
El fracaso militar del ejército israelí en Líbano, el desplante de Blair a Bush, la revuelta de los jefes militares en Estados Unidos, y las grandes alianzas euroasiáticas lideradas por Rusia y China pueden hacer reflexionar a los que quieren bombardear a Irán.
Agosto de 2006 ha sido un verano teñido de episodios de guerra en el Oriente Medio y de grandes maniobras militares en Eurasia. Un puñado de locos, a la cabeza de los cuales se hallan el presidente y el vicepresidente de la nación más poderosa de la tierra, unidos a unos militares israelíes que por primera vez mordían el polvo de la derrota, seguían al minuto los detalles de la invasión del Líbano, buscando desesperadamente el resquicio por el que colar el pretexto que les permitiera atacar a Siria y a Irán. No lo consiguieron. Las noticias que llegaban del país invadido no podían ser más desalentadoras. Los milicianos de Hizbullah lograban contener al poderoso ejército israelí, destrozando una de las diez divisiones con las que éste cuenta y cuyos legendarios tanques quedaron despanzurrados sobre el terreno.
Mientras tanto, un poco más arriba y hacia la derecha del conflicto, se iniciaban grandes maniobras militares sobre las que la prensa occidental ha permanecido muda. Entraba en acción Eurasia, la región geoestratégica más importante hoy.
El 24 de agosto, Rusia, Kazajstán, Kirguiztán y Tayikistán, miembros del Tratado para la Organización de Seguridad Colectiva (CSTO, siglas en inglés), emprendían maniobras militares aparentemente dentro del cuadro rutinario de los ejercicios “antiterroristas”. El pretexto sirve para todo. La cautela de Rusia en todos sus actos, para no afilar más los ya agudos espolones de los halcones (chiflados) en Londres y en Washington, fue ejemplar a la hora de disimular sus preocupaciones: en el fondo, las motivaciones estratégicas de las maniobras eran hacer una demostración sobre el terreno para enviar un mensaje claro a los Estados Unidos. La Organización euroasiática liderada por Rusia no tolerará injerencias en la región, ni amenazas militares y menos aún actos, como un ataque a Irán y a Siria, que pongan en peligro a toda la zona.
Según la agencia de noticias IPWR para Asia Central, las maniobras militares, de nombre Urbes 2006, durarían del 24 al 29 de agosto, cerca del puerto de Kazak en la ciudad de Aktau. Serán las primeras maniobras militares conjuntas de los países del CSTO, en las que participarían 2.500 soldados de élite procedentes de los diversos ejércitos de los Estados miembros citados, a los que se unirían observadores de Uzbekistán, recientemente incorporado al Tratado, junto a Bielorrusia y Armenia. Estos dos últimos países no enviaron fuerzas militares a las maniobras.
Aunque la prensa occidental ha dejado de informar sobre los peligros reales que se ciernen sobre Eurasia, los países pertenecientes a esta área son muy sensibles a ellos. Los ciudadanos euroasiáticos están más y mejor informados que los occidentales sobre lo que ocurre entre bambalinas. La prensa iraní ha destapado que los Estados Unidos están utilizando a Azerbaiján para crear un contrapeso a Irán en el Caspio. Es posible que las maniobras militares realizadas por los países del CSTO- dirigidos por Rusia- sean una respuesta al proyecto de los Estados Unidos de desarrollar la Marina de Kazajstán. Rusia comparte con Irán el criterio estratégico de que no es aceptable la presencia en el Mar Caspio de fuerzas armadas pertenecientes a países que no son de la región. Los rusos lideran la idea básica de que “el Caspio es para los cinco países del Caspio” y trabajan en la idea de formar un grupo de coordinación naval entre ellos.
Como es sabido, justo el día antes de la invasión del ejército hebreo en Líbano, los Estados Unidos e Israel consiguieron poner en marcha el oleoducto Bakú- Tbilisi- Ceyján, que bordea el mar Caspio, obviando los territorios rusos o filo rusos, para llegar al puerto turco en el mediterráneo. Los Estados Unidos redoblan esfuerzos por fortalecer su presencia en el Caspio, como puerta de entrada para penetrar en Asia Central donde están cosechando fracaso tras fracaso (al que no son ajenos los torpes procedimientos del vicepresidente Cheney). Los norteamericanos tuvieron que cerrar la base aérea que lograron construir en Uzbekistán; deben pagar cantidades colosales por mantener el pie en la base de Manas en el Kirguistán.
