Con la caída del sistema soviético Rusia retrocedió hacia Asia al perder los territorios europeos que habían formado parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Rusia se replegó en su tradicional idea de construir la Gran Rusia hegemónica con el propósito de convertirse en guía de un inmenso continente donde bullen decenas de pueblos, naciones, culturas y religiones bien diferentes entre sí.
La idea euroasiática ha tomado desde entonces un nuevo vigor al coincidir en ella el concepto ruso de un imperio euroasiático, que substituyendo el concepto de potencia euroasiática de los soviéticos.
El Asia Central engloba a cinco repúblicas ex soviéticas: Kazajstán, Uzbekistán, Kirghistán, Turkmenistán y Tayikistán, un hervidero de pueblos de habla pérsica (o tadjika) que habían adoptado el persa como lengua de cultura y habían permanecido fieles al Islam sunnita. Los rusos aportaron el cristianismo, la modernización, el socialismo y la propuesta de formar parte de un proyecto euroasiático, al que se adhirieron las clases dirigentes de esos países. El proyecto extiende a los territorios del Norte del Cáucaso, formado por una decena de grupos étnicos y de lenguas, carentes de unidad política: tchetchenos y tcherkesos, sin comprensión mutua, y lenguas turcas como el kumik, el nogaï, el balkar, el karachaï, y lenguas europeas como el armenio, el oseto, ligadas a las lenguas iranias del este (habladas por los escitas), el patchun afgano y las lenguas del pamir, territorios de diversas religiones en las que predomina el islamismo sunnita. El Sur del Cáucaso se compone de tres países, Armenia y Georgia, antiguos reinos cristianos ortodoxos, y Azerbaiján, el Atropateme de los griegos que se extiende del Cáucaso a Tabriz, en el Irán actual. Los azeríes son chiitas, como los persas. Los soviéticos intentaron dar una unidad a todos esos territorios. La idea que subsiste es la construcción de la Euroasia, como confluencia de intereses mutuos, más allá de los nacionalismos.
Aunque poco conocida en España la inmensa región euroasiática tiene una gran importancia geoestratégica, no sólo por la abundancia de sus recursos energéticos sino porque allí ha surgido con fuerza, tras la disolución del socialismo soviético, el movimiento eurasiático que en cierta manera se solapa con las ambiciones panrrusas, una alternativa a Occidente que no se propone como choque de civilizaciones sino como coexistencia pacífica en la diversidad de culturas.
En la región se juega una partida geopolítica por el control de los flujos energéticos de Asia Central y en realidad de Eurasia desde el Atlántico hasta el mar de China.
En 1994 surgió la idea de crear una Unión Euroasiática- tras el fracaso de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), a fin de integrar en un modelo parecido al de la Unión Europea los países de la zona centroasiática, con la organización de un parlamento y un presidente de turno elegido en el consejo de presidentes de los países de la región. No va en contra del CEI ni de otras alianzas como la OTAN o la ONU, sino que se trata de crear una zona desnuclearizada. El presidente Nazerbaev tuvo igualmente la iniciativa de construir una unión para el Asia Central apoyada sobre una Banca de Asia. Nezarbayev no consiguió su propósito por la incomprensión de Moscú, aunque cada vez es más patente que la idea era buena para hacer frente al extremismo naciente que amenaza con romper el territorio en dos líneas: una del norte al sur y la otra ruso/kazaka. Frente a los cosacos rusófonos, el presidente kazako afirma que todos son rusófobos, para debilitar las tentativas de manipulación de las minorías rusas por parte de las corrientes más extremas de la Repúblicas ex soviéticas. El presidente pretende restablecer la ruta de la seda mediante la creación de vías de comunicación terrestres, autopistas y ferrocarriles, y gasoductos y oleoductos transcontinentales. España podría aportar mucho ahí, en colaboración con la banca mundial.
