
La guerra ha causado todo lo contrario de lo que pregonaban como excusa los que la provocaron. Lejos de tener petróleo barato, el mundo se enfrenta a un escenario completamente nuevo en el que junto, a imprevisibles acontecimientos de extrema gravedad, se movilizarán ingentes cantidades de dinero en nuevas tecnologías para impulsar nuevas- o viejas- fuentes de energía (negocio, negocio).
Y no sólo es la guerra. De manera sorprendente los grandes cataclismos geológicos y atmosféricos han perturbado el mundo del petróleo. Los huracanes Katrina, Rita y Denis destruyeron las plataformas petrolíferas en el Golfo de México, donde el 22% de la producción de petróleo y el 13% de la de gas natural están todavía fuera de servicio. Más de 1.500 plataformas petrolíferas esperan todavía ser reparadas, pero el gobierno norteamericano no parece tener prisa alguna en hacerlo. Mientras tanto se acerca de nueva la estación de los huracanes en el Golfo. Todo coadyuva a que el petróleo siga subiendo. El negocio está en marcha.
Los dos más grandes inversores mundiales en el mercado del petróleo, Hill Browders, de Hermitage Foundation, y el oscuro y todopoderoso Georges Soros, han vaticinado nada menos que el precio del barril puede llegar a los 262 dólares. En realidad Soros no aventuró una cifra tan alta, pero se encogió de hombros y dijo estar muy preocupado por la rápida disminución del petróleo en el mercado. Obviamente no dijo cuáles eran las causas reales de esa perversa subida de precios que coloca a los ciudadanos de todo el mundo a disposición de los especuladores (y de los señores de la guerra). Veamos cómo razona una mente tan prodigiosa como la del famoso Midas que convierte en dinero los bonos basura. Le echa la culpa a Irán, porque este país “se ha envalentonado a causa de la vertiginosa caída del poder y de la influencia de los Estados Unidos, incapaces de ganar la guerra de Irak y de pararle los pies al terrorismo mundial”. Así tenemos que los principales causantes del problema son los desgraciados iraquíes, los fanáticos iraníes (a los que habrá que fumigar con bombas nucleares), y alguien que les sigue en la lista de desafectos: Putin, un nacionalista que está creando su propia orquesta.
Por si fuera poco, la histeria producida por la famosa Biblia del “oil peak” llega a las sectas cristianas de la mano de los predicadores (alentados por el presidente Bush). La Iglesia Unitaria de Todas las Almas, en Washington, organiza conferencias sobre el “petrocolapso”, o cómo sobrevivir en un mundo “con fuentes de combustible fósil” en fase de extinción.
Surgen los profetas como setas.
Estamos, según ellos, en un periodo de emergencia, de civilizaciones a punto de ser arrasadas y de hordas de supervivientes luchando por apoderarse de las pocas reservas de energía que quedan. En lo único que no mienten es al acusar a los políticos de ocultar la verdad.
Una vez “apartado” del mercado el petróleo de Oriente Medio (Irak, Irán) y de África (Nigeria), nacionalizados los recursos de Venezuela y de Bolivia, emprendida la guerra “nacionalista” en Europa que exige nuevas fronteras, ha llegado la hora de los “fósiles marginales”. El alza de los precios del petróleo pone en valor otras fuentes de energía sobre las que se van a lanzar miles de millones de dólares.
El carbón sigue siendo la principal fuente de energía para producir electricidad. En Norteamérica más de la mitad de la electricidad consumida en el país procede del carbón.
El aumento de los precios del petróleo ha hecho viable el desarrollo de nuevas tecnologías avanzadas para obtener un mejor rendimiento del carbón. John Rich está promoviendo este tipo de tecnologías. El carbón es muy abundante y en determinados lugares del mundo su extracción es muy barata, rápida y abundante.
El carbón se ha convertido en un tema de seguridad nacional en los Estados Unidos. Sus reservas podrían satisfacer las necesidades energéticas nacionales durante 300 años. El carbón se utilizaría en nuevas plantas para producir combustibles y generar electricidad. Montana adquiere su nuevo nombre al ser llamada la “Arabia Saudí del carbón” a causa de sus grandes existencias. Ya se han movilizado 1500 millones de dólares para esas plantas.
Ahora se le bautiza como “carbón limpio” en un intento de eliminar la mala imagen del carbón como principal causante de polución y contaminación, además de destrucción del paisaje.
Todo lo pueden los poderosos “lobbys” que señalan la principal ventaja de disponer de una fuente de energía propia, fuera de las oscilaciones de los mercados externos. Se acerca la posibilidad de grandes inversiones porque la mayoría de las plantas convencionales están próximas a su jubilación.
Emprendedores audaces como Andrew Perlman ya han dicho que la nueva energía limpia se obtendrá a partir de la materia más sucia hasta ahora: el carbón. Pretende obtener gas natural del carbón, algo que dista mucho de ser nuevo, puesto que ya se hizo en el siglo XIX para alumbrar las calles y las casas. Los nazis obtuvieron combustible líquido del carbón para alimentar su maquinaria bélica rodante, los tanques que invadieron Rusia.
Todo esto se había redescubierto también al principio de la década de 1970, con la crisis del petróleo, pero se abandonaron los proyectos tan pronto como volvieron a bajar los precios del petróleo.
La actual crisis del petróleo- más correctamente llamada guerra del petróleo- ha sacado del ropero viejas tecnologías que podrían haber hecho avanzar a la sociedad y hacer más felices a sus inventores, pero la voracidad del sistema las dejó fuera de juego.
Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, encabezados por Alan Goldman, han desarrollado técnicas para convertir el carbón en combustible diesel. Según el Departamento de Energía las reservas de carbón en suelo norteamericano ascienden a 286.000 millones de toneladas, que convertidas en combustible supondrían 40 veces más que las existencias de petróleo. Los motores diesel mueven el 94% de todo el flete de mercancías y el 95% de todo el tráfico de autobuses y de maquinaria pesada industrial, que en conjunto consumen aproximadamente 56.000 millones de galones de diésel.
Goldman explica que la tecnología más avanzada se basa en un par de reacciones químicas catalíticas que operan en tandem, una de las cuales mereció el Premio Nobel de Química en 2005. Este dúo químico renueva el llamado proceso Fischer-Tropsch (FT) de generar substitutos sintéticos del petróleo (inventado en 1920, pero no desarrollado). Con los nuevos catalizadores se puede producir combustibles limpios y económicamente rentables a niveles muy eficientes. Así lo trabajan en el “Center for the Activation and Transformation of Strong Bonds”, de la Universidad de Washington.
©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"
Foto: Lewis Wickes Hines