
La revuelta de los políticos y de los generales
Si alguien impide el inicio de la III Guerra Mundial serán los ciudadanos norteamericanos que en abierta rebeldía contra su gobierno vuelven una vez más a dar pruebas de su gran coraje político y de su extrema rectitud moral.
Lo más asombroso, a propósito de los planes de la Administración Bush para bombardear Irán con la utilización de armas nucleares, es el silencio de los países de la Unión Europea. Se podría entender que algunos recién llegados- como Polonia, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania y tutti quanti convertidos a la democracia “occidental”-, con ganas de hacer méritos ante los amos de Washington, estén ansiosos por estrenar los fusiles nuevos que les entregaron con su adscripción a la OTAN. Se puede entender que odien al antiguo amo ruso e incluso que se hayan tragado la enorme bola de grasa ardiendo según la cual el gobierno actual de los Estados Unidos, con el vicepresidente y el presidente a la cabeza, están comprometidos con la santa misión de llevar la democracia y las libertades a todo el Orbe. Al fin y al cabo sus dirigentes y la clase política que les acompaña son, como dicen en México, una bola de corruptos que sólo aspiran a repartirse los despojos del antiguo Estado, mientras mantienen a su pueblo en la más completa oscuridad y desesperanza.
Lo que no se puede entender es el silencio del Parlamento Europeo donde se asientan los representantes de los partidos políticos con más tradición democrática de Europa.
¿Cómo pasar en silencio que los Estados Unidos han completado con todo detalle el plan militar para bombardear con armas nucleares Irán? ¿Cómo no se levanta una pizca de moral para condenar tamaña estupidez precursora, de llevarse a cabo, del aniquilamiento global? ¿Cómo no han efectuado un cálculo somero de lo que puede significar la respuesta de Irán, la de algunas naciones árabes y la de otros países con mayoría musulmana? ¿Acaso creen que el mundo seguirá igual después de esa loca aventura? ¿Creen que conservarán sus escaños y su oronda vida de burócratas, cada vez más ensimismados y ajenos al sentir de la población?
También llama poderosamente la atención el silencio de los políticos profesionales europeos, incluidos los de más tradición democrática, que han mirado hacia otro lado cuando el presidente de los Estados Unidos, en su carrera de golpe de Estado hacia la Dictadura, ha modificado la Constitución norteamericana para dar legalidad a la tortura durante los interrogatorios y para detener a cualquier ciudadano bajo la sospecha, sin necesidad de demostración, de que se trata de un “enemigo combatiente”. La intencionada ambigüedad de la Ley permite que en esta categoría entren todos los ciudadanos implicados en asociaciones y en movimientos que se oponen a las guerras de Irak y de Afganistán, y la inmensa riada de periodistas, escritores y comentaristas que, desalojados de los medios de comunicación escritos y hablados (la prensa, radio y televisión al servicio de los grandes grupos), se han refugiado en Internet, hoy por hoy- hasta que se caiga el sistema, como siguen diciendo en México- el único reducto de la libertad de expresión.
La verdad desnuda es que si alguien impide el crimen global, el inicio en serio y no retórico de la III Guerra Mundial, serán los ciudadanos americanos que volverán una vez más a dar pruebas de su gran coraje político y de su extrema rectitud moral. Para empezar, numerosas personalidades políticas – muchas de ellas conservadoras- y numerosos generales y altos mandos de las fuerzas armadas norteamericanas se han pronunciado ya contra esa guerra, y están exigiendo la destitución del Secretario de Defensa Donal Rumsfeld, el impeachment del presidente Bush y del vicepresidente Cheney por crímenes de guerra. Algunos van más lejos, aunque no con menos razones, y exigen que ambos sean llevados ante un tribunal internacional por crímenes de guerra.
Unos y otros han reaccionado enérgicamente porque tienen noticias fundadas de que esta vez la Administración Bush/Cheney no comunicará a las Naciones Unidas su decisión de atacar Irán, ni lo comunicarán al Congreso de los Estados Unidos. Según el plan previsto, los bombarderos saldrán de sus bases terrestres cerca de Irán cargados de artefactos nucleares, y los misiles se dispararán desde los submarinos y buques que patrullan por las aguas del Océano Indico y del Golfo Pérsico.
Tienen conocimiento de que la guerra se desencadenará, si nadie lo impide, antes de las elecciones al Congreso señaladas para el 7 de noviembre.

Entre los políticos que se han manifestado en contra de esa locura están Gary Hart, antiguo Senador y candidato demócrata a las elecciones presidenciales en su momento, y Paul Craig Roberts, antiguo Asistente del Secretario del Tesoro en la Administración Reagan. Entre los altos mandos militares figuran el general retirado William Odom, que fue Director de la Agencia Nacional de Seguridad; el general retirado Anthony Zinn, que fue jefe del Comando Central de los Estados Unidos; el general retirado Barry Mc. Caffrey, que fue jefe del Comando del Sur de los Estados Unidos; el coronel Sam Gardiner, de las Fueras Aéreas y la teniente coronel Karen Kwiatkowski.
Consideren los parlamentarios europeos y los políticos en el gobierno y en la oposición de los países europeos, y sepan los ciudadanos del viejo y adormilado continente lo que se les viene encima si los Estados Unidos, con el concurso de sus aliados responsables de la OTAN, descargan su mortífera carga sobre Irán.
