
Lo que molesta de Putin es su decisión de llevar una política propia o inalteradamente rusa. La muerte de Litvinenko impide ver la batalla que se libra actualmente por impedir la influencia de Rusia en Europa y en Asia debido a su dominio energético.
La muerte del ex espía ruso Alexander Litvinenko en Londres es demasiado teatral, demasiado “preparada” para formar parte de un escenario iluminado de forma que el criminal aparezca visible ante los espectadores. Es tan llamativa la forma de matar al espía que se convirtió en noticia de primera página de los diarios mundiales (lo que indica como primera providencia que quizás lo que se buscaba era atraer dramáticamente la atención para desacreditar al gobierno ruso y distraerla de otros asuntos más graves que estaban ocurriendo esos días, como la reunión atlantista de Riga- estaban todos los partidarios de la “larga guerra” pregonada por Bush- en clara provocación contra Rusia, y la cadena de acusaciones al presidente ruso en contra de su política interna).
Una muerte espectacular o convertida en espectáculo. Un miligramo de Polonio 210 emite cerca de 140 vatios de energía mientras se degrada y es más potente que 5 gramos de radio suficientes para matar a una persona. El padre de Litvinenko dijo en una conferencia de prensa en Londres, transmitida por Sky News, que su hijo había sido asesinado por una diminuta bomba nuclear, construida con procedimientos de nanotecnología imposible de ser detectada por instrumentos médicos de laboratorio corrientes. Los únicos países capaces de obtener Polonio 210 son Rusia, Estados Unidos, Reino Unido e Israel, pero las substancias radioactivas se hallan sometidas a un estricto control.
Siguiendo la pauta del guión, ya se sabe que puestos a elegir la opinión pública señalará a Rusia como el origen del material, aunque el gobierno ruso ha declarado que no tiene nada que ver en ese asunto y sabe dónde están o a dónde fueron cada una de las cápsulas conteniendo la sustancia. La prensa de Londres y también la del Establishment norteamericano, a las que se unieron en seguida los más importantes diarios israelíes, acusaron inmediatamente a Putin de instigar el asesinato de Litvninenko. En Israel el primero en hablar fue Leonid Nevzlin, un alto ejecutivo del grupo que conspiró para hacerse con la petrolera Yukos y buscó y obtuvo asilo en Israel tras ser acusado de múltiples delitos. Dijo que Litvinenko había estado en Israel con documentos comprometedores contra el gobierno ruso y Putin, en particular.
¿Por qué, si el autor intelectual es Putin, hacerlo de manera tan espectacular y de forma que sea el primer sospechoso? Numerosos son los comentaristas que se han planteado la vieja pregunta: ¿a quién beneficia el crimen? Desde luego, no al primer sospechoso. Lo que menos desea Putin es fomentar el odio internacional contra su persona y exacerbar la desconfianza hacia Rusia. Las encuestas reflejan que goza de amplio respaldo popular (más del 70%) y Rusia tiene demasiados asuntos serios de que ocuparse. En el caso de que Putin sea tan abominable como se le presenta, al menos se concederá, y nadie lo niega, que es de una inteligencia superior y está entrenado para usarla en objetivos adecuados. La prensa internacional ha sobre valorado la valía de un espía de rango menor que según fuentes expertas no tuvo acceso a grandes secretos de Estado, ni estaba en condiciones de revelar temas peligrosos para la seguridad nacional y para la persona de Putin, del que por cierto se han dicho numerosas falsedades (sin que dejen de ser ciertas las acusaciones políticas que se pueden hacer contra sus decisiones de gobierno).

