
No deja de ser chocante que una minúscula nación, de la que apenas se sabe nada salvo que está fuera del sistema económico mundial, sostenga un desproporcionado desafío contra el Imperio militar mundial. Sin embargo esta es una apreciación completamente falsa. Corea del Norte tiene capacidad militar suficiente para enfrentarse a los Estados Unidos; de hecho es la única potencia militar capaz de sostener la idea política de llegar a un enfrentamiento último con los Estados Unidos, y de hacerlo de manera solitaria, pues sabe que no puede contar con ningún aliado. Corea del Norte no ha olvidado la guerra que sostuvo con los norteamericanos entre 1950 y 1953 y de la que salió victoriosa. Desde entonces mantienen el mismo desafío, sin posibilidad alguna de diálogo. Cada uno de los países considera al otro su principal enemigo y curiosamente ambos se acusan mutuamente de ser el auténtico “eje del mal”.
Una nueva guerra en Corea del Norte no será un conflicto regional, ni una guerra limitada de baja intensidad sino una guerra total, de destrucción masiva. Ese es el detonante que puede hacer saltar el mundo por los aires, pues no hay conflicto alguno en el mundo- ni siquiera el de Oriente Medio, ni el famoso “choque de civilizaciones”- que pueda comparársele. La diferencia más notoria es que Corea del Norte sólo pretende defenderse, no atacar a su odiado enemigo, pero si éste comete el error de declararle la guerra todo el mundo debe saber que “ésa, no será la guerra del Golfo, ni la de Vietnam”.
El plan de guerra total norcoreana tiene dos componentes: una guerra convencional masiva y armas de destrucción masiva.
Si los Estados Unidos dan un golpe preventivo contra las instalaciones nucleares de Yongbion, Corea del Norte responderá con armas de destrucción masiva sobre objetivos norteamericanos. Por su parte, el llamado plan “5027” de guerra norteamericano contempla la ocupación militar de Corea del Norte y va más allá de la eliminación del armamento coreano: un escenario en el que no deberían entrar.
Los Estados Unidos han enviado dos barcos de guerra a patrullar cerca de Corea del Norte, una acción considerada por los norcoreanos como “un acto de agresión” o más aún, “una amenaza de invasión”, que podría merecer la réplica de un ataque nuclear por parte de los comunistas.
En las circunstancias actuales Corea del Norte acusa a los Estados Unidos de haber iniciado una carrera de armas en el espacio demasiado peligrosa para sí misma y también para la paz mundial. Corea del Norte acusa también a Japón de asociarse con los Estados Unidos en esta carrera, “para convertirse en un gigante militar en la región”.
La determinación de Corea del Norte de no permitir un paso más a los norteamericanos ha puesto nerviosos a los países vecinos, quienes urgen a Corea del Norte que detenga la construcción de misiles de largo alcance. El ex presidente de Corea del Sur Kim Dae-jung, que protagonizó en junio de 2000 el histórico encuentro entre las dos Coreas, volverá a reunirse con los líderes comunistas en las mismas fechas, seis años después. Recientemente se han producido conversaciones entre representantes de las dos Coreas, en una ciudad fronteriza, con el propósito de llegar a acuerdos para crear conjuntamente una zona industrial.
Los chinos, únicos aliados de Corea del Norte en la región, le aconsejan que tenga calma y que reemprenda las conversaciones. El ministro de Asuntos Extereiores, Jiang Yu, dijo que en las actuales circunstancias ambos países pueden hacer mucho “en interés de la estabilidad regional y de la paz”.
Pura hipocresía, pues Corea del Norte ya no puede pararse. Realizó su última prueba de lanzamiento de misiles de largo alcance en agosto de 1998, y anunció al mismo tiempo que se disponía a colocar un satélite en órbita. En 1999 se impuso a sí misma una moratoria de este tipo de pruebas. Probablemente sea cierto que los comunistas coreanos han boicoteado desde noviembre del año pasado las conversaciones internacionales sobre la cuestión nuclear, como protesta por el cerco a que son sometidos por Washington, cuyo gobierno les acusa de actividades financieras ilegales.
