CHINA E INDIA, LOS MODELOS PERVERSOS DEL CRECIMIENTO

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El rápido crecimiento de India y especialmente el de China están basados en un modelo todavía más perverso que el modelo colonialista. El uno y el otro suponen la producción masiva de mercancías, en condiciones laborales esclavistas, que no son consumidas por la mayoría población local sino que van destinas a los países consumidores mundiales, sobre todo de Occidente, y de cuyo resultado económico sólo se benefician las amplias castas de funcionarios y de dirigentes.
No es necesario dar todos los datos de los que se dispone para trazar el retrato perfecto del caos. Bastarán unos cuantos. La tasa de crecimiento de la producción industrial de China aumenta a un ritmo de más del 16% anual. China acapara más del 7% del consumo mundial del petróleo, el 27 por 100 del acero, el 31 por 100 del carbón y el 40 por 100 del cemento. Devora incesantemente la producción mundial de materias primas que se producen en cualquier parte.
Mientras tanto aumentan los desequilibrios internos. La población sufre una catastrófica situación medioambiental que está en el origen de muchas epidemias que van diezmando a la población. Dos tercios de las ciudades mayores de China carecen de agua potable en condiciones aceptables, unas 700 millones de personas beben agua contaminada; están agotándose sus reservas pesqueras y el Norte de China, donde 200 millones de campesinos producen la mitad de los cereales que se consumen en el país, se está secando a ritmo acelerado. El gigantesco crecimiento de China produce consecuencias castróficas en la inmensa región asiática. El sureste asiático sufre el impacto del plan chino de construir docenas de presas gigantescas a lo largo del Mekong, del Salween, del Irrawaddy y del Brahmaputra.
Los dirigentes de China y de India hoy son tan depravados como lo fueron las castas privilegiadas que colaboraron con los ingleses para saquear sus países provocando la miseria de centenares de millones de personas mientras ellas se enriquecían desmedidamente. Hoy ocurre lo mismo. Los hijos de las clases altas son enviados a estudiar en las universidades europeas y americanas, se occidentalizan, se lavan la cara y tranquilizan sus conciencias diciendo que pretenden modernizar el país, pero desprecian sus tradiciones, dejan que se perpetúe la miseria y ayudan a extirpar lo más valioso de lo que queda de la cultura antigua.
Según un informe oficial sobre el Desarrollo Social de la Nación, el 26% de los hindúes, es decir unos 260 millones de personas- de las cuales 193 millones viven en zonas rurales y 67 en zonas urbanas- se hallan en la más horrenda pobreza. Algunos observadores corrigen la cifra hasta llevarla a los 400 millones. En cualquier caso es absolutamente intolerable que la primera cifra, es decir casi dos veces la población de Japón, viva, es un decir, en esas condiciones mientras se celebra el “éxito económico de India”. Es cierto que la India ha experimentado un crecimiento real, pero sólo ha afectado a un segmento muy estrecho de la población. Desde su independencia India consiguió crecer y llegar a producir excedentes alimentarios, a causa de las grandes inversiones agrarias en la década de los 70. Pero el desarrollo agrario sirvió para mantener en el sector a un gran número de personas que no recibieron educación secundaria. Un nuevo programa del gobierno para unos 60 millones de personas de población rural les garantiza al menos 100 días de trabajo al año por persona (con un jornal diario de un dólar y medio) El gobierno no dice cómo van a resistir los otros 265 días del año.
De esta forma India ha dado un gran salto en la adquisición de tecnología nuclear y espacial, pero no ha logrado llevar el desarrollo al conjunto del inmenso territorio La clase dirigente India muestra un evidente desprecio por la población, la inmensa mayoría de la cual forma parte de un ejercito laboral en reserva, permanentemente en la miseria, arrojado a su propia suerte, y a la espera de una mínima oportunidad que sólo sirve para perpetuar su miseria. Entre 1993/94 y 1999/2000 la economía creció un 6.5% anual mientras que el empleo sólo lo hizo en 1 %. El empleo propiamente industrial/manufacturero sólo ocupa unos 6 millones de personas, es decir el 1.5% de la fuerza de trabajo. El sector tecnológico más avanzado sólo ocupa a un millón de empleados.
