El mundo está al borde del abismo por las estimaciones que hizo Dick Cheney en septiembre de 1999, en el Instituto del Petróleo de Londres: “Puesto que los países con grandes reservas de petróleo no van a entregarlo por las buenas habrá que quitárselo por las malas”
Todo lo que ocurre hoy en el mundo, en cuanto a convulsiones geopolíticas, a guerras en Oriente Medio y a la amenaza de extender el conflicto a todas partes, incluido el holocausto nuclear, es consecuencia de una programada estrategia de Washington que lejos de ser secreta es obvia, se realiza a la luz del día (y con el resplandor de las bombas).
Nunca un análisis geopolítico, basado en estimaciones físicas y económicas, ha tenido tantas y tan terribles consecuencias. La gente le echa la culpa de la subida de precios del petróleo a causas geoestratégicas (guerras y anuncios de guerras en los territorios petrolíferos) y a motivos bio/económicos (escasez creciente de reservas frente a demandas crecientes que produce el llamado peak oil, y especulaciones en los mercados financieros).
Desde que el petróleo se convirtió en el motor de la economía mundial, como fuente principal de energía y materia prima para la producción de miles de substancias diferentes que son la base de la sociedad industrial, la guerra por apoderarse de los yacimientos, conquistando a los países en los que se hallan o manejándolos al antojo de las fuerzas exteriores, se ha repetido incesantemente. Ha llegado a convertirse en “guerra o choque de civilizaciones”, que no tienen otro motor que el de la rapiña y la voracidad de los nuevos imperios.
En realidad el mundo está al borde del abismo por las estimaciones que hizo Dick Cheney en septiembre de 1999, un año antes de las elecciones norteamericanas, en el Instituto del Petróleo de Londres. El futuro vicepresidente de los Estados Unidos (y en realidad, presidente) expresó en aquella memorable ocasión la estrategia del grupo que luego sería conocido como los neocon, el artífice de las guerras actuales.
Cheney inició su mortífero análisis partir de una realidad conocida por el peak oil: crecimiento constante de la demanda mundial de petróleo y declive constante de la producción y de las reservas. Aquello fue y sigue siendo una estafa intelectual tan apestosa y grande como los efectos que ha provocado: países destruidos, centenares de miles de muertos. Cheney alimentó el mito de la ambigüedad y la confusión sobre el petróleo, desde el origen de su formación en el subsuelo hasta la evaluación de las reservas. Se dice que la escasez de petróleo se debe fundamentalmente a la incorporación de nuevos grandes consumidores al mercado mundial, especialmente China, India y otros gigantes asiáticos. La explicación de los motivos de la escasez se fundamenta en la consideración de que las reservas de combustibles fósiles son limitadas y no se renuevan. Dejo para otro momento el enorme enredo científico que se extiende sobre el origen del petróleo, indicando sólo que las teorías sobre el origen abiótico, profundamente revolucionarias conceptualmente, se fundamentan muy sólidamente.
Por otro lado las teorías sobre la escasez se erosionan por la aparición de nuevos yacimientos, como los descubiertos en el Golfo de México (Estrechos de Florida) explorados por Cuba en colaboración con España y China (71.000 millones de barriles); las grandes bolsas en África Occidental (85.000 millones de barriles) y las inmensas reservas en las aguas del Pacífico controladas por China, sin mencionar el catálogo de yacimientos que se maneja actualmente.
Según el análisis de Cheney en 1999 la demanda de petróleo crecería por término medio un dos por ciento anual mientras que el declive de la producción de las reservas existentes lo haría en un tres por ciento.
Según este cálculo en 2010 se necesitarán añadir al consumo unos cincuenta millones de barriles diarios respecto del consumo en 1999. Es decir una cantidad de petróleo equivalente a cinco veces la que se halla en el subsuelo de los países árabes.
¿De dónde saldrá esa cantidad adicional de petróleo, se preguntaba Cheney? Dando un repaso somero al mapa vino a decir que los gobiernos y las compañías estatales controlaban cerca del 90 por ciento del comercio, por lo que el petróleo es una cuestión en manos de los gobiernos. Según Cheney el precio del petróleo descansa básicamente en el Oriente Medio donde se hallan los dos tercios del petróleo mundial al coste más bajo, y donde las grandes compañías intentan aumentar su presencia sin conseguirlo (se supone que por las buenas).
Cheney reconoce que la tecnología y la privatización han abierto la puerta de un número de países a las compañías petrolíferas, pero también es cierto que las reservas se encuentran fundamentalmente en países como Rusia y China. La conclusión fue obvia. Puesto que los países con grandes reservas de petróleo no van a entregarlo por las buenas habrá que quitárselo por las malas. Ello implicaba que habría que declarar la guerra a varios países y en consecuencia había que fortalecer la supremacía militar. Así fue como se decidió ir a la Guerra de Afganistán y así se decidió invadir Irak, donde se hallan las reservas de petróleo más grandes después de Arabia Saudita. Irán por su parte es el segundo propietario mundial de reservas de gas natural y tiene grandes yacimientos de petróleo. El Mar Caspio está lleno de petróleo y de gas natural y por esa razón es el lugar de confrontación entre Washington y Rusia.
