TURQUÍA EN LA CRÍSIS DE ORIENTE MEDIO

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Turquía es el principal coadyuvador de la Triple Alianza (Estados Unidos, Reino Unido e Israel) en Oriente Medio para la anunciada guerra contra Irán y Siria

Si bien es cierto que el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan condenó las atrocidades de Israel en Líbano, también lo es que su gobierno es el principal aliado de Israel en Medio Oriente y en Asia Central y con estrechos lazos con Washington y la OTAN.
¿Eran puro cinismo sus palabras en la reunión de la Organización de la Conferencia Islámica de Kuala Lumpur en agosto pasado, cuando afirmó literalmente que la guerra de Israel contra Líbano era injusta? ¿Era también cinismo o simplemente el anuncio de un acontecimiento inexorable cuando anunció que “una terrible guerra global y un profundo desastre nos espera” (como consecuencia de la acción israelí)?
Turquía aparece como el principal coadyuvador de la Triple Alianza (Estados Unidos, Reino Unido e Israel) en Oriente Medio. No se trata sólo de un esforzado intento por merecer el visto bueno para su incorporación a la Unión Europea (tal pretensión no pasa ya por el reconocimiento de los derechos humanos, que no son precisamente cuestión prioritaria para los aliados). Las clases dirigentes turcas, cuya expresión más afortunada ocurrió mientras duraron los sucesivos imperios, se vieron siempre forzadas a elegir su alianza de supeditación entre las potencias rivales, pero ella misma ha sido por definición una potencia de primer orden en la región (la sucesora de Roma con ambiciones perpetuas a convertirse en la Tercera Roma, la cabeza del Imperio de Oriente, la sede del Imperio Turco, la Gran Puerta y también el Gran Muro: vocación y destino). El colonialismo, en la expresión del capitalismo usurero que mantuvo perpetuamente endeudado al Imperio Turco, y a cuya sombra se enriquecieron las castas dominantes, empobreció a la inmensa mayoría de la gente, y no fueron capaces de introducir reformas que llevaran al desarrollo económico y social. Revueltas y revoluciones hicieron modificar el mapa de la región hasta que estalló la Gran Guerra. Fracasaron los intentos reformistas a manos de gobiernos cada vez más intransigentes. Turquía sigue siendo un volcán.
La más que importante situación geoestratégica de Turquía – cruce de los caminos euroasiáticos- vuelve a ser crucial en la evolución del conflicto euroasiático. Turquía ya no mendiga su reconocimiento a la Unión Europea, a pesar de que numerosas organizaciones democráticas, partidarias de la laicidad y de las libertades fundamentales tratan de mantener encendida la llama del “europeismo de las Luces”. Todo eso se lo llevó la política de la diplomacia secreta seguida por los alternantes gobiernos de Turquía oscilando entre la extrema derecha de las ambiciones pan/turcas y la derecha atlantista. Por otro lado, la cuestión de los derechos humanos ha pasado a la última página de la agenda desde el momento en que los países líderes de la Triple alianza no pueden realizar sus planes político militares sin vulnerarlos a cada paso.
En cambio, siguiendo los viejos hábitos de la diplomacia secreta, Ankara abre sus puertas a los funcionarios más altos de las Agencias de Seguridad de la Tripele Alianza y de la OTAN. El director del FBI, Robert Mueller, el director de la CIA Porter Goss y el entonces secretario de la OTAN, general Jaap de Hoop Scheffer, dejaron la silla caliente para la visita de una figura cada vez más pálida, Condoleezza Rice (que al parecer sólo aspirar a seguir los pasos de Collin Powell a desaparecer de la escena). Los analistas han vinculado estas visitas con el plan de atacar Irán. Los demócratas turcos (y la opinión pública occidental) tuvieron que tragarse trolas tan burdas como la colaboración de Al Qaeda con Irán, un pescado viejo que huele tanto a podrido como la acusación de que Teherán posee armamento nuclear, con el principal objetivo de justificar el ataque contra Irán y Siria.

