
El inmenso territorio de India es una “excepción” en el mapa: todos sus vecinos son completamente diferentes a él. Todas las grandes potencias han intentado establecer alianzas con India no para el desarrollo de su territorio sino para enfrentarla a las otras grandes potencias de la zona. Así Rusia, como la antigua Unión Soviética, busca a India como su mejor socio para lograr la hegemonía en la zona. Cualquier gran potencia que se asocie con India puede aspirar a dominar Asia. En la moderna “guerra prolongada activa”- que sustituye a la “guerra fría”- India tiene especial interés en el gran continente para acorralar, encerrar- y si procede, aniquilar-al populoso mundo islámico, casi mil quinientos millones de habitantes, la mayoría de los cuales habitan en los alrededores de India. Por desgracia para Pakistán y para Irán la radicalización de los islamistas no sólo les aleja de entrar en el club nuclear, sino que están haciendo méritos para sufrir la represalia que puede incluir el castigo nuclear. Sépanlo de una vez: el mundo está amenazado por una partida de locos – o en posesión de informaciones terroríficas que les hacen aparentar serlo- dispuestos a hacerlo saltar por los aires (si los Dioses, nunca mejor dicho al tratarse de India, no lo impiden).
Aquellos a los que les pareció un disparate la posibilidad de que el tsunami de diciembre de 2004 fuera causado por la prueba/explosión de un ingenio nuclear conjunto entre India e Israel- en una zona tradicionalmente empleada para pruebas nucleares, lo que sin duda castigó severamente el fondo marino- deberían meditar el profundo sentido estratégico que tiene el acuerdo indo/norteamericano para el desarrollo de la tecnología nuclear en India. Deben considerar además que esta es la parte visible del tratado que aún así no deja de ser sorprendente, si nos atenemos a las sanciones y embargos que pesan sobre el país anfitrión.
India tiene un gran historial en el desarrollo científico técnico y una más que notable experiencia en tecnología nuclear: sus dirigentes tuvieron la lucidez y el coraje de llevar a cabo su programa nuclear en contra del criterio restrictivo del club nuclear occidental. Bien es verdad que India no pudo ser colocada nunca en el “eje del mal”, puesto que no es islámica y además lleva la delantera en algunas cuestiones supersecretas a los propios Estados Unidos.
Lo más llamativo del desarrollo indio fueron los logros alcanzados en tecnología de punta en algunas áreas como la energía nuclear y la espacial.
Gracias al programa lanzado por el presidente Eisenhower ( Átomos para la Paz) India pudo contar con equipos científicos muy cualificados en estas materias, pero pronto la guerra fría y los incipientes neoconservadores se empeñaron en paralizar la energía nuclear en los países en vías de desarrollo. India se resistió y siguió su camino, bajo la dirección del gran científico de física nuclear Homi Bhaba que impulsó un programa nuclear basado en tres fases de desarrollo. La primera generación de reactores nucleares de India utilizaba como combustible uranio natural y agua pesada como refrigerador. Dada la escasez de uranio se pasó a una segunda fase de reactores más rápidos que además de producir electricidad generaban plutonio para alimentar a reactores de tercera generación. Estos utilizaban como combustible el torio, del que India tiene grandes reservas (cerca de 300.000 toneladas). India tiene en la energía nuclear su mayor fuente de aprovisionamiento, seguida de las centrales térmicas de carbón y de la energía hidráulica. India se enfrentó a la comunidad internacional por su programa de defensa nuclear y sufrió sanciones que le privaron de acceso a tecnología, pero continuó con su esfuerzo independiente y está a punto de poner en marcha la primera de una serie de reactores de alimentación rápida capaces de generar plutonio para futuros reactores alimentados con torio.
El padre de la bomba atómica india, el científico Avul Pakir Janiulabuddin Abdul Kalam, desarrolló al mismo tiempo la tecnología de los misiles para transportarla. Fiel al proyecto político moderno indio de asumir la tradición antigua y adaptarla a las necesidades actuales, el Abdul Kalam bautizó Agni a su primer misil experimentado en 1989, y diez años después ratificó el éxito que debía ser apropiado, según sus palabras, a la capacidad de una nación de mil millones de habitantes. Justo ese año, 1998, Abdul fue considerado en una encuesta pública como el vigésimo personaje más importante en los últimos 50 años, después de Ghandi. Abdul Kalam es considerado como un héroe nacional, poeta, científico, historiador y administrador. En uno de sus libros “Tumult” se pregunta: “¿ Exploro el espacio para extender la ciencia o construyo armas de destrucción?” Abiertamente confiesa en otro poema dedicado al misil Agni que provocará un viento “para crear un nuevo orden, un Orden de fuerte y atronador fuego”. El científico poeta desarrolló con éxito el programa de misiles, colocando a India entre las potencias mundiales del espacio. Ha dirigido el proyecto del cohete de lanzamiento SLV-3 que colocó en órbita el primer satélite de la India, el Rohini, en 1980.