La India que tradicionalmente había vivido en un sistema de división por castas, sufrió con la ocupación británica un nuevo tipo de exclusión puesto que fue condenada a servir de productor de materias primas agrarias, con la finalidad de producir alimentos para los ejércitos imperiales repartidos por todo el mundo. Los ingleses se apoderaron también el las grandes reservas de minerales, carbón, cobre, zinc, plata, oro y otros para cuya extracción usaron grandes masas de población condenadas a trabajar sin otra perspectiva, mientras que seleccionaban a una parte de la población, procedente de las castas privilegiadas, para educarla al modo británico, enviado sus hijos a Inglaterra para educarlos como administradores de la colonia. Adoptaron el inglés y el modo de vida occidental, lo que creó una nueva casta privilegiada.
Mediante tarifas, exportación competidora de mercancías industriales baratas, implantación obligatoria de cultivos y desintegración del sistema tradicional, Gran Bretaña, a través de la East India Company, arruinó la economía agrícola y manufacturera de la India, transformándola en su apéndice agrario y de materias primas. Millones de obreros hindúes de la industria textil, metalúrgica y alfarera quedaron sin trabajo. “Un hambre- dice L.Kniazhiskaia- que de ningún modo estaba ligada a cataclismos, envolvió al país; el siglo XIX fue para la India el siglo de las hambres más feroces y de las crisis demográficas más duraderas, durante las cuales el efecto de la elevada natalidad quedaba reducido a la nada debido a los incrementos bruscos de la mortalidad. Las hambres menudearon sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la India, después de la apertura del Canal de Suez, se transformó en el exportador principal de trigo a Inglaterra y a otros países occidentales”.
Ya en 1770, a principios de la pésima administración de la East India Company, se desencadenó una hambruna durante la cual perecieron diez millones de personas. En el transcurso del siglo XIX Bengala soportaría en total cerca de treinta años de hambre que se llevaron a más de treinta y dos millones de vidas humanas. Pero bajo ninguna circunstancia el gobierno colonial interrumpió la exportación desde Bengala. Los graneros de los señores feudales y las casas de comercio rebosaban de productos alimenticios, pero el poder colonial se rebajó hasta proceder a una distribución de alimentos a los hambrientos, tan sólo para agrupar a la masa de seres humanos moribundos en un único lugar y facilitar con ello el retiro de cadáveres.
Las escasas inversiones de capital que hicieron los ingleses en la economía rural de su “perla” fueron utilizadas principalmente para fomentar los cultivos de exportación, cuya producción aumentó desde los años 1890 hasta el principio de 1940 en un 85 por ciento mientras disminuía la producción para el consumo interior.
Hoy la situación no ha mejorado para la inmensa mayoría de la población, que sólo ansía ver cumplidos los ciclos del auge y caída de las civilizaciones. La casta privilegiada se ha convertido en una mera servidora de personal especializado que trabaja al mínimo coste. La eliminación de la pobreza en India está ligada a la reconstrucción del país. Para empezar se necesita llevar la educación y los servicios de sanidad a las zonas rurales para eliminar el cólera, la tuberculosis y crear una infraestructura sanitaria. También es imprescindible crear las infraestructuras de comunicación para trazar nuevas carreteras, autopistas, ferrocarriles – que no han experimentado mejoría alguna en años: algunos ferrocarriles son todavía de la época de la colonia.
El primer ministro Manmohan Singh ha calculado que el país necesita 150.000 millones de dólares para invertir en carreteras, puertos y otras infraestructuras en los próximos ocho años para acelerar el crecimiento económico, y espera que lleguen inversiones de fuera ( en lugar de organizar la economía interior para empezar a crearlo desde dentro). Para lavar la cara el primer ministro reveló un plan en 2004 llamado Bharat Niman y prometió invertir 40.000 millones de dólares hasta 2009 para conectar las 838.000 villas y ciudades del país a través de carreteras, electricidad y telecomunicaciones, suministrar agua potable y crear 10 millones de hectáreas de nuevos regadíos, y construir 6 millones de casas. Parece mucho pero es una gota de agua en el océano inmenso de las necesidades, y aún así prácticamente no se ha hecho nada todavía.

©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
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