Lo que se discute ahora es si es cierto que Corea del Norte está en posesión de misiles de tan largo alcance. Fuentes de la Inteligencia militar norteamericana indicaban que el lanzamiento estaba previsto para el domingo 10 de junio, pero no pudo llevarse a cabo por las adversas condiciones meteorológicas. La agencia de Inteligencia de Corea del Sur consideraba por su parte que el vecino del Norte no había podido completar ese proceso porque los 40 depósitos de combustible, que se observan en el área de lanzamiento, no son suficientes para alimentar un misil de unas 65 toneladas, y que habría que esperar por lo menos un mes para el lanzamiento. Los expertos estiman que el misil de largo alcance puede superar una distancia de 15.000 kilómetros, aunque dudan de que Corea del Norte haya desarrollado armas nucleares para colocarlas en la cabeza de los misiles. Son especulaciones con poco sentido o simplemente cortinas de humo, pues los especialistas sospechan que los norcoreanos están mucho más avanzados de lo que se dice.
Uno de los mayores fracasos de la Inteligencia norteamericana es su incapacidad para penetrar en los secretos militares norcoreanos, a pesar de que todo tipo de aviones de espionaje (U2, RC-135. EP-3) y setenta satélites militares KH-11 vigilan día y noche a su enemigo. Donald Rumsfeld expresó ese fracaso y dijo que los norcoreanos usan fibras ópticas subterráneas para sus comunicaciones, y que es prácticamente imposible colocar agentes de información sobre el terreno. La capacidad militar de Corea del Norte es impresionante por su producción anual de armamento convencional, fusiles de asalto, tanques, carros anfibios, submarinos, aviones y barcos con misiles de gran velocidad, que se fabrican en sus numerosas plantas industriales, incluso para la fabricación de armas químicas, casi doscientas de las cuales son subterráneas y se hallan regiones montañosas de difícil acceso. Un ejército altamente preparado de más de dos millones de soldados está listo siempre para el combate, bien adoctrinado y capaz de luchar hasta la muerte, incluido el suicidio si las cosas llegan a exigirlo. Las divisiones blindadas del ejército norcoreano están preparadas para la guerra relámpago, concebida para vencer a un enemigo ocupante desconocedor del territorio, como ya ocurrió en 1950-53, pero dotado ahora con tanques con capacidad para atravesar ríos de seis metros de profundidad y correr a más de sesenta kilómetros por ahora, mientras que los tanques norteamericanos no están preparados para esa guerra ni pueden alcanzar tal velocidad.
Todo el territorio norcoreano está minado con centenares de túneles que recorren cientos de kilómetros y sobre los que la inteligencia norteamericana no ha podido obtener información detallada. El ejército de Corea del Norte dispone de 120.000 tropas especialmente entrenadas para atacar simultáneamente instalaciones en Corea, Japón, Okinawa y Guam.
Corea del Norte pertenece por derecho propio al club de los Estados con armamento nuclear, junto a Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, India, Pakistán e Israel. Ha logrado construir una importante flota operativa de misiles balísticos intercontinentales y de medio alcance equipados con cabezas nucleares, de los que puede producir cien unidades al año.
Mientras tanto, tal como anunciamos hace tiempo, a mediados de junio han empezado en el Océano Pacífico occidental impresionantes juegos de guerra, en los que participan los Estados Unidos con 22.000 soldados y los correspondientes aviones de combate, cazas y bombarderos.
La novedad de estos ejercicios consiste en que China ha enviado por primera vez observadores a unos ejercicios militares norteamericanos. La participación china demuestra que el país “ha adoptado una actitud activa en el desarrollo de sus relaciones militares con los Estados Unidos”, en palabras de su ministro de Exteriores, Jiang Yu.
Por parte norteamericana los partidarios de ese tipo de intercambios alegan que “reducirán la posibilidad de conflictos futuros, al impresionar a China con el poderío militar norteamericano”, mientras que sus oponentes sostienen que China tomará nota muy práctica del armamento norteamericano y de sus tácticas que podrían ser aplicadas en futuros conflictos, mientras que los norteamericanos no habrán tenido la oportunidad recíproca de observar el poderío militar chino.
©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales".
Imagen de portada de La Caverna del Toposauro