
Corea del Norte es un instrumento de Rusia y especialmente de China en el Extremo Oriente para presionar a Corea del Sur y a Japón, a fin de que no se entreguen a secundar los planes agresivos de los Estados Unidos
¿Dónde reside la debilidad estratégica de los Estados Unidos en Asia? Lo más terrible y ominoso de la política exterior norteamericana es que los dirigentes de Washington se han visto impelidos – por la asunción de políticas equivocadas- a elegir siempre la opción bélica. Los Estados Unidos- el conglomerado anglo/norteamericano de fuerzas industrial/bélico financieras - necesitan poner el pie en la península coreana para controlar a China y a Rusia, y también a Japón. El dominio sobre Oriente Medio es un objetivo necesario a corto plazo, al que seguirá el asentamiento de las posiciones en el Cáucaso y por último, desde la península coreana, se establecerá la segunda mano de la tenaza para cascar la nuez de China y Rusia. Nada nuevo. Cualquiera que haya estudiado la historia de la diplomacia secreta sabrá que es una repetición de lo ya visto y ya hecho a lo largo de dos siglos. Por cierto, con resultado adverso para las fuerzas imperialistas.
Así se empecinaron en hacerlo desde el final de la segunda guerra mundial marcada siniestramente para la historia con el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, inútil desde el punto de vista militar y contrario a todas las leyes de la guerra. Las condiciones del hundimiento del III Reich, la fortaleza expansiva del ejército soviético y el papel dominante en todas las intrigas que iba a asumir el presidente Truman, dio al mundo el mensaje de que se había iniciado una época de revoluciones permanentes y de guerras persistentes hasta que las fuerzas que se hallaban detrás de la provocación de la II Guerra Mundial consiguieran sus objetivos.
En lugar de seguir la anunciada propuesta de Franklin D. Roosevelt de ir a la descolonización de los territorios en posesión de los imperios surgidos en el siglo XIX, tomaron la dirección torcida emprendida por Truman. Los Estados Unidos podrían haber sido la gran fuerza liberadora de la Humanidad. Fueron la esperanza de las naciones que ansiaban la paz y la libertad. Tenían la simpatía de casi todo el mundo. Ya sabemos cómo dilapidaron su prestigio y lo que hicieron en lugar de aquel hermoso programa.
Por lo que respecta a Asia, la reacción de Corea del Norte ha servido para poner en evidencia la política equivocada de Washington. Los neoconservadores no proponen otra solución que la guerra. Pero al hacerlo están confesando que han perdido la iniciativa en el terreno de la competencia normal entre regímenes distintos.
La política exterior Norteamérica en Asia ha sido puesta en entredicho por la creciente pujanza de China. El problema está en que la competencia no la hace un “sistema comunista” sino una forma de capitalismo de Estado muy especial y muy eficiente que amenaza con desequilibrar la balanza del imperialismo anglo/norteamericano.
Por lo que respecta a Corea del Norte, lo que ha puesto más nervioso a Washington no es sólo la reacción de un pequeño país- fuertemente armado-, sino que escapara de la órbita norteamericana el vecino y aliado del Sur en la península coreana.
El tiempo no ha pasado en vano. Corea del Sur se ha desarrollado rápidamente y ha conquistado los mercados mundiales. El crecimiento industrial de Corea del Sur se inició con la masiva proletarización de campesinos iletrados que poco a poco fueron tomando conciencia de clase, se organizaron en potentes sindicatos y participaron activamente en la política. El gran salto delante de Corea del Sur no se hizo sólo en el terreno de la economía sino en el desarrollo político. Poco más de medio siglo después de la partición del país, los Estados Unidos se han rendido a la evidencia de que Corea del Sur ha dejado de ser un mero “protectorado” y que la extensión de los servicios, la pujanza de la economía y la presencia en los mercados internacionales han creado capas sociales muy dinámicas cuya expresión política no son los gobiernos militares, sino las burocracias de corte “nacionalista”.
Lejos de odiar a los hermanos del Norte, los surcoreanos de la nueva generación buscan la reunificación aunque por el momento subsistan fuertes impedimentos políticos. El actual presidente Roh Moo Jun sigue buscando el diálogo y la cooperación. Lo que preocupa a los neoconservadores de Washington es precisamente esas buenas relaciones, que en el terreno económico se traducen en un fuerte intercambio comercial. El último año el comercio entre las dos Coreas alcanzó los mil millones de dólares por primera vez.
Poco a poco los gobernantes de Corea del Sur se desligan de sus lazos con los Estados Unidos. En el aspecto militar significa que Seúl quiere tener autonomía sobre sus propias fuerzas y ser dueño de las decisiones. Preocupa seriamente a Washington los resultados de una encuesta efectuada en febrero de 2006 entre jóvenes surcoreanos. Casi la mitad de los consultados se pronunciaron por ponerse al lado de Corea del Norte en el caso de que ésta fuera atacada por los Estados Unidos. Un cuarenta por ciento dijo que se mantendría neutral. Lo que quiere decir que apenas un diez por ciento de jóvenes se muestran próximos a los Estados Unidos.