En 1995 se estableció la Unión Aduanera entre Rusia y Kazajstán y en 2000 se creó la Unión Económica Euroasiática. Sin embargo en las condiciones actuales la idea de la Unión es secundaria respecto de las políticas interiores de cada república para lograr la estabilidad de la economía. No ha llegado todavía el momento de la integración en un organismo superior, sino que están todavía en la fase de la competencia entre las Repúblicas que además quieren guardar su propia soberanía. La Unión más posible es la de Kazajstán, Kirghhiztán y Rusia cuya producción económica es complementaria. Uzbekistán había desconfiado de las pretensiones hegemónicas de Kazajstán, pero su ruptura con los Estados Unidos le acerca a las posiciones rusas.
Hay una renovación del orientalismo y se intensifican las relaciones culturales y políticas con China, el mundo de árabe de Oriente Próximo, Turquía, Irán.
Kazajstán, Turquía y Kirghizistan han financiado una nueva universidad en Turkestán, sede del Mausoleo de Yasawi, el pensador universal para los pueblos turcos, que da nombre a la universidad. Al declararse independiente de la URSS Kazajstán decidió crear la capital del nuevo Estado en la estepa centroasiática para simbolizar mejor la afirmación de la nueva realidad euroasiática. La universidad del nuevo estado fue bautizada con el nombre de Lev Gumilov, especializada en el aprendizaje de lenguas extranjeras de Oriente y de Occidente y dispuesta a jugar un papel importante en el reencuentro de las raíces orientales, islámicas y kurdas desestimadas hasta el presente.
Lev Gumilov fue el gran pensador relegado por los soviéticos y hoy convertido quizás en la figura intelectual más influyente para las nuevas generaciones. Descubrió la influencia de la etnogénesis particular de cada población y la integración de cada ethnos en una ecología y en un orden cósmico particular. Historiador del Asia Central intentó repensar el rol de Rusia en la historia mundial revisando así la herencia turca, mongola, persa y reevaluando el rol de Oriente. Partiendo de la misión de Rusia de difundir los valores occidentales para explicar la influencia de Oriente sobre Occidente, Gumilov incita a reescribir una historia euroasiática de Rusia. En la Universidad Gumilov funciona un centro de investigación sobre Eurasia cuya misión es abordar los aspectos teóricos y prácticos de esta noción, interpretar la historia siegún los hilos conductores, analizar los casos de unión euroasiática en la hisotria, la naturaleza de los Estados euroasiáticos que crearon las bases de una mentalidad propia.
Para los intelectuales kazakos Gumilov ofrece la verdadera imagen de Eurasia despojada de la visión que pone a Europa en el centro de la civilización mundial y desprecia a los pueblos asiáticos. Una versión más edulcorada de Gumilov- o quizás una apropiación descarada de su obra- es la que ofrecen V. Zhirinosky y su continuador Duguin, quienes se inclinan hacia una cooperación económica entre los pueblos para refundar el espacio económico euroasiático (bajo la hegemonía de la Gran Rusia). Duguin ha tenido más aceptación que Gumalov ya que Putin ha visto que a través de esa versión “pan rusa” de lo euroasiático puede seguir manteniendo su posición de “guía de los pueblos euroasiáticos en el futuro”
Kazajstán es la clave de la región. La investigadora francesa Wanda Dressler-Ladyss (del centro nacional para la investigación científica) sitúa alrededor de 1920 el surgimiento de un poderoso movimiento ruso/kazaco euroasiático animado por grandes sabios, como el geógrafo Savitsky, el lingüista Trubetzkoy. En 1917, dice, el movimiento euroasiático surge como una idea capaz de hacer nacer una nueva Rusia, emprendiendo una vía de desarrollo específico. Pero con el triunfo de la revolución soviética los líderes de ese movimiento debieron exiliarse a Praga donde consiguieron que la idea euroasiática se convirtiera en una ideología de autoidentificación y de autonomía respecto de Occidente, sobre la que Rusia debería apoyarse para desarrollar su especificidad y su originalidad frente a la creciente occidentalización de su economía (la mayoría de los intelectuales kazakos del siglo XIX – Abai Kunanbaev, Chokhan Velikhanov, Sakharim- buscan la occidentalización, a pesar de que son de tradición oriental. Introducen la Ilustración, dominan varias lenguas).
