
Estados Unidos: Pierden los Republicanos, se consolidan los Neoconservadores
Los primeros pasos dados por la Administración Bush indican que los “neoconservadores”- es decir, la extrema derecha- van a seguir adelante con sus proyectos más agresivos.
La derrota republicana en las elecciones celebradas el 7 de noviembre es la expresión del voto de castigo que la opinión pública norteamericana ejerce contra la política interior y la exterior de la Casa Blanca. Sin embargo los primeros pasos dados por la Administración Bush indican que los “neoconservadores”- es decir, la extrema derecha- van a seguir adelante con sus proyectos más agresivos. En realidad se ha producido una abierta disociación entre lo que opina y desea claramente la mayoría de los ciudadanos norteamericanos a través de las encuestas públicas, y lo que están dispuestas a hacer las figuras más relevantes de los demócratas elegidos para el Congreso y el Senado. La expresión más clamorosa de la voluntad política vencedora la ha dado la deslumbrante Nancy Pelosi, la autoridad política más alta tras el presidente y el vicepresidente, al proclamar que “está fuera de la mesa” cualquier iniciativa que pretenda el “impeachment” de Bush y de Cheney. Nancy Pelosi, socia de Gorbachov en rocambolescas aventuras, pertenece a la élite financiera y política de California. Su apresurada declaración, anunciada poco antes de reunirse a almorzar con el presidente, ha chocado frontalmente contra el criterio de algunos jueces y fiscales que argumentan sólidamente la necesidad de proceder al “impeachment” basándose en la propia Constitución de los Estados Unidos.
La renuncia del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld más parece una auto/inmolación y un signo equívoco para la galería que una señal de cambio de rumbo en la conflictiva política exterior de los Estados Unidos. Hasta el momento lo único importante que han producido las elecciones para representantes en la Cámara y en el Congreso en los Estados Unidos ha sido, y no es poco, el aplazamiento de la anunciada agresión a Irán. Al final parece haberse impuesto la reflexión sobre las consecuencias catastróficas- desde todos los puntos de vista, incluido el militar- que habría provocado la insensata aventura de declarar la guerra a Irán. Asombrosamente quien parece no haber medido el alcance de tal acto es el gobierno de Israel al que su Dios parece haber cegado. Sin embargo otras informaciones menos optimistas revelan que se trata sólo de un aplazamiento de las acciones militares para acomodarles a una nueva estrategia que incluiría una mayor extensión del conflicto. Esto es al menos lo que consideran fuentes de la inteligencia militar rusa.
La prueba inequívoca de un cambio radical en la política, acorde con la opinión mayoritaria de los ciudadanos norteamericanos, habría sido la dimisión del vicepresidente Dick Cheney junto a la de su colega y amigo Rumsfeld. El anuncio pesimista de que las cosas van a empeorar la dan tanto la permanencia del Vicepresidente como la personalidad del sucesor del cesado secretario de Defensa. Se va Rumsfeld pero queda su doctrina y quedan en la sombra los artífices de la doctrina de las guerras preventivas.
Rumsfeld ha sido sustituido por otro halcón de dura trayectoria, Robert Gates, que viene a fortalecer, no a debilitar el flanco de Cheney. Ambos son viejos amigos, trabajaron juntos en la primera Administración Bush, cuando Cheney era jefe de Defensa y Gates director de la CIA y vice consejero Nacional de Seguridad.
Robert Gates, junto a Condoleezza Rice y el general Peter Pace. (Foto: REUTERS)
Es obvio que Cheney ha tenido un papel decisivo a la hora de escoger al sucesor de Rumsfeld y lo ha hecho cuidadosamente. El hermético vicepresidente, insensible al clamor de las urnas, demuestra bien a las claras que el poder le pertenece y que nada se mueve sin su consentimiento. El es el intérprete del verdadero rostro del poder y maneja los resortes que hacen crujir al mundo. Se rodea de un grupo pequeño pero compacto, casi familiar. Condoleezza Rice, la niña mimada del dinosaurio George Shultz, padre de todos los proyectos de intervención militar, guarda la silla caliente para que la ocupe la hija de Cheney, Elizabeth, el segundo cargo oficial en asuntos de Oriente Medio, actualmente de baja por maternidad. El jefe del staff de Cheney, David Addington, es el encargado de manejar el Departamento de Justicia de forma que el Ejecutivo pueda acogerse al derecho de desobedecer al Congreso en los numerosos asuntos políticos que han estallado y van a seguir sembrando de minas los pasillos de la Casa Blanca. Otoño de malos presagios.
