LA POLÍTICA EXTERIOR NORTEAMERICANA

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Recientes encuestas ilustran que la opinión pública norteamericana sigue mayoritariamente en contra de la política de Bush. Nunca un presidente en toda la historia de los Estados Unidos había sufrido una tal repulsa, equivalente a una humillación política clamorosa, al merecer la aprobación de sólo el 30% de los encuestados.
Robert Kennedy Jr. acaba de publicar un demoledor reportaje en la revista “Rolling Stones” sobre la caída estrepitosa de la aceptación pública del presidente, basándose en los datos de la encuesta. Va más allá en la crítica y dice que Bush no es sólo el presidente más odiado, sino también el único que “ha robado dos elecciones”. Robert Kennedy Jr. argumenta su terrible acusación y aporta datos incontrovertibles sobre lo que ocurrió “en el último minuto” de cada una de las jornadas electorales.
No es pues simple coincidencia que la Convención de Demócratas del Estado de Maine adoptara una resolución, el 3 de junio, para proponer el “impeachment” del presidente Bush y del vicepresidente Cheney. La Convención urge al Congreso para que investigue a ambos, a fin de llegar a la acusación de alta traición, que no otra cosa significa el "impeachment”, basada en que ambos “traicionaron su solemne juramento (oath) en el desarrollo de la guerra en Irak, en el trato dado a los prisioneros, y también en el uso ilegal de medidas de vigilancia contra los propios ciudadanos americanos”.
En efecto, los problemas internos son cada vez más graves. La guerra de Irak ha colocado al ejército de la coalición en un callejón que les aboca a una inmediata salida, si no quieren enfangarse en una guerra sin fin que será la tumba de la credibilidad occidental (a no ser que ciertamente se persiga el objetivo de incendiar toda la región). La economía americana ya no es el paraíso para sus ciudadanos. Los precios de los alimentos y de los servicios indispensables han subido a tal punto que aumenta la insatisfacción y el grado de pobreza. La tesis del “choque de civilizaciones” ya no es sólo un diabólico catecismo para aplicar en el mundo, sino que se lleva a cabo en el seno de la sociedad americana con la militarización de las fronteras. Las medidas aplicadas con el pretexto de “combatir el terrorismo” han indignado a los propios ciudadanos norteamericanos, tradicionalmente celosos de sus libertades. No debe olvidarse que la gran Nación norteamericana es la cuna de todas las libertades y que sus habitantes han sentido siempre el orgullo de haber creado un gran país en el que merecía la pena vivir (e incluso morir) por la defensa de esas libertades.
Es precisamente el terreno de las libertades lo que se ha venido abajo. Lo más dramático de la situación actual es que los Estados Unidos han abandonado las virtudes de su democracia abierta, siempre dispuesta a buscar soluciones por la vía diplomática, y la han substituido por una política de fuerza bruta militar para imponer soluciones. Tal aguda acusación es sentida por la “clase tradicional dirigente” norteamericana, pero ha sido expresada lúcidamente por James Carroll en su reciente libro “La Casa de la Guerra: El Pentágono y el desastroso ascenso del poder americano”. James Carroll es sacerdote católico y activo pacificista, no de izquierdas al estilo europeo. Su padre, Joseph, fue uno de los primeros generales de la recién creada Fuerza Aérea norteamericana al acabar la II Guerra Mundial. Después dirigió la DIA (Agencia de Inteligencia para la Defensa) durante la guerra de Vietnam.
La tesis de James Carroll es que algunos presidentes- Truman, Eisenhower y Kennedy- lograron controlar a los generales y a los aliados de éstos en el Congreso y en la industria de Defensa que constantemente exigían más armas, más gastos y más tropas. Sus sucesores capitularon, uno tras otro, dejando el país en manos de líderes políticos, incluido el vicepresidente, y de presidentes de la industria armamentística quienes promovieron una política belicista respaldada por un poderoso aparato militar.
