
© Eliseo Bayo
El movimiento islámico Hamas ganó por suficiente mayoría las elecciones parlamentarias, dejando atrás al partido gobernante de Al Fatah. Citando cifras de la Oficina Electoral el representante de Hamas dijo que la organización había ganado 75 escaños de los 132 de que consta el Parlamento. Votaron más de un millón de palestinos residentes en la Franja Occidental, en Gaza y en Jerusalén Oriental. El entusiasmo popular partidario de Hamas se dejó sentir en toda la zona Gaza y la Orilla Occidental, donde ondearon banderas y se dispararon los