Robert Gates conoce las cavernas de la política norteamericana, se ha visto envuelto en escándalos de primera magnitud y es amo de terribles secretos. En 1987 tuvo que renunciar a dirigir la CIA, a propuesta de Reagan, a causa del escándalo Irán- Contra, un asombroso episodio de corrupción al más alto nivel consistente en financiar la contraguerrilla en Nicaragua con dinero procedente de la venta de cocaína que se empleaba también para vender armas a Irán. Todo un capítulo ejemplar. En octubre de 1991 fue nombrado por George H.W. Bush para dirigir la CIA.
Robert Gates forma parte del famoso Grupo de Estudio sobre Irak (ISG), junto a James Baker III y el congresista Lee Hamilton, todos ellos amigos de la familia Bush y con fuertes intereses petroleros. Otros miembros del Grupo son Vernan Jornan, asesor de Clinton ( cuya esposa Hillary ostenta la jefatura de las más altas- o bajas- intrigas), el fiscal general Edwin Meese, la ex jueza de la Corte Suprema Sandra Day O’Connor, Leon Panetta, ex jefe de personal de Clinton, el ex secretario de Defensa William Perry, el ex senador y gobernador de Virgina Charles Robb y el antiguo Senador por Wyoming Alan Simpson. Todos ellos planean nada menos que la redefinición del Atlas mundial. La ambición no tiene límites en el reino de la locura.
El Grupo ha tenido mucho que ver con la elección de Gates para suceder a Rumsfeld. Para ellos era una cuestión de vida o muerte- personal, política y como partido- las consecuencias de una derrota republicana que permitiría a los Demócratas consecuentes con la historia de su partido iniciar una serie de investigaciones sobre la conducción de la guerra y las responsabilidades contraídas antes de declararla. Todo un mundo de intrigas y de mentiras, que han cosechado ya centenares de miles de muertos entre el campo propio y el enemigo, pugna por salir a la luz.
Se dice que el ex secretario de Estado James Baker III ha ejercido influencia decisiva para la nominación de Gates. Tiene una larga relación con los Bush, fue jefe del equipo de asesores del actual presidente y jugó bazas decisivas para el recuento de votos en Florida y para atraerse el apoyo del Tribunal Supremo. Es el mayor accionista del poderoso Grupo Carlyle, que tiene grandes intereses en el sometimiento de Irak (destruirlo como Estado nación).
La nominación de Gates sirve de lleno a los intereses de las compañías petrolíferas de Texas y del complejo industrial militar al que van a parar miles de millones de dólares en forma de contratos públicos. No hay duda de que antes de las elecciones James Baker III se aseguró entre bastidores el apoyo de los demócratas más influyentes. Las declaraciones en cascada de los demócratas más prominentes confirman que apoyan la nominación de Gates para reconducir la desastrosa situación militar en Irak hacia una salida en la que lo de menos es la honra y la justicia y lo más es seguir manejando los hilos del país- los yacimientos petrolíferos.
El Grupo de Irak considera que la nominación de Gates les dará una mejor coartada para realizar su viejo proyecto de partición de Irak en varios Estados autónomos, especialmente tres, de acuerdo con un plan de segregación religiosa y étnica: shiitas, sunitas y kurdos. Ciertamente Baker no habla de “partición del país” sino de “división” para “devolver el poder y la seguridad a las regiones”, dejando un escuálido gobierno nacional en Bagdad que se encargaría de los asuntos exteriores, de proteger las fronteras resultantes y de distribuir las ingresos del petróleo. El gobierno iraquí sería engatusado con la idea de una conferencia constitucional que pretendiera una futura expansión territorial a expensas de Irán y de Siria, que serían forzados a volver a las divisiones regionales con la anuencia de una conferencia internacional.
Lo que se pretende es un nuevo rediseño del mapa de Oriente Medio, al estilo de lo que hicieron los ingleses en el siglo XIX y en el XX. La partición de Irán y Siria completaría un “Nuevo Oriente Medio”, en el que una parte del territorio de Siria formaría parte de un “Gran Líbano” que se convertiría en un corredor estratégico a lo largo de la costa Mediterránea uniendo Turquía a Israel. Mientras tanto Kofi Annan dice en Kenya que el mayor peligro al que se enfrenta la humanidad es el cambio climático.
© Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"
Imagen: variación sobre una idea de Norman Clayton