven obligados a compartir sus derechos. Y su futuro.

©Eliseo Bayo, del libro: "Crónicas finales"

Foto de Ramón Masats 

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
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