La guerra no es sólo un negocio, sino a veces el único modo de escaparse de los problemas internos. Bush y Cheney se hallan sometidos a una gran presión para que acepten sus responsabilidades políticas. Su colega al otro lado del Atlántico tampoco está en sus mejores momentos. De hecho Tony Blair está acabado, tras haber sido aniquilado por The Economist, en su edición del 11 de mayo, que se hace eco de la revuelta interna contra el premier británico en su propio partido uno de cuyos principales dirigentes, Gordon Brown, ha exigido a Blair que ponga fecha a su abandono (y si no lo hace deberá hacer frente a una cascada de escándalos por diversos delitos).
Da la impresión de que los “líderes occidentales” quieren escaparse de sus problemas lanzando una guerra preventiva contra Irán (ahora el pretexto de las armas de destrucción masiva que nunca existieron ha sido substituido por la “amenaza nuclear” que tampoco existe). Ya han empezado las maniobras en el Golfo Pérsico. The Herald ha destapado los planes de guerra diciendo que consistirán, entre otros objetivos, en una campaña de cinco días seguidos de bombardeos contra 4000 objetivos principales en Irán, incluyendo 24 instalaciones nucleares, 14 aeropuertos militares e instalaciones de radar y el cuartel general de la Guardia Revolucionaria. Por lo menos serán bombardeados 75 objetivos en complejos subterráneos con bombas ideadas para tal fin.
Según un trabajo que el coronel San Gardiner escribió para el “Atlantic Monthly” la operación tendrá cuatro fases importantes que se prolongarán durante seis meses.
Todo esto se hace contra el criterio de un número importante de generales y almirantes del ejército norteamericano en la reserva, que se han quedado afónicos exigiendo la dimisión del Secretario de Defensa norteamericano, al que acusan no sólo de mala fe sino de incompetencia.
La globalización ha fracasado. La política exterior norteamericana hace aguas por todas partes. El experimento de la democracia tutelada en Egipto no ha podido ser más desastroso. Aumenta el poder de los extremistas y la inseguridad, mientras se persigue y se tortura a los opositores. El presidente vitalicio Osni Mubarak dispone de cuantiosas subvenciones económicas que no se destinan a la modernización industrial del país. El gobierno norteamericano dijo a los palestinos que eran libres para decidir su propio gobierno, pero cuando eligieron a unos representantes que no son del agrado de Washington fueron castigados a sufrir una crisis humanitaria sin precedentes. El experimento democrático en Afganistán no ha consolidado instituciones basadas en la justicia y en las libertades, sino que ha devuelto al país a su antigua situación de gran productor y distribuidor de drogas, con la que se enriquecen los señores de la guerra mientras el pueblo es abandonado a la miseria y a una situación que envidiaría la esclavitud feudal.
En América Latina la política exterior norteamericana ha perdido seis años y 4000 millones de dólares supuestamente para democratizar Colombia y eliminar el tráfico de cocaína, pero se produce más coca que nunca de acuerdo incluso con las cifras que maneja el propio gobierno de los Estados Unidos. Sin embargo el Congreso ha abierto un nuevo debate para donar 640 millones de dólares el próximo año.
Washington amenaza a Venezuela, a Bolivia y a Ecuador y no les permite que dispongan de su gran riqueza natural, pero hipócritamente se olvida de que el gas y el petróleo fueron privatizados en 1990 sin el consentimiento del congreso boliviano, y que hasta ahora las materias primas energéticas no han beneficiado al pueblo sino que lo han empobrecido más.
Todo esto quiere decir que Occidente- del que obviamente forma parte España- está perdiendo de forma acelerada su liderazgo moral, que es más importante que el liderazgo económico, pues éste sin aquél, no produce a la larga más que inestabilidad y caos. El rearme moral, basado en la justicia, debería ser el principal objetivo de las empresas (tanto políticas como materiales)

©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"

Imagen de portada: acuarela de John White de 1585: Ceremonia religiosa. (Una de las realizó en sus viajes a Norteamérica a finales del siglo XVI. Fue la primera visión que Inglaterra tuvo del Nuevo Mundo.)

Foto: Namir Noor-Eldeen / Reuters. La guerra de Irak está fuera de control.

 

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
Poemas del libro ©"...y el cielo es nuestra casa".
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Artículos del libro: ©"Estrictamente prohibido" Reportajes censurados y otros retratos de la España negra.

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