En estas condiciones parece que el principal objetivo de Washington no es acosar a Corea del Norte, sino calcinar la iniciativa política de Corea del Sur muy inclinada hacia la colaboración con la “hermana separada”. En diciembre de 2007 habrá elecciones presidenciales en Corea del Sur y Washington caldea el ambiente para apoyar la opción más a la extrema derecha.
Los dirigentes de Corea del Norte, que conocen Occidente mejor que los dirigentes occidentales les conocen a ellos, no están en una posición numantina. Juegan su carta internacional con habilidad, confiados en último extremo en que los dirigentes de Washington no perderán la cabeza hasta el extremo de declararles la guerra. Y si lo hacen, tienen memoria para recordar que sus padres, todavía vivos, pudieron derrotar al ejército más poderoso de la tierra. Mientras tanto miran a sus correligionarios de China, donde el poderoso Partido Comunista ha dirigido la heterodoxa mezcla de capitalismo y socialista de Estado, para decirse que ése es el “sendero luminoso”. Informes bancarios sugieren que la transición está muy próxima. Los Estados Unidos han reaccionado presionando, el 10 de octubre, al Consejo de Seguridad para que adopte una resolución autorizando a los Estados Unidos a inspeccionar los barcos que se dirijan a puertos norcoreanos o procedan de ellos. Esa es una provocación que exigirá una respuesta. Parece evidente, aunque sea una catástrofe para ellos y para el mundo, que los dirigentes de Washington están llegando a la conclusión de que con tantos fuegos a la vez y en tantas partes lo más conveniente es renunciar a la profesión de bombero y disfrutar con el incendio (al más puro estilo de Nerón, si es verdad lo que la historia cuenta).
En respuesta a la acción norteamericana las principales potencias en Asia mantienen la calma y se fortalecen, crean lazos recíprocos, velan por la seguridad del continente. China y Rusia estrechan sus relaciones y coordinan su política respecto de Corea del Norte, de forma que Pekín, Moscú y Pyongyan forman un triángulo capaz de entorpecer las acciones anglo/norteamericanas. Al margen de los problemas internos entre países asiáticos- como la gran rivalidad entre India y Pakistán-, lo cierto es que no sólo no han representado “un peligro para Occidente”, sino que ha sido “Occidente” – las potencias occidentales- quien a lo largo de los siglos ha invadido y declarado la guerra a aquellos países. La correlación de fuerzas está cambiando. El nerviosismo se apodera de las potencias anglo/norteamericanas, incapaces de llegar a un acuerdo en la tierra, entre los territorios, entre las culturas diferentes. Quizás por ello busca su mejor defensa en el espacio aéreo, desde donde pueden provocar la destrucción.
El territorio euroasiático se convulsiona. Surgen las alianzas y los nuevos alineamientos. Desgraciadamente hablan las armas y los nuevos proyectos de armas cada vez más mortíferas.
No cabe duda de que aún contando con la habilidad y la gran experiencia de los norcoreanos en la fabricación de armamento, no podrían haber llegado a disponer de misiles de medio y largo alcance ni a desarrollar la tecnología nuclear sin la asistencia de técnicos rusos y chinos. Lo cual entra en la lógica de la acción/reacción.
En febrero de 2000 dirigentes rusos (Igor Ivanov) y norcoreanos firmaron (en el más puro estilo comunista) un Tratado de Amistad, Buenas Relaciones Vecinales y de Cooperación. En el mismo año el presidente norcoreano visitó Pekín, rompiendo así un aislamiento que había durado diez años. En junio el presidente Putin visitó Corea del Norte y cerró con su colega Kim Jong II una serie de pactos para modernizar el equipo productivo industrial que habían recibido los norcoreanos de la antigua Unión Soviética.
En cuanto a los chinos, son conscientes de su poderío. Este llega a niveles insospechados por la opinión pública, de modo que se podría concluir que existe una correlación directa entre el peso de la población china respecto de la población mundial y la capacidad china de convertirse en un horizonte próximo en la primera potencia mundial. Esto es algo que los chinos saben “desde tiempo inmemorial”.
Por otro lado, las relaciones chino/norteamericanas (los dos Imperios en rivalidad) atraviesan periodos intermitentes de crisis, como la ocurrida en abril de 2001 cuando un caza chino se perdió en el mar tras chocar con un avión norteamericano de reconocimiento, que se vio obligado a aterrizar en la isla de Hainan.
Los Estados Unidos y su aliado (reticente) Japón, fieles a su lógica industrial/militar/financiera fían su seguridad a la extensión de sus sistemas de defensa y de agresión, en lugar de preparar las condiciones para la paz duradera.
Por boca de China habló Corea del Norte amenazando con lanzar ataques contra las fuerzas norteamericanas en Corea del Sur y en Japón, si Washington y Tokio seguían adelante con su plan de construir un sistema de defensa de misiles en el teatro de Asia Oriental.
Ciertamente Corea del Norte es un instrumento de Rusia y especialmente de China en el Asia nororiental para presionar a Corea del Sur y a Japón, a fin de que no se entreguen a secundar los planes agresivos de los Estados Unidos.
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"