diagrama vía elmundo.es Ha pasado el tiempo suficiente para que cualquier espía desertor hubiera activado aquellas amenazas y ambos, Putin y el Estado ruso, no sólo han sobrevivido a la gravísima crisis que sucedió a la caída del sistema soviético y del oportunista Yeltsin, sino que pacientemente se han ido reuniendo los fragmentos del Estado para construir un régimen sui géneris, propio de las condiciones de transición del socialismo burocrático de Estado hacia formas híbridas de capitalismo y de potente estatalización de las empresas estratégicas, fundamentalmente energéticas. Las grandes aves de rapiña que se apoderaron de las empresas del Estado han tenido diversa fortuna: unos están en la cárcel, otros huidos y conspirando contra el Estado con la seguridad que les dan sus grandes fortunas, y otros se han reciclado para seguir colaborando con el régimen actual.
La clave o el Código que abre el conocimiento a lo que está detrás de los inexplicables sucesos mundiales es el papel que juega Rusia como dueña de inmensos territorios en los que se esconden las mayores cantidades de materias primas energéticas. Rusia los tiene y otras potencias ambicionan quedarse con ellos por un procedimiento (negociaciones, acuerdos, inversiones conjuntas) o por otro (injerencias, golpes de Estado, fomento del terrorismo, cerco internacional, guerras). Con el fracaso de la Perestroika (quizás el pretexto para que todo esto ocurriera) el Estado soviético se hundió; las empresas y todas las propiedades públicas se privatizaron y en cayeron en manos de los más avispados, de los menos escrupulosos y de los mejor situados para hacerse con los mejores lotes. Hay que volver a la época de Clinton y a las obscenas situaciones que éste protagonizó, a la vista de todo el mundo, con su alcoholizado socio Boris Yeltsin, al que dio la bienvenida, literalmente, “al Club de los hombres ricos”, para recordar cómo empezó el gran saqueo del imperio soviético.
Primero, unos cuantos personajes de la nomenclatura fundida con el KGB se apoderaron de la petrolera Yukos y después la llevaron a la quiebra con el fin de apoderarse de ella y dar entrada en la sociedad a sus amigos norteamericano/israelíes. Nevzlin tuvo un papel importante en la organización de la quiebra buscando el subterfugio de una ley del Estado de Texas. Putin bloqueó la operación y metió en la carcel a los intrigantes, excepto algunos peces gordos como Boris Berezhovsky que se exilió en Londres (de donde no puede salir), Abramovich, convertido en el segundo hombre más rico de Inglaterra, y el propio Nevzlin, que ahora dirige en Israel el Museo de la Diáspora. Todo aquello ocurría con el apoyo de Boris Yeltsin y de Bill Clinton que demostraron poco ingenio o al menos lo aparentaron para dejar paso al padre del actual presidente Bush y al antiguo Secretario del Tesoro Nicholas Brady, quienes hacía tiempo que maquinaban quedarse con las reservas energéticas de Rusia, contando con el apoyo financiero de los grandes grupos bancarios e inversionistas (Citigroup, Goldman Sachs, AIG, Blackstone ). Ya lo había intentado Bush padre durante su primer mandato, pero la suerte no le acompañó para lograr el segundo en el que habría completado su plan iniciado en 1989 con su irrupción en la zona del Caspio.
Brady y Thomas Kean a través de Delta Petroleum de Arabia Saudi intentaban firmar un acuerdo con los talibanes para conseguir el oleoducto Trans Afghano. El fracaso de las negociaciones dio origen a la guerra de Afganistán.