No resultará extraño saber que una semana antes de que los países del CSTO iniciaran las maniobras militares, lo hicieran por su cuenta los iraníes. Son los que tienen las barbas puestas a remojar, y saben que la decisión de lanzar la guerra sobre ellos ha sido ya tomada. El 19 de agosto, las fuerzas conjuntas del ejército regular iraní y el Cuerpo de Guardianes de la Revolución desplegaron las maniobras militares más extensas jamás habidas desde el inicio de la Revolución en las regiones fronterizas de la provincia de Sistan y Baluchistan, en el sureste de Irán, bordeando el Golfo de Omán, Pakistan y Afganistán (a la vista de las fuerzas de la OTAN estacionadas allá). La evidencia de que no se trata de unas maniobras militares de entrenamiento sino que forman parte del teatro de la guerra se desprende de su larga duración. En realidad no hay fecha para su conclusión.
¿Está la República Islámica de Irán tan aislada políticamente del mundo como pretenden hacer creer los de la Triple Alianza (Estados Unidos, Inglaterra, Israel)? Desde abril, Irán es miembro de la Organización para la Cooperación (SCO) de Shanghai, a la que obviamente pertenece China, y que mantiene lazos estrechos con la CSTO. Son miembros observadores de SCO India, Pakistán y Mongolia. Por su parte China y Rusia tienen un fuerte acuerdo militar bilateral y realizaron maniobras conjuntas en agosto de 2005. La estructura militar de la alianza entre ambas grandes organizaciones es determinante para considerar el extremo al que puede llegar el conflicto. Irán tiene asegurada su alianza militar con estas organizaciones en caso de agresión extranjera. Rusia y los otros países que forman la CSTO la SCO, incluida China, no permanecerán neutrales. China y Rusia suministran armas regularmente a Irán y a Siria. Rusia, aunque no lo ha reconocido oficialmente, está construyendo una base naval en Siria. Por su parte, Israel y los Estados Unidos han firmado acuerdos de colaboración militar con Georgia y Azerbaiján cuya inestabilidad es obvia en la medida en que sean “intrusos en la región”. Es decir, en la medida en que intenten imponer sus condiciones a gobiernos que al aceptarlas se convertirían en títeres y en consecuencia carentes de futuro.
Tal perspectiva ha sembrado el germen de una severa reflexión en el seno de la Triple Alianza. En Israel los halcones se hallan desconcertados y los militares y políticos más conspicuos tratan de sacar lecciones de la guerra. Naturalmente, el problema más grave que tiene Israel es Irán, pero la solución no es tan simple como pensar en la aniquilación del enemigo por la guerra, pues ahora se sabe que no siempre se sale victorioso de ella. No hay otra solución que comprometer a Siria, a Líbano y a Irán en un proceso político que debe incluir muchas acciones que parecían inaceptables antes de la invasión del Líbano, pero que son muy realistas en las condiciones actuales. La “pequeña” guerra de Líbano ha hecho cambiar muchas cosas.
Incluso el perverso Blair se ha distanciado de Bush, al que no ve desde su última visita a la Casa Blanca en la primavera, y no se movió de sus vacaciones en el Caribe, donde se hallaba a principios de agosto, salvo para ordenar a su viceprimer ministro John Prescott que hiciera saber al grupo laborista en el Parlamento que Bush se comportaba como un idiota en el manejo de la crisis del Oriente Medio; no le importó que esto se hiciera público, porque decidió que esa era la manera de dejar constancia de su alejamiento de Bush y de Cheney. Es obvio que ninguno de los dos ha aprendido la lección y que se emperran en atacar a Irán. Sin embargo fuentes de toda consideración dicen que la Junta de Jefes del Estado Mayor ha informado unánimemente al presidente que bajo ninguna circunstancia aprobaría una acción militar contra Irán. El divorcio es obvio. Lo que no es tan seguro es que tanto el presidente (iluminado por el consejo divino de golpear a Irán), como el vicepresidente (quien se comprometió públicamente a lograr un cambio de régimen de Irán antes de enero de 2009) adquieran de pronto la lucidez debida para actuar con racionalidad política. Por el contrario parece que ambos se aíslan más en su demencia.
En agosto la Casa Blanca era un desastre, políticamente hablando; Condoleeza Rice estaba aislada y ni siquiera tenía acceso al presidente para consultar con él; la opinión pública norteamericana se rebelaba contra el presidente, y ya se hablaba públicamente de la necesidad de apartar de la Casa Blanca a un presidente “mentalmente insano”, mientras que uno de los programas de televisión más populares en los Estados Unidos, el del analista Joe Scarborough, ponía durante diez minutos en pantalla el siguiente letrero: “¿Es idiota Bush?”
No todo fueron malas noticias en agosto. Probablemente el desastre militar de Israel en Líbano, más las noticias de las maniobras militares en Eurasia, habían logrado paralizar la inminencia de la extensión del conflicto con el que se habría inaugurado oficialmente la III Guerra Mundial.
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"
Lista de las ciudades de Líbano atacadas, de heridos y muertos.
Foto de politicalbetting.com