Sometidos a los rusos desde mediados del siglo XVIII fueron sumamente receptivos a las ideas de la modernidad lanzadas por el siglo de las Luces y por la Revolución Francesa. Los Ilustrados vivían por y para las ideas que les llevaban a luchar por la transformación del mundo. Exiliado en Semipalatinsk, Dostoyesvki meditaba sobre la misión de Rusia en Asia. Los intelectuales kazakos fueron revolucionarios avant la lettre y finalmente afrancesados confesos, como el sabio Tchokan Valichanov.
La elite kazaka, sensibilizada en la década de 1920 por la emergencia del nacionalismo en todas las Repúblicas del Imperio, hacia la reivindicación de los derechos fundamentales, creó un movimiento llamado Alash Orda que intenta retomar la idea aeuroasiática de una nueva política de cohabitación de los pueblos de Eurasia, mediante un plan cultural y político capaz de integrar en su programa la formación de una república kazaka.
A partir de 1991, cuando alcanza la Independencia, Kazajstán se convierte en una República euroasiática multicultural y multiconfesional, abierta y tolerante dirigida por el presidente N. Nazerbaev. El poeta Oljas Suleimenov, en lengua rusa, en la oposición participa, con otros numerosos intelectuales en describir la identidad kazaka como la síntesis de una experiencia secular interétnica e intercultural que no se reduce a la síntesis eslavo-turca, realizada por los rusos, sino que la desborda.
Los intelectuales kazakos sitúan a sí mismos entre Oriente y Occidente, y no en contra de Occidente o por enfrentarse a su desafío hegemónico, como hacen actualmente ciertas corrientes neo euroasiáticas de origen en la Gran Rusia, sino para posicionarse de manera equidistante entre los espacios de civilizaciones como zona de transición o de paso de ideas y de intercambios comerciales, simbolizado por la antigua ruta de la seda.
Un discurso presidencial deja entender la voluntad de refundación igualitaria de una unión de naciones euroasiáticas, sin hoces ni martillos, dispuestas a entenderse con la Union Europea. Es un regreso al pacifismo euroasiático.
Detrás de todo esto, según la investigadora Wanda Dressler-Ladyss, está la necesidad estratégica de refundar cultural y económicamente la identidad del país, obtener un provecho de la situación geopolítica de cruce de civilizaciones mediante el desarrollo de relaciones culturales e internacionales que conduzcan a una mejor integración cultural e interregional en esa zona postsoviética y en el espacio mundial.
La idea de un mundo común exige la recuperación de las relaciones entre Oriente y Occidente, emprendidas durante tres siglos por Rusia que supo obtener su propio provecho del flujo de ideas y de intercambios procedentes tanto del Este como del Oeste.
La geoestrategia está relacionada con la seguridad, pues los países que invierten en hidrocarburos quieren estabilidad. Kazajstán, que durante la época soviética tenía silos de armamento nuclear, sostiene ahora una política de desnuclearización y de coexistencia pacífica con los vecinos.
La construcción de nuevos oleo/gasoductos supondría llegar a acuerdos entre países en una zona muy convulsa. De momento Kazajstán utiliza los oleoductos de la red rusa. El presidente Nazarbayev, que fue secretario general del Partido Comunista cuando la República formaba parte de la URSS, tiene buenas relaciones con el presidente ruso Vladimir Putin, pero se muestra enérgico para preservar su independencia, hasta el punto de que la empresa rusa Lukoil fracasó en su intento de apoderarse de la empresa petrolera estatal kazaca cuando fue privatizada. Atrás quedaron los tiempos en que parecía que Nazarbayev era un buen aliado de Washington a través de Chevron, la empresa relacionada con la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
La unión de esta red antigua con nuevos enlaces transcaspianos dan a Rusia una ventaja sobre otras potencias que tienen otras vías (Francia, a través de Irán y Turkmenistán; los Estados Unidos, a través de Azerbaiyán y Turquía) amenazadas e incluso bloqueadas por los conflictos en la zona.
