
Colombia y Ecuador tienen algunas similitudes dramáticas: se trata de dos países que no han conseguido liberarse de la zarpa “neoconservadora” de la actual camarilla gobernante en la Casa Blanca y en el Pentágono. Sus castas gobernantes se asientan sobre poblaciones indígenas cada vez más empobrecidas, pero también cada vez más conscientes de sus derechos y más dispuestas a rebelarse y a salirse del gueto de una violencia guerrillera que sólo ha servido para perpetuar la miseria y crear nuevas castas privilegiadas
El paradigma de lo que acontecerá en Ecuador es el sector arrocero mexicano. El Tratado de Libre Comercio fue para los arrozales mexicanos un tsunami. Debería servir de alerta roja para cualquier país agrícola que tenga productos agroalimentarios hipersensibles ante los alimentos multimillonariamente subsidiados de Estados Unidos.
Mientras otros países de la inmensa región suramericana están emprendiendo un camino de reconstrucción nacional que puede llevarles al final del túnel, Colombia se desangra físicamente en una guerra civil cuyo final es entorpecido tanto por la incompetencia gobernante sobre el propio país, como por los intereses inconfesables de la camarilla mencionada.
He recibido una carta/comunicado de mi viejo amigo- y otrora vecino en el Distrito Federal mexicano-, el infatigable intelectual y ya maduro galán de teatro Harry Gayner, en la que hace un llamamiento para cambiar las cosas en su país.
Se lamenta Gayner de que los colombianos hayan conseguido el liderazgo de la ingenuidad al creer que el presidente Álvaro Uribe Vélez es un gran gobernante por el hecho de haber conseguido éste que el gobierno de los Estados Unidos conceda al de Colombia unos 3000 millones de dólares al año con el fin de adquirir armas para matar a los compatriotas que no piensan como él.
- Mientras los pueblos de las naciones de América Latina abren los ojos y comienzan el proceso de reclamar lo que legalmente les pertenece por derecho humano, los colombianos seguimos en un letargo profundo- dice Gayner.
El ex galán de la escena colombiana- hoy algunos de sus hijos han conseguido llegar también al estrellato- es sobre todo un veterano de la lucha política, como él mismo recuerda en su carta. Desde los primeros meses del mandato de Uribe, él y su grupo le advirtieron de que si no modificaba el enfoque de la problemática de las mayorías nacionales colombianas, visible en los escasos resultados económicos y sociales del sistema, no llegaría a resultado alguno. Es el enfoque, pues, lo que falla. Los problemas no se resuelven desde el punto de vista militar.
Gayner lleva casi veinte años tratando de demostrar a sus compatriotas- y en especial a los gobernantes, los principios de lo que él llama “Nueva Economía Social”. Esos principios le fueron ofrecidos a Uribe como punto de partida en las conversaciones que debería emprender con la guerrilla. Habrían sido una buena oportunidad para no correr la misma suerte de sus antecesores que pasaron como presidentes grises, sin pena ni gloria, al no lograr la paz y sólo ofrecer a las mayorías nacionales pobreza y miseria.
Uribe prefirió seguir los consejos de su Comisionado para la Paz que no ve más allá de sus narices y, así, le ha ido.
- No se ha logrado la paz ni la logrará, por más apoyo que pueda brindarle el 20% de la población que es para la que él gobierna, mientras el 80% restante tiene que vivir por la gracia de Dios. Son muchos los niños que aún van a la escuela sin desayunar. No estamos exagerando. Mientras el presidente y sus colaboradores, por estar poseídos de la soberbia del poder, sienten desprecio e indiferencia por los simples ciudadanos, las mayorías nacionales presentan este cuadro patético de pobreza: El 60% de los colombianos carecen de dinero para adquirir los productos y servicios básicos de la canasta familiar. Por lo tanto, 37% son pobres y el 23% viven en la miseria. Pero lo peor de todo es que, en los años del actual gobierno, no sólo los pobres han aumentado sino que son cada día más pobres, de acuerdo a la Contraloría General de Colombia.
Harry Gayner insta a los colombianos a integrarse en la sociedad civil, a unirse a y utilizar la fuerza emanada del voto razonado.
Por otra parte tengo una comunicación de Pedro López Juiz, Presidente de ARAS (Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros), sobre las consecuencias de la firma de un Tratado de Libre Comercio entre Ecuador y los EEUU, similar al que ya se hizo, en 1994, entre éste último país y México y Canadá. Según Pedro López, los estudios basados en diez años de existencia del Tratado de Libre Comercio entre EEUU, México y Canadá demuestran que ha sido un desastre para la mayor parte del pueblo de México y una bonanza para las multinacionales de Norteamérica.
El presidente de ARAS pone el énfasis en el fracaso de la agricultura, el sector más afectado por el acuerdo comercial. Dentro de la agricultura, el sector más golpeado fue la actividad de ciclo corto, como granos y oleaginosas. Curiosamente, es un decir, estos resultados funestos fueron anticipados por el propio Fondo Monetario Internacional en un boletín del 10 de agosto de 1992. Las organizaciones agrarias de Ecuador temen que los resultados serán peor en su país, dadas las circunstancias de superior grado de asimetría respecto de EE.UU.
En un índice de desarrollo humano (año 2000) dentro de los países de todo América, Ecuador ocupa el puesto 27 entre 34 países en total, México el 14, y Estados Unidos el 2. Por otro lado en un estudio de vulnerabilidad ante los acuerdos del TLC (año 2003) hecho entre 18 países dentro del cual el primer puesto indica la mayor vulnerabilidad y el lugar 18 refleja la menor, Ecuador se coloca en el puesto 2 y México en el puesto 16, superado sólo por Costa Rica y Uruguay.
