MIENTRAS HAYA GUERRAS, EL PETROLEO SERÁ CADA VEZ MÁS CARO

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No hay ni ha habido nunca, desde que se inició la era del petróleo, una verdadera crisis de la energía, sino un conflicto provocado por los dirigentes que manejan las grandes empresas energéticas y por la colusión de intereses anglo/norteamericanos (a la que se suman muy gustosos los dirigentes europeos, a sabiendas o convenientemente manipulados por aquéllos). La histeria se ha apoderado de los medios y cualquier excusa es buena para justificar el alza imparable de los precios del petróleo hasta colocarlo en la “obscena” cifra de los 100 dólares (y más, si los cuerdos no se unen para encerrar en el manicomio a los locos que gobiernan el mundo).
Aunque la mayoría de la gente lo desconoce, existen dos teorías completamente contrarias sobre el origen del petróleo. Una de ellas proclama que el petróleo es un “combustible fósil” orgánico depositado en cantidades finitas cerca de la superficie de la tierra. La otra sostiene que el petróleo se genera ininterrumpidamente por un proceso natural en el magma de la Tierra. Esta última teoría está apoyada por un cuerpo masivo de investigaciones a lo largo de cincuenta años de intensos trabajos científicos de búsqueda, aunque es silenciada y desprestigiada por intereses que pronto se descubrirán. La otra, la primera, es una reliquia no demostrada que se remonta al siglo XVIII.
Digamos también que una de estas teorías, la primera, es optimista porque demuestra la existencia de grandes reservas de petróleo, de yacimientos de combustible que se van renovando, de reservas a gran profundidad y de salidas espontáneas de petróleo y gas natural. La otra teoría, la que se basa en la anticuada propuesta del petróleo de origen fósil mantenido en ese estado durante millones de años, es la que da origen a la guerra de precios del petróleo y a las guerras contra las naciones, con el pretexto histérico de la escasez y el agotamiento de los recursos.
Asombrosamente ha triunfado esta teoría sobre la primera, lo que indica que en efecto los “occidentales” son especialistas en colocarse la cuerda alrededor del cuello, y hacerlo además a gusto, después de haber ahorcado a los que no son como ellos. Los imperialistas se basan en la teoría “fósil y no renovable” del petróleo que curiosamente nunca ha sido cuestionada, y ni siquiera se ha hecho un esfuerzo serio por confirmarla. Ayudaría a aclarar las cosas saber que los mayores expertos mundiales en petróleo trabajan para petroleras o para universidades financiadas por las petroleras. La teoría del “fósil no renovable” lleva directamente a la guerra, puesto que sin más excusa se coloca a “toda la Humanidad” dependiendo de esos tipos fanáticos del Oriente Medio, quienes si no se les para los pies controlarán dentro de unos años a todo el mundo.
El axioma que conduce directamente a la Guerra se basa en esta ecuación: rápido consumo del petróleo+disminución de reservas+ no descubrimientos de nuevos yacimientos (+ los malditos islamistas)= no más petróleo= igual a destrucción de la Civilización, ergo + guerras para apoderarse del petróleo que quede.
En otro momento les contaré cómo se fraguó el fraude de la teoría del petróleo como “fósil no renovable”. Hoy baste decir que la propia Enciclopedia Británica confiesa su ignorancia sobre el origen del petróleo.
Créanlo. Hay suficientes reservas de petróleo y de gas natural para satisfacer las necesidades crecientes de la población mundial. Hay más reservas de las que se dicen y en más lugares de los que se conocen. (En Alaska, por poner un ejemplo, hay suficiente gas natural para abastecer a los Estados Unidos al menos durante los próximos doscientos años). De pronto se ha puesto de moda decir que la energía es una cuestión estratégica. Y lo es, sobre todo para dominar a la población. Si se controla la energía se controla todo lo demás, empezando por los seres humanos, algo que no se puede hacer ni siquiera con el dinero ni con el comercio mundial. La sociedad moderna es dependiente de la energía. Para controlar la energía lo primero que hay que hacer es lavar el cerebro de la gente para que crea que en efecto estamos ante una crisis de energía, de escasez, de gran demanda insatisfecha, de agotamiento de las reservas, y que si queremos seguir existiendo hay que dejar que las grandes compañías energéticas nos lleven a la guerra donde y cuando quieran.
Nos hallamos ante la mayor campaña de intoxicación política mundial, detrás de la cual sólo existen los intereses de esas grandes compañías. Los contribuyentes de todo el mundo van a pagarlo caro, y no sólo con el dinero de sus impuestos. La cuestión ha dejado de estar en manos de las empresas y en manos de los políticos para entrar de lleno en las atribuciones del Ejército. Ya no son los civiles, y ni siquiera las universidades las que se ocupan de los pronósticos, sino que son los propios militares los que producen las hipótesis.
Un reciente informe estratégico del Ejército de los Estados Unidos analiza el impacto que tendrá el aumento imparable de los precios del petróleo sobre el propio ejército y sobre la sociedad. Dice que “se han acabado los días de fuentes de energía abundante, barata y disponible”. El informe del ERDC ( Engineer Research and Development Center del ejército norteamericano) se titula “Tendencias de la Energía y sus implicaciones en las Instalaciones de la U.S. Army”.
El informe da por ciertos el agotamiento de las reservas de petróleo y la necesidad de una “transición hacia sistemas de energía más moderna, eficiente y segura, y a la utilización de energías más seguras y respetuosas con el medio ambiente”. Sostiene que las “energías renovables” entran en esta categoría, pero “no son una substitución válida del petróleo”.