A pesar del tiempo transcurrido desde el inicio de la revolución iraní – y pese al rechazo político que puede merecer bajo otras consideraciones-, lo cierto es que hasta ahora Irán no ha significado amenaza alguna para Occidente. Numerosos países europeos de primera fila, como Alemania, Francia, Italia y España, y grandes Estados como Rusia y China, acompañados de decenas de otros países, han firmado acuerdos comerciales y de cooperación con Irán. Es cierto que Irán no ha disimulado nunca su rechazo a la existencia del Estado de Israel, pero también lo es que se ha mantenido siempre en el terreno de las declaraciones políticas, mientras que Israel (que sigue cometiendo crímenes diarios en los territorios ocupados) no ha defendido su derecho a la existencia sólo en el terreno político, sino que ha realizado varias guerras contra los países vecinos y se ha armado, ilegalmente, es decir en contra de los tratados internacionales, de ingenios nucleares. ¿Hay dos raseros? ¿Dos varas de medir?
A efectos prácticos interesa saber que Irán ha estado preparándose para la guerra porque sus cálculos le indicaban que en efecto se presentaría el momento final. Irán no es un indefenso país tercermundista, sino una potencia militar que puede hacer trizas a la Triple Alianza. Si las fuerzas armadas de la coalición han fracasado rotundamente en el infierno de Irak y si sólo les queda huir ordenadamente antes de que tengan que hacerlo en un caos mayor que el la desbandada de Vietnam, y si no consiguen avanzar un palmo en Afganistán, lo que les espera en Irán será tres veces el infierno.
El régimen iraní tiene sobre las armas a un millón doscientos mil soldados (hombres y mujeres), y a más de dos millones de milicianos, perfectamente equipados con armas producidas en el país por una industria que ocupa a decenas de miles de obreros especializados (de cuyas características se conoce muy poco). Irán ha desarrollado el concepto de Guerra “híbrida”, regular e irregular y conoce a la perfección el modo de actuar de las fuerzas invasoras, a las que ha estado observando atentamente desde los inicios de la Revolución. Utilizará las fuerzas regulares para defender el territorio nacional y enviará las fuerzas especiales, cientos de miles, a actuar en el exterior llevando la guerra al corazón de las bases norteamericanas en Irak y en Afganistán. Sus tropas se enfrentarían en Irak, donde serían vistas esta vez como liberadoras de la agresión extranjera que sólo ha producido ruina y centenares de miles de muertos, con las Fuerzas norteamericanas sobre el terreno, y éstas se verían a su vez atacadas por los chiítas. Los soldados de la alianza, desmoralizados y sin apoyo de la población- con un gobierno corrupto iraquí que huiría en desbandada- verían cortadas sus líneas con la retaguardia e interrumpidas las rutas de los aprovisionamientos.
Es posible que el Comando norteamericano haya decidido usar armas nucleares ante la perspectiva de un enfrentamiento en tierra con el poderoso ejército iraní. Pero esta decisión es todavía peor. Irán puede responder con armas químicas y biológicas. Si Irán ataca a Israel, Israel atacaría a Siria que tiene un pacto de defensa con Irán. Más de veinte mil guardias de la Revolución están especialmente entrenados y disponen de lanchas rápidas de asalto y sistemas antimisiles capaces de sembrar en muy poco tiempo decenas de miles de minas que harían imposible la navegación de las fuerzas agresoras en el Golfo Pérsico y en el Estrecho de Ormúz.
Para responder a esta medida las fuerzas norteamericanas tendrían que invadir la parte meridional de Irán y ocupar un gran número de islas e islotes desde los que los guardias iraníes estarían lanzando sus misiles, pero tendrían que movilizar grandes fuerzas navales para hacer frente a los más de 1.500 buques rápidos de guerra iraníes, lo que no sería nada fácil.
Los iraníes habrían conseguido interrumpir el envío de petróleo a China y a Japón, y lanzarían sus misiles sobre Qatar, Bahrein y Kuwait.
El cierre de los Estrechos de Ormúz es considerado “casus belli” por China, que se vería obligada a intervenir a favor de Irán con quien tiene tratados de asistencia mutua.
Todo este previsible desastre (¿en beneficio de qué?) ha animado la llamada “revuelta de los generales”, en cuyo poder obran datos sobre el estado de ánimo de las tropas y la posibilidad de deserciones en masa. Acusan al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld de incompetencia en el manejo de la guerra de Irak y exigen su dimisión antes de verse envueltos en un desastre de proporciones apocalípticas que dejarían a los Estados Unidos en situación desesperada (quizás es el final del juego perseguido). Pero Cheney actúa a la desesperada y lanza su mensaje a las fuerzas reaccionarias mundiales pasándoles el mensaje de que “ahora o nunca”. Según la agenda del vicepresidente, cabeza visible del lobby industrial/militar/petrolero que persigue literalmente apoderarse de todos los yacimientos de materias primas energéticas mundiales, el objetivo no se detiene en Irak, ni en Afganistán, ni se detendrá en Irán. El objetivo, resucitado el escenario de la Guerra Fría, es arrebatar a Rusia sus inmensos yacimientos, al precio de desencadenar la guerra permanente. Pero… si el riesgo de fracaso es tan probable en esos escenarios- como se ha demostrado en Irak y en Afganistán- imaginen ustedes lo que puede ser el ataque abierto contra los intereses que Rusia considera vitales. A no ser que los genios locos escapados de la botella prefieran romperla- destruyendo el planeta- antes de volver a lamer sus heridas mortales.
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"