Abdul Kalam, cuyas raíces tradicionales indias le llevan a buscar nombres védicos para sus inventos es musulmán, pesar de haber estudiado en un instituto católico y después en St. Joseph’s Collage y posteriormente en el Instituto Tecnológico de Madras, gracias a un mecenas hindú que se apiadó de su pobre condición. Hijo de pescador, se hizo a sí mismo. Nació en Khan, cuando la India era todavía británica. Se ha convertido en especialista de textos védicos, escritos en sánscrito y en tamul. Fue tan brillante que en la época en que los Estados Unidos realizaron un esfuerzo para separar a India de sus simpatías con la URSS, fue elegido, en 1963 y en 1964, para pasar cuatro meses en el Centro Espacial de la NASA en Langle y en el centro de pruebas en la Isla de Wallops, Virginia, donde se hizo especialista en sistema de integración (el corazón de la gran tecnología occidental). Allí, a partir de la atenta observación del cohete Scout, obtuvo experiencia para diseñar sus propios cohetes Agni. El Scout había sido diseñado hacia el final de la década de los 50 como una forma rápida y barata de colocar satélites de investigación en órbita. En 1960 se lanzó el primer cohete impulsado por combustible sólido ( cuarto estado). Tres años más tarde la India invitó a los Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética para colaborar en un vasto programa espacial para usos civiles. Entre 1963 y 1975 se lanzaron más de 350 cohetes que los USA ayudaron a diseñar. Abdul Kalam trabajó después para la Organización India para la Investigación del Espacio, dependiente de la Comisión de Energía Atómica India, dirigida por Homi Bhabha, padre genuino de la bomba atómica india En 1965 ambos, Abdul Kalam y Bhabha, idearon un plan para adquirir el Scout y pidieron a la NASA información económica y técnica, cuyo encargado les contestó que tratándose de cohetería no clasificada el Departamento de Estado no vería inconveniente alguno. La Nasa empezó a enviarles informes técnicos, pero al final el gobierno norteamericano mandó parar la colaboración. Abdul Kalam perseveró y al final consiguió que el Scout se convirtió en el primer cohete espacial de lanzamiento indio V-3, para colocar satélites en órbita. Abdul Kalam hizo lo mismo con Francia que le proveyó del cohete de propulsión Viking, una de cuyas varientes es el actual misil indio Prithvi. La Unión Soviética que había lanzado los primeros satélites de India formó a los ayudantes científicos de Kalam. Los alemanes les enseñaron a desarrollar los test de simulación par alcanzar grandes altitudes, a construir instrumentos de verificación, y les facilitaron la compra de equipos electrónicos, y túneles de viento para tests como los que se usaban para los SLV-3; les vendieron segmentos anulares de cohetes trabajaron conjuntamente en el desarrollo de ordenadores para pruebas de guía de misiles con su carga. También le suministraron software para el análisis orbital de los satélites, e incluso les suministraron ayuda con compuestos de carbón. En 1983 Abdul Kalam, en marcha su gran programa especial, fue nombrado jefe del Programa Integral de Misiles Guiados.
De ahí salieron todos los misiles con nombre hindú Prithvi ( tierra), Akash ( cielo), Nag (cobra) y Agni (fuego). Si los expertos en inteligencia militar lo son también en ciencias antiguas sabrán descifrar el objetivo estratégico que se esconde detrás de esas denominaciones. Ciertamente la India ha desarrollado su completa flota de misiles con la colaboración de las principales potencias industriales del mundo occidental. India se ha hecho inmune a un hipotético embargo cuyas sanciones harían poco daño al aparato indio, que posee un eficaz sistema para burlar las restricciones. La habilidad de Kalam se anticipó al problema y formó un consorcio para disponer de componentes sensibles. Disponen de industrias, laboratorios e instituciones académicas preparadas para resolver problemas diversos. En 1990 Kalam fue nombrado jefe del programa nuclear indio, cuyo secretismo es completo No solamente estuvo al cargo del armamento nuclear, sino de los departamentos de investigación avanzada para el Combate en Aire y para los grandes campos de batalla en tierra. Se dice que conoce todos los versos del poema Bhagavad-Gita, uno de los cuales se refiere al terrorífico poder de las armas capaces de destruir los mundos
©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"
Imagen: ilustración del poema Bhagavad-Gita