Los militares creen que no será fácil la transición hacia un modelo distinto del actual: “el consumo de energía es indispensable para nuestra forma de vida y para que los ejércitos puedan cumplir su misión. Sin embargo las tendencias actuales no son sostenibles. El impacto de un consumo excesivo e insostenible puede arruinar la cultura y las actividades en que se sostiene”.
El informe hace un repaso de las opciones de energía renovables y no renovables: hidrógenos, aceites bituminosos, biofuel y alquitranes. En cuanto a la energía nuclear argumenta que las reservas de uranio de bajo coste no superarán los 20 años. Confían más en las tecnologías para obtener energía eólica y solar, pero son de alcance limitado y regional y no una fuente global de comercio entre naciones.
Los militares se ven obligados a dramatizar la situación para justificar la astronómica factura que pagan los contribuyentes norteamericanos- y los de todo el mundo- para que siga funcionando la maquinaria militar. El Departamento de Defensa de los Estados Unidos es el organismo gubernamental que más petróleo quema del mundo, y el consumo de combustible militar- para aviones, barcos, grandes vehículos e instalaciones- convierte al Departamento de Estado en el principal consumidor de petróleo de los Estados Unidos. En tiempos de guerra, como los actuales, el gasto se dispara. A finales de 2004 el consumo militar había aumentando en 40 millones de barriles más que en tiempos de paz, llegando a los 144 millones de barriles diarios, lo que equivale a casi 400.000 barriles diarios, casi el consumo diario de un país como Grecia. El ejército de los Estados Unidos es el mayor cliente mundial de petróleo. El Departamento de Estado gastó 8.2 miles de millones de dólares en combustible en 2004.
Se calcula que las tropas norteamericanas desplegadas en Irak liquidan 40 millones de galones de combustible en tres semanas de combate, una cantidad equivalente a la gasolina consumida por todos los ejércitos aliados combinados durante cuatro años en la Primera Guerra Mundial. Otro ejemplo, el Tercer Ejército (del general Patton) tenía 400.000 hombres y gastó unos 400.000 galones de gasolina al día. Hoy el Pentágono tiene casi un tercio de ese número de tropas en Irak y gasta más de cuatro veces en combustible. En Afganistán, desde 2001 en que empezó la Operación “Fortaleciendo la Libertad” hasta noviembre de 2005, se habían gastado más de 2.1 miles de millones de galones de combustible.
Durante la “Operación Tormenta del Desierto”, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos suministraron sin contrapartida 1.5 miles de millones de galones, mientras que Bahrein, Omán y Qatar cobraron su factura. Lo asombroso, por decir algo, es que los Estados Unidos no contabilizaron ese combustible como importación, ni los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita lo hicieron como exportación, pero es que además no se registró siquiera como consumo norteamericano. Es decir el consumo militar norteamericano, nada menos que 350.000 barriles diarios, desaparece de las estadísticas de la demanda mundial.