Kazakstán estrecha sus relaciones con China que ha invertido más de 4 mil millones de dólares en los yacimientos kazakos. En diciembre de 2005 la Corporación Nacional del Petróleo de China inauguró un oleoducto capaz de transportar 200.000 barriles diarios que va de Kazakstán al noroeste de China, que rebajará sensiblemente la importancia geopolitica del oleoducto Bakú-Tbilisi- Ceyhan amparado por Washington. La mitad del petróleo procederá de Rusia porque la producción de los yacimientos kazakos es insuficiente. El Triángulo China- Kazakhstan- Rusia estrecha sus relaciones en materia de cooperación energética, lo que suscita preocupaciones de Washington que sigue sin encontrar una política adecuada para la región.
Las grandes compañías petroleras norteamericanas han fracasado en su intento de penetrar allí (y además lo hicieron recurriendo al soborno, lo que les creó graves problemas tanto en el país asiático como en el suyo propio)
Los analistas norteamericanos siguen la inercia del pasado y los neocon no son precisamente muy aptos para entender el juego euroasiático en el que se ventilan no sólo intereses económicos inmediatos sino modos de civilización. Obsesionados con lograr – o imponer- cambios democráticos en Asia Central, no perciben que esos cambios democráticos están periclitados, a la manera que desea Washington, puesto que no resuelven los problemas de la región y no son el marco adecuado abarcar realidades culturales tan complejas como las que se viven secularmente en la región.
Los problemas de Washington en la región empezaron cuando el presidente de Uzbekistán Islam Karimov dijo que los americanos no podrían seguir usando la base aérea de Karshi-Khanabad, al sur de Uzbekistán. Karimov reprimió de manera brutal las algaradas fundamentalistas en Andijan , influenciado por el éxito de la revolución de los “Tulipanes” que descabezó a Askar Akayev en la vecina Kyrgystán y preparó el escenario para la llegada del opositor Kurmanbez Bakkjev, respaldado por los Estados Unidos.
Uzbekistán es un lugar de primera importancia estratégica en la región para el control de Asia Central y las rutas de oleductos que unen Rusia, China y Kazakstán. Ahora es un aliado de Rusia Nazarbayev.
Los Estados Unidos no han ahorrado esfuerzos ni dinero- un presupuesto anual de mil millones de dólares- para exportar la “democratización en el mundo” a través de conocidas organizaciones como el Instituto Republicano Internacional (IRI), la Fundación para la Democracia (NED), el Instituto Norteamericano de la Paz y el Instituto Sociedad Abierta que se dedican a reclutar políticos locales y a prepararlos para enfrentarse al poder allí donde gobiernan sistemas adversos a Washington Nacional
Por invitación de la doctora Tatiana Kompaniets, quien en su día fue la más joven doctora de la Academia de Ciencias de Ucrania, tras haber ganado dos veces consecutivas las Olimpiadas de Matemáticas, a los doce y a los trece años de edad, y actualmente directora de la Fundación San Diodor, tuve el honor de dirigirme a la asamblea de Rectores de Universidad. Allí expuse algunas ideas que ya conocen mis lectores.
Les animé a defender aquello que les hace fuertes: la libertad de pensamiento, el riesgo de la innovación, la generosidad para abrir las puertas de su casa y no cerrarlas a la sana curiosidad y al interés primordial de los ciudadanos.
La Globalización del Conflicto se produce por la crisis del liderazgo, y es el terreno de las libertades lo que se ha venido abajo. Lo más dramático de la situación actual es el abandono de las virtudes de la democracia abierta, siempre dispuesta a buscar soluciones por la vía diplomática, y su substitución por una política de fuerza bruta militar para imponer soluciones. El liderazgo no debe descansar en el poderío militar.
Tampoco puede ser principalmente económico. El liderazgo debe ser fundamentalmente moral y la moral está basada en la justicia, en el respeto al derecho ajeno que es la garantía de la paz. Debe haber una política basada en la reconstrucción económica, impulsando las infraestructuras, en el desarrollo de las naciones y no en la guerra. La paz es mejor negocio, incluso planteado sólo en términos de dinero, que la guerra. Debemos luchar por la implantación de estas ideas y llevarlas a la práctica mediante la restauración inmediata del principio de coexistencia pacífica entre sistemas y culturas diferentes.
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales".
Foto: Lev Gumilev tras una conferencia, a principios de los ochenta