Cheney a la cabeza de los neoconservadores justificaron la necesidad de ir a la guerra no sólo para tener petróleo accesible sino también barato. Así se lo hicieron creer a mucha gente, que permanece muda cuando el precio del petróleo ha alcanzado niveles nunca vistos. Es otro monumental engaño. El alza de los precios del petróleo obedece principalmente a motivaciones geoestratégicas (financiar las guerras) y a especulaciones financieras (en beneficio de las empresas angloamericanas). De hecho sólo los Estados Unidos, que son el mayor consumidor mundial de petróleo, tienen capacidad para controlar los precios del petróleo. Lo hace cuando le conviene a su política exterior y nacional. El petróleo caro ralentiza el crecimiento económico y afecta a todos los países de una manera u otra, especialmente a Europa cuya dependencia del petróleo exterior es completa, y también a los Estados Unidos. Los países árabes (sus élites dirigentes) se embolsan grandes cantidades de petrodólares que usan para comprar empresas y bienes en otros países. Los grandes productores de petróleo se benefician relativamente del alza de los precios. Se dice que técnicamente la BP, la OPEC y Rusia dictan los precios porque la primera controla un mercado de cien mil millones de dólares (pero no controla los pozos). La OPEC comparte más del 40% del mercado mundial del crudo (lo que no es suficiente para controlar los precios, y por esto le interesa no reducir la producción, para ganar más dinero).
Rusia se ha convertido en el mayor productor mundial de petróleo y de gas natural, con inmensas reservas. El petróleo caro, tras la guerra de Irak, ha beneficiado a Rusia, que ha podido modernizar su industria y sus fuerzas armadas. Esta circunstancia revuelve las tripas de los halcones neoconservadores que han vuelto con más brío que nunca a los escenarios de la Guerra Fría, resucitando el enfrentamiento Este-Oeste. En efecto, el nuevo concepto de Guerra Fría- en la que se considera abiertamente el uso de armas nucleares tácticas en algunos conflictos localizados, y también se activan los programas de guerra nuclear global- fomenta la histeria contra Rusia.
Se mueven los hilos para exagerar la dependencia que “el mundo occidental” sufre de Rusia ya que ésta, se dice, es “dueña de los recursos energéticos de los que dependen Europa y el Mundo”. Se hace correr el rumor de que más pronto que tarde la BP y la Shell acabarán en manos de Rusia, mientras que, añaden, por otra parte la Exxon puede caer bajo la dependencia de China. En consecuencia, suenan los tambores para otro conflicto de mayor escala.
Con la caída del régimen soviético y la privatización de las empresas, las grandes compañías petrolíferas angloamericanas alentaron esperanzas fundadas de hacerse con las inmensas reservas energéticas rusas; Yeltsin les puso en las manos la oportunidad de tenerlas a través de los grandes mafiosos que se habían apoderado de ellas, pero Putin, con mano de hierro, los metió en la cárcel y recuperó las dos gigantescas empresas de gas y petróleo, Gazprom y Yukos. Cheney mordió el polvo, pues había llegado ya a acuerdos con los defenestrados para apoderarse de esas empresas. En consecuencia Cheney puso en marcha sus planes de adueñarsee de las regiones petrolíferas y de encerrar a Rusia en su reducto, privándola de sus aliados naturales.
Lo primero que hizo el gobierno norteamericano tras la ocupación de Irak fue declarar nulos los contratos que había firmado el gobierno iraquí con Rusia, China y Francia. El petróleo iraquí pasó a ser propiedad norteamericana, manejado por las compañías afines angloamericanas (todas relacionadas directamente con Cheney y con Condoleza Rizze). Puesto que la estrategia de Cheney no puede alcanzarse sin la fuerza militar, el gobierno norteamericano triplicó los presupuestos de Defensa ( mejor dicho, dejaron de ser contabilizados), se militarizó el espacio y se pasó a la opción nuclear. Cheney y compañía se dedicaron a atraer a su lado a los países del antiguo Comecón que uno tras otro fueron cayendo en la trampa y se incorporaron a la OTAN. En 2004, Polonia, Checa, Hungría, Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumania y Eslovenia se incorporaron a la Alianza. El objetivo era cercar a Rusia, y Cheney alentó las revoluciones de distintos colores en Georgia, en Azerbaijan, en Kazajstán y Ucrania.
No puede decirse que Cheney haya logrado completar su estrategia. De momento las guerras de Afganistán y de Irak son un desastre en todos los sentidos; la guerra del Líbano dio un revolcón a los israelíes y la anunciada guerra contra Irán está provocando una gran oposición dentro de los Estados Unidos, donde hay mentes sensatas que piensan que puede acabar todavía peor. Mientras tanto Rusia se consolida como potencia militar en un vasto territorio desde el Pacífico a las puertas de Europa, donde están depositadas las mayores reservas energéticas del mundo.
Para el cumplimiento de la estrategia de Cheney ya no queda más que la internacionalización del conflicto, poniéndolo en manos de una sumisa ONU.
El profesor Peter Odell, que fue consejero del gobierno británico, sugiere la creación de un cuerpo de las Naciones Unidas que haga de policía para vigilar los mercados energéticos. Le da el sugerente nombre de UN Internacional Energy Organization, y pretende ser una especie de fuerza de choque para intervenir donde quiera que “el mundo”- es decir los intereses del conglomerado anglo/norteaméricano/israelí- esté amenazado por dirigentes locales “aventureros” o “peligrosos”, tipo Chávez y demás. Si la Shell tiene problemas en Nigeria con focos de guerrilleros enfrentados al gobierno, ya se sabe que acudirá a pedir protección a las Naciones Unidas. (¿Podrán alguna vez ésta Organización, que nació para proteger la paz y el progreso mundial, acudir realmente en ayuda y protección de los países y de las minorías injustamente tratados?)
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"