 

 

¿Qué hay detrás de la subida imparable del precio del petróleo? Desde luego no es la carestía, ni el temor al agotamiento de las reservas, ni la aparición de nuevos compradores en la escena mundial, ni las amenazas de guerra, ni la inminencia de un holocausto. Todo eso son excusas que se sirven a diario por la prensa más o menos dependiente de los que empujan los precios hacia arriba. Lo que hay detrás de la subida de precios es simplemente la especulación, la voracidad de las grandes compañías, el pago de favores políticos y la destrucción programada de países. De todo esto, como de la infame manipulación sobre el 11-S hay pruebas más que abundantes.

El investigador Greg Palast (que suele publicar en The Guardian y en la BBC), sostiene que ha logrado hacerse con un documento secreto del Departamento de Estado en el que se demuestra que el plan para invadir Irak no se hizo para apoderarse del petróleo de ese país, a fin de garantizar el suministro a los Estados Unidos y a sus aliados, sino para mantenerlo fuera del mercado del petróleo. Al impedir el bombeo de petróleo iraquí, se limitaba la cuota de Arabia Saudita y en consecuencia la del cartel de la OPEC. Exactamente de eso se trataba, como se ha podido ver. Es sabido que Irak era el segundo país mundial por reservas de petróleo. Como consecuencia de las sanciones contra Irak tras la “primera” Guerra del Golfo, los yacimientos iraquíes fueron sobre explotados y mal administrados, pero en seguida empezaron a ser controlados por el régimen de Sadam Hussein y el petróleo empezó a fluir en cantidad suficiente para afectar al mercado mundial de petróleo que está en manos de los Saudíes y de los especuladores.
Se debe recordar que el mapa de los yacimientos petrolíferos fue incluido en el grupo de choque organizado por Cheney en 2001 para controlar la energía. El mapa ofrecía la lista de las empresas energéticas interesadas en varios yacimientos- como Exxon y Chevron-, y que se verían beneficiadas con contratos lucrativos tras la invasión de Irak y la consiguiente privatización de los yacimientos. Este objetivo no ha podido cumplirse porque la insurgencia iraquí ha centrado sus ataques contra la infraestructura petrolífera.
Pero empieza a sospecharse que el objetivo de la fuerza de choque no era solo hacer un inventario de los yacimientos para organizar su producción potencial, sino por razones de competencia. Probablemente querían saber cuánto petróleo y cuándo se podía bombear al mercado.
Sadam empezó a negociar el fin de las sanciones anglo/norteamericanas y se preparó para lanzar al mercado su petróleo en grandes cantidades; se le ocurrió la idea de que los pagos tendrían que hacerse en euros, en vez de dólares y ¿qué habría que hacer con el precio del petróleo, que antes de 2003 estaba a 30 dólares el barril?
Veamos la escalada de precios desde entonces. De 1999 a 2000, de golpe, el precio del barril pasó de 10 a 30 dólares. No puede entenderse la escalada de precios sin considerar la conducta del principal aliado americano, Arabia Saudí. Lo que se buscaba con la invasión de Irak era en realidad aumentar el precio del petróleo, cuyos primeros beneficiarios serían los aliados árabes de las grandes compañías americanas. En 2005 los ingresos por la venta de petróleo saudí ascendieron a 157.000 millones de dólares ( un incremento del 48%). Claramente los árabes y otros países productores se han beneficiado del caos en Irak donde apenas hay gasolina para sus habitantes. Las multinacionales se han beneficiado todavía más, pues en realidad son las dueñas de esos países. Exxon Mobil se embolsó 36.000 millones de dólares en 2005, y lo mismo la empresa de Cheney, Halliburton. El alza del petróleo beneficiada a las industrias alternativas que han recibido fuertes inversiones en plantas de etanol y biodiésel, así como en generadores de viento y paneles solares. Entre los contribuyentes más importantes a la campaña de Bush se hallan las principales compañías energéticas y de petróleo ( en dólares: Enron, 1,8 millones; Exxon, 1,2 m;Koch Industries, 976.000; Southern, 900.000; BP Amoco, 800.000; El Paso Energy; 800.000; Chevron Oil Corp, 780.000; Reliant Energy, 642.000). Saquen ustedes mismos las conclusiones.

©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"
Foto de portada: Jacob Silberberg

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
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