Es obvio que en los principales medios anglo/americanos hay una operación de linchamiento de Putin al que acusan de todas las maldades concebibles, sostenidas por antiguos desertores del KGB que pueden decir muchas verdades sobre los años turbulentos de la rapiña, pero cuya sinceridad es condicionada por los nuevos amos a los que sirven ahora. Lo que molesta de Putin es su decisión de llevar una política propia o inalteradamente rusa. La muerte de Litvinenko puede ser una cortina de humo que impide ver la batalla que se libra actualmente por impedir la influencia de Rusia en Europa debido a su dominio energético. Rusia se ha convertido en el primer productor mundial de petróleo que además no pertenece a la OPEC. Londres, como siempre, es el centro de las intrigas. Allí se albergan centenares de organizaciones clasificadas oficialmente de terroristas y de allí se tiran los hilos para provocar revoluciones y guerras en cualquier parte del mundo. Hoy como ayer. Tal como se desarrollaron los hechos y su concatenación con otros menos conocidos, la muerte del espía ha sido utilizada como un elemento de desestabilización del régimen ruso. El grupo de los magnates exiliados, cuya cabeza principal parece ser Boris Berezovsky, demuestra que no se han dejado contagiar por la decadente democracia occidental. Confiesan sin rubor (como lo hizo en enero de 2006 el propio Berezovsky) que la “necesidad de reemplazar el régimen anticonstitucional” en Rusia no se hará por la vía democrática, sino por un golpe de Estado. “El régimen ha perdido su legitimidad. Ni Putin ni los parlamentarios son legítimos. Son inconstitucionales porque han tomado una serie de decisiones anticonstitucionales, como reemplazar a los gobernadores elegidos por otros nombrados por ellos. Esto va absolutamente en contra del espíritu y de la forma de nuestra Constitución”. Según Berezovsky el régimen actual no permitirá nunca elecciones justas, así que la única salida es un golpe.
Ciertamente Vladimir Putin está jugando sus cartas de manera que no puede resultar simpático, pero no es simpatía lo que busca sino administrar el poder que le da su situación estratégica para situar a Rusia en el rango de primera potencia mundial en cuanto al manejo de la energía. Su portavoz Dmitry Peskov ha dicho que Rusia no necesita obtener financiación de las grandes petroleras occidentales para desarrollar sus reservas energéticas. Fue aún más duro: la decisión de excluir a las compañías norteamericanas y europeas del desarrollo de los extensos yacimientos del Ártico no será la última. Añadió que se han acabado los días de ofrecer generosamente acuerdos con firmas extranjeras, aunque, recalcó, Rusia cumplirá los compromisos firmados en 1990 cuando el país se hallaba económicamente más débil. Se permitirá a las grandes compañías petroleras ofrecer asistencia técnica como subcontratistas y sólo obtendrán participaciones en los yacimientos rusos si cuentan con acciones de su propiedad suficientes para entregarlas a cambio de su participación en la empresa estatal rusa. Es el acuerdo al que se ha logrado hace unas semanas con la BP.
Es una cuestión de principios innegociable la permanencia de las grandes empresas energéticas bajo propiedad del Estado. En ese punto ni la Unión Europea ni ningún otro país puede exigir nada.
Las predilecciones estratégicas de Rusia se orientan a establecer grandes acuerdos con sus vecinos asiáticos. India invertirá 5000 millones de dólares en varios proyectos para obtener mil millones de barriles de petróleo o de su equivalente en gas. Así lo declaró el 4 de diciembre el director ejecutivo de ONGC Videsh Ltd. R S Butola, expresando su satisfacción por ser de los primeros en recibir el petróleo procedente del campo I de Sajalin, en el Extremo Oriente de Rusia.
El ministro de Petróleo indio Murli Decora dijo que la cadena de suministro de energía multipolar que Rusia es capaz de crear, ayudará a India a diversificar sus fuentes. En la actualidad India importa más de 70 por ciento de sus necesidades de petróleo procedente en su mayoría de Oriente Medio.
En cuanto a la fiabilidad de los rusos- sobre la que los torpes europeos están deshojando la margarita-, los indios han dado una prueba de ella. El riesgo de inversión de la empresa india en el campo I ha descendido hasta 1.5 miles de millones de dólares, una vez que la empresa petrolera rusa Rosfnet ha pagado el préstamo de 1.2 miles de millones de dólares que la empresa india extendió a cambio de conseguir su participación en Sajalin. Se estableció que el préstamo sería pagado en petróleo, pero la empresa rusa lo hizo en dinero efectivo. Butola, visiblemente satisfecho, dijo que el coste del proyecto Sajalin I alcanza los 12.8 miles de millones de dólares, pero será barato “si tenemos en cuenta los beneficios que obtendremos del petróleo”.
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"