Añade Pedro López:
- Mientras que Ecuador tiene una población de 12 millones, Estados Unidos goza de una de 285 millones. Es decir, Estados Unidos es 24 veces más grande que Ecuador en términos de población. Entonces sólo de esa asimetría podemos inferir que los efectos producidos por cualquier movimiento de productos de un país a otro serían como mover la población de Guayaquil, Guayas a Montalvo, Los Ríos, es decir, desastrosos, o como mover la población de Montalvo a Guayaquil, es decir, equivalente a la picada de un mosquito, insignificante. México contiene una población de 100 millones de habitantes y por lo tanto es 8 veces más grande que Ecuador en ese sentido.
En cuanto al PIB (Producto Interno Bruto), Ecuador produce 31.722 millones de dólares, México 428.800, y Estados Unidos 8.351.000. En otras palabras, el PIB de Estados Unidos es 19 veces mayor que el de México y 263 veces mayor que el de Ecuador. Entonces se puede concluir fácilmente que los efectos del TLC con Estados Unidos serán muchos más fuertes para el Ecuador que para México.
Por estas razones, según el dirigente agrario, lo que ha sucedido en México después de una década de TLCAN debería asustar de sobremanera al pueblo ecuatoriano, puesto que no augura nada bueno para el país andino, país que sufre de muchas más desventajas que el primero y se encuentra totalmente carente de una agenda interna para la activación productiva y es ciego en cuanto a visión futurista.
- Pero esa historia mexicana sí tiene un alto valor utilitario en el sentido de que nos alerta a todos a los peligros que correría Ecuador, o cualquier país latinoamericano, que firme un TLC con EE.UU., pues estaría botando su futuro al basurero, convirtiéndose en colonia del Imperio del Norte y en campo de concentración fabril de las multinacionales estadounidenses.
El paradigma más idóneo de lo que acontecerá en Ecuador es el sector arrocero mexicano. Con el TLCAN, lo que le cayó encima a los arrozales del país azteca fue un tsunami. Esto debería servir de alerta roja para cualquier país agrícola por excelencia, como Ecuador, que tenga productos agroalimentarios hipersensibles ante los alimentos multimillonariamente subsidiados de Estados Unidos. En México hoy el 80% del arroz consumido proviene de Estados Unidos. Antes del TLCAN, en México se sembraban 250,000 hectáreas de arroz y había 30,000 arroceros. El terremoto del TLCAN dejó sólo 70,000 hectáreas y 5,200 productores.
El rostro “neocon” que tantas veces hemos desenmascarado a propósito de los grandes planes estratégicos, no debe dejar en la sombra lo que ocurre con el dominio de la política sobre la economía. Efectivamente, todo es economía. El resto, opresión. Como dice Pedro López, la causa principal del hundimiento del sector mexicano se debe a que el arroz de los Estados Unidos está fuertemente subsidiado. El gobierno de los Estados Unidos, que impone “el libre comercio” fuera de sus fronteras, subvenciona abiertamente a su producción nacional, con el agravante de que los mayores perceptores de esa ayuda son las multinacionales del complejo agroalimentario.
- Sólo una mega-empresa arrocera como Riceland Foods Inc. de Stuttgart, Arkansas (Estado del que fue Gobernador el ex-presidente Bill Clinton) recibió $533 millones de dólares entre 1994 y 2005. Ese tipo de exagerada concentración de poder económico en las multinacionales pavimenta el camino para que éstas puedan pulverizar las humildes economías agroalimentarias de los países en desarrollo como México y, en un futuro, Ecuador.
En 2002 México hizo un último intento patriótico por salvar su arroz, imponiendo aranceles al arroz de grano largo estadounidense bajo la premisa de que dicho arroz se vendía a un valor por debajo de sus costos reales, es decir, que Estados Unidos exportaba su arroz a precio de dumping. Entre 2000 y 2003, Estados Unidos promedió un costo total de producción de arroz procesado de 46 kg de 18.54 dólares, mientras que su precio promedio de exportación para dicho grano fue de 12.43 dólares. Esto es un innegable ejemplo clásico de dumping. Sin embargo, cuando en el año 2003 Estados Unidos elevó a la OMC el caso de los aranceles mencionados en la forma de un litigio en contra de México, la Organización Mundial de Comercio extrañamente falló en el mes de diciembre del 2005 a favor del Imperio. De tal manera que ya deberíamos comenzar a preguntarnos: ¿De qué no son dueños los Amos del Universo?
En efecto, termina diciendo Pedro López -a cuyo discurso se unen los “Embajadores de los Pueblos Indígenas” a través de nuevas y ya poderosas organizaciones- lo quieren todo y no dejan en paz ni la agricultura del los más pobres del planeta, el arroz. A través de la nanotecnología, quieren adueñarse del mundo del átomo. A través de los subterfugios de la Propiedad Intelectual, exigen Título de Propiedad de la vida misma. A través de la NASA, anhelan conquistar nuestra Luna y Marte y el resto de nuestro sistema solar, para desde allí saltar, como Ícaros arrogantes, hacia las estrellas, las mismas que adornan su bandera, que en otra época para muchos significó valores trascendentales como la libertad y la igualdad pero que desde hace un tiempo para acá un puñado de malvados han secuestrado y convertido en símbolo de la codicia sin límites, la opresión inhumana, y el imperialismo desquiciado.
©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"