La colaboración de Turquía en la anunciada guerra contra un país gobernado por los fundamentalistas islámicos será sin duda un mérito añadido para su incorporación a la Unión Europea, cuyos principales miembros, especialmente Alemania y Francia, han sido reticentes a admitir a Turquía en el seno de la Unión. Su buena conducta, es decir su alineación con la Triple Alianza, será premiada también con la admisión al grupo de los países a los que les es permitido poseer armamento nuclear. No despierta sospechas sino que las cubre.
Analistas políticos e investigadores solventes han presentado evidencias de la implicación de Turquía en el contrabando y producción de tecnología para construir armas nucleares, incluidos los componentes de centrifugación y detonación, con la cobertura de agencias de seguridad norteamericanas. El escándalo es tan mayúsculo que sólo la implicación de altas personalidades de la Administración impide por el momento llegar a consecuencias penales.
Según Michael Keefer, professor de la Universidad de Guelph y ex presidente de la Asociación de Profesores de inglés de la Universidad y del Colegio Canadiense, la agente de la CIA Valerie Plame se vio implicada, antes de que cayera públicamente en desgracia, en el descubrimiento de una red de transferencia de tecnología nuclear a Turquía formada por hombres de negocios, vendedores de armas y ejecutivos del gobierno norteamericano. Valerie Plame fue descubierta como agente de la CIA en venganza de las revelaciones hechas por su marido, Joseph Wilson, que echaban por tierra los argumentos para legitimar la invasión de Irak basados en la supuesta compra de Uranio a Nigeria por parte del Saddam Hussein. Aquello acabó con la carrera de su marido y Valerie Plame tuvo que abandonar su investigación sobre el tráfico de tecnología nuclear a Turquía. Gracias al coraje y a la integridad del agente del FBI Sibel Edmonds se obtuvo la evidencia de que desde 2002 altos dirigentes del FBI estaban impidiendo el tráfico de armas con Turquía.
Hay otras razones para entender la súbita importancia de Turquía. Noam Chomsky cita un artículo de Robert Olson en “Middle East Policy”, de junio de 2002, en el que se dice que “el 12 por ciento de la aviación ofensiva de Israel está estacionada permanentemente en Turquía y desde allí realiza vuelos de reconocimiento sobre la frontera con Irán”. Era algo sabido, pero cobra ahora relevancia porque parece obvio que esos aviones tomarán parte en la más que anunciada ofensiva contra Irán, con el consentimiento de Turquía.
El rediseño del mapa geopolítico resultante de la Guerra fría hizo que a ambos lados del Mediterráneo se establecieran regímenes supeditados a la estrategia anglo/norteamericana. Franco vio cimentado su régimen político a perpetuidad, y él personalmente tuvo la seguridad de que nadie- salvo el Altísimo- le impediría morir en la cama (queda por explicar un día el apartado de la diplomacia secreta amparada personalmente por Franco). Turquía tuvo un papel similar, dada su posición de llave del Mediterráneo. El primer ministro Tansu Çiller firmó acuerdos militares con Israel, que condujeron al Acuerdo Secreto de Seguridad Turco-Israelí, nombre que define de manera más que evidente la naturaleza de la cooperación que se esperaba de Turquía. (En 1997 la esposa de Ciller fue acusada de haber sido reclutada por la CIA “ y de haber recibido dinero de gobiernos extranjeros en contra de los intereses deTurquía). Hubo una corta interrupción de la colaboración turca- israelí cuando en la década de los 60 una cierta apertura política inclinó a Turquía del lado de la Unión Soviética y de los países árabes. En 1992 bajo el gobierno de Süleyman Demirel se reemprendieron los acuerdos que se hicieron públicos en 1994 con el Acuerdo Secreto de Seguridad.
Desde finales de 1992 la alianza turca-israelí se dirigió fundamentalmente contra Siria. Turquía e Israel firmaron en 1993 un Memorandum de Entendimiento para crear comités conjuntos que se enfrentaran a las amenazas en la región, con la mención expresa de realizar misiones de inteligencia sobre Siria, Irán e Irak y de intercambiar informaciones sobre “terrorismo y riesgos para las instalaciones militares de ambos países”. Turquía estuvo de acuerdo en permitir a las fuerzas armadas y a los servicios secretos de Israel vigilar electrónicamente a Siria e Irán desde Turquía. A cambio Israel ayudaría con medios apropiados al entrenamiento de las fuerzas turcas en la lucha contra el terrorismo en las fronteras con Siria, Irak e Irán. En 1997 Israel y Turquía organizaron un “Diálogo Estratégico” que fijaba un proceso de consultas bianuales militares a alto nivel por los respectivos gobiernos. En 1997 Necmetin Erbakan sucedió a Tansu Çiller como primer ministro en una coalición islámica de centro derecha con el partido de Ciller “Sendero de la Verdad”. Erbakan fue forzado a dimitir por presiones militares. Clinton impulsó un triple acuerdo entre los Estados Unidos, Israel y Turquía, dirigido por la Junta de Jefes de Estado Mayor norteamericano.
La triple alianza se reforzó en 2005 con un acuerdo de cooperación militar entre la OTAN e Israel que incluye diversas “áreas de interés común, como la lucha contra el terrorismo y ejercicios militares conjuntos”. Los lazos de colaboración con la OTAN son vistos por los militares israelíes como una manera de fortalecer la capacidad defensiva de Israel “en relación con la potencial amenaza de enemigos como Irán y Siria”.
El gobierno turco tiene que hacer filigranas al borde del abismo. Por una parte sus alianzas y compromisos con la Triple Alianza y en especial con Israel le obligan a colaborar en la agresión contra Irán. Por otra parte el partido que domina la coalición gobernante en Turquía, el Partido de la Justicia y el Progreso, es una entidad pro islámica. La mayoría de la población tiene un profundo sentimiento contra el Estado de Israel al que considera un intruso en la región.
De especial relevancia es que la alianza de Turquía con Israel garantiza el ramal del oleoducto Ceyhan- Ashquelon, que nace en Bakú y pasa por Tbilisi (fue inaugurado unos días antes de la invasión del Líbano), y cuyo objetivo es garantizar el control del corredor del Mediterráneo oriental que va desde el Mar Rojo a través de Líbano y Siria hasta la frontera sirio-turca.

©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"


 

 

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
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