
¿Puede Irán ayudar a los Estados Unidos en la región?
Es Irán y no Israel el aliado natural de los Estados Unidos en el Medio Oriente y es Rusia la potencia a la que los neoconservadores temen y tratan de aislar
Los voceros de los neoconservadores siguen alentando la guerra contra Irán como “único medio preventivo” (horriblemente, sic) para parar los planes de energía nuclear de la República Islámica. El “partido de la guerra” sigue vivo. Vivo y también un poco amoscado porque todavía no se ha producido el gran espectáculo de ver achicharrarse a millares y millares de personas. Obsesionados por la conveniencia del siniestro plan no se preguntan, sino que lamentan, por qué no han entrado en acción los bombarderos.
¿Qué ha detenido los planes para bombardear Irán que debían haberse ejecutado antes de mayo? ¿Existieron realmente o todo fue un montaje para desviar a la opinión pública mundial de otros focos de interés mayor?
Poco se puede saber de las verdaderas intenciones de los que manejan las cartas. Sin embargo parece cierto que mientras se pospone la anunciada “guerra rápida” contra las instalaciones nucleares en Irán, continúa y se intensifica la ocupación de los países vecinos: Afganistán e Irak, en los que la guerra va a peor para las fuerzas de ocupación. Ya es demasiado obvio, incluso para los belicistas más estúpidos, que no la ganarán. Como en todas las guerras, rige la censura militar. Sería demasiado horrible conocer lo que ocurre realmente en aquellos infiernos, pero debe ser demasiado horrendo para que se produzcan algunas noticias que anuncian cambios importantes. Los pasos de la diplomacia actual indican que los Estados Unidos necesitan a Irán para salir del atolladero de Irak.
Los contactos entre ambos países se han intensificado y aumentado de nivel de representación. El embajador norteamericano en Bagdad, Ryan Crocker, se ha reunido en la capital iraquí con representantes de Irán para tratar de lograr una estabilidad para el devastado país y una cierta seguridad para las tropas norteamericanas. Ya es un secreto a voces que Irán tiene un papel determinante en la evolución de los acontecimientos. Irán se ha convertido en la nación más poderosa de la zona, desde el punto de vista militar, energético, industrial y geoestratégico.
Algunos analistas sugieren que es Irán y no Israel el aliado natural de los Estados Unidos en el Medio Oriente y que en lugar de ir a una guerra imposible de ganar contra Irán, hay que trazar una nueva política que sirva mejor a los intereses norteamericanos en la región.
Los Estados Unidos tienen las manos metidas en Irán desde los tiempos en que arrojaron del poder al nacionalista Mossadeq, apoyaron al Sha y luego mantuvieron la extraña y conspirativa política del programa “Iran/Contra”. Teherán apoyó a los Estados Unidos para arrojar del poder a los talibanes y fue su mejor aliado contra la URSS.
En un encuentro en Ginebra, en mayo de 2003, entre el embajador iraní Javad Zaraf, y el enviado especial de Bush en Afganistán, Zalmay Khalizad, el gobierno de Teherán propuso emprender negociaciones generales sobre armas de destrucción masiva, terrorismo y seguridad y cooperación económica. Eso era exactamente lo que mejor se adaptaba a la política de Washington.
La República Islámica dijo que estaba preparada para apoyar la iniciativa de proceso de paz lanzada por los países árabes en 2002 y ayudar a transformar Hizbullah en partido político. Es lo que ocurrió. En diciembre de 2003 Irán llegó a ser uno de los pocos países que firmó el protocolo adicional del tratado de no proliferación que refuerza los poderes supervisores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica.
El por qué los Estados Unidos pasaron a colocar a Irán en el “eje del mal” forma parte de la lucha soterrada que sostienen los Estados Unidos e Israel. Una lucha implacable que ha pasado por terribles episodios poco conocidos.

La noticia de un encuentro “secreto” del presidente iraní Ahmadinejad con el vicepresidente de los Estados Unidos Dick Cheney en los Emiratos Arabes Unidos, a donde llegó el domingo 13 de mayo, causó un terremoto político a pesar de que no transcendieron noticias de esa “histórica concertación”. Los Estados Unidos la desmienten categóricamente. Según el programa oficial Cheney se había marchado un día antes de la llegada del presidente iraní. La Agencia de Noticias de la República Islámica reprodujo comentarios del ministro de Asuntos Exteriores de Irán sobre el encuentro, aunque todo es nebuloso. Nebuloso pero lleno de lógica.
Aparentemente el motivo de la reunión fue hablar sobre la situación en Irak. Según el portavoz oficial “ tras consultas entre representantes de Irán e Irak, Teherán ha acordado mantener negociaciones con Washington para aliviar la situación dolorosa del pueblo iraquí, apoyar y fortalecer al gobierno del Primer ministro Nuri al Maliki y estabilizar la seguridad y la paz en ese país”. Esto es ya política oficial del gobierno iraní.
La iniciativa de Irán escenificada en los Emiratos Árabes Unidos, un viejo aliado iraní que al mismo tiempo alberga al vasto dispositivo militar de los Estados Unidos, ha roto todos los esquemas previos. Irán se fortalece en el territorio, forja grandes alianzas entre los árabes que al mismo tiempo son socios de Estados Unidos. Primera consecuencia: Israel se aísla cada vez más. A la larga es el gran perdedor de la zona, porque teme las consecuencias de la paz y “sólo” confía en su fuerza militar estratégicamente cada vez más debilitada (sólo saldría “ganando” tras un tremendo holocausto).
Al mismo tiempo la Secretaria de Estado Condoleezza Rice se trasladó a Moscú para comunicarle al presidente Putin la iniciativa que se ha puesto en marcha. Evidentemente el presidente ruso ya sabía que Cheney había tenido conversaciones con el Rey de Arabia Saudi para confirmarle la decisión de los Estados Unidos de venderle más aviones de combate. (Por cierto el gobierno español, manu regia, se había movido discretamente en la misma dirección). Los Estados Unidos han empezado a armar poderosamente a los países musulmanes de Oriente Medio (tras haberlo hecho también con Turquía).
La propaganda de guerra contra Irán empezó inmediatamente después de la elección de Mahmoud Ahmadinejad como presidente de la República Islámica en 2005. En agosto de ese año el nuevo presidente empezó a provocar la “comunidad internacional”. Algunos analistas sugieren que hubo fraude en aquellas elecciones en las que perdió el favorito y entonces presidente Akbar Hashemi Rafsanjani, un moderado, a manos de un incendiario. El tercer candidato era Mehdí Karroubi, un reformista partidario de la apertura de la sociedad irania y opuesto a la línea dura de los islamistas. Karroubi acusó entonces que una red de mezquitas, además de los guardianes revolucionarios islámicos y las milicias de Basij apoyaron ilegalmente a Ahmadinejad, y señaló al propio hijo del Líder Supremo Ayatolla Khamenei como artífice del fraude. El Ayatolla le dijo a Karroubi que esas acusaciones minaban directamente su dignidad y que no permitiría una crisis en Irán. Karroubi escribió una carta de dimisión y desapareció de la escena política.
Ahmadinejad sufrió un revés en las elecciones locales y en la Asamblea de Expertos en diciembre pasado, pero en todo caso el presidente ha logrado fortalecer la posición internacional de Irán. Ha demostrado ser más astuto que incendiario.
Estos movimientos no han sentado nada bien a los rusos ni a los israelíes, convertidos de pronto en aliados naturales en la región.
Israel pretende asegurar su abastecimiento energético y continúa con su política simplista según la cual para controlar el petróleo de Irak hay que controlar a los shiitas iraquíes y esto es sólo posible si se controla también a los shiitas iraníes. Si Israel quiere asegurarse el oleoducto Mosul-Haifa, Irak e Irán deben tener gobiernos que garanticen el suministro energético. Ya se ha visto que esto no funciona. El control de Irán es una necesidad estratégica por su posición entre Oriente Medio y Extremo Oriente. Irán ha elegido el programa nuclear (iniciado precisamente en tiempos del Sha Pahlevi) para mantener esa posición estratégica y para prepararse para la era post petróleo, pero Israel no puede renunciar al monopolio nuclear en la zona y sigue prisionero de su viaje política, sin darse cuenta de que los tiempos han cambiado sin haber resuelto sus problemas de supervivencia.
El presidente Putin ha roto el silencio para denunciar que los Estados Unidos intentan atraerse a Irán a su esfera de influencia contra China y Rusia. En un acto conmemorativo de la contribución rusa a la derrota de los nazis, el presidente ruso hizo reflexiones sumamente elocuentes: “No tenemos derecho a olvidar las causas de cualquier guerra que deben ser consideradas como errores del tiempo de paz. Más aún, en nuestro tiempo no han disminuido esas amenazas; sólo se han transformado, cambiado de apariencia. Las nuevas amenazas, como en tiempos del Tercer Reich, tienen el mismo desprecio por la vida humana y los mismos objetivos de llevar la dictadura al mundo”.
Las amenazas de guerra contra Irán se han diluido, pero no se ha dado la orden de marcha de las poderosas fuerzas navales y terrestres norteamericanas estacionadas en la zona. Lo que ha alarmado más a los rusos es la propuesta norteamericana de apoyar a Irán para que el Banco Mundial financie un gasoducto de Irán a Pakistán y a India, lo que iría en contra del proyecto ruso de abastecer a estas mismas naciones. El Banco Mundial ha expresado su voluntad de financiar el proyecto que asciende a 7 mil millones de dólares. Rusia ha visto amenazados sus intereses no sólo energéticos sino globales, considerando que no debe cometer errores ni tolerar que otros lo hagan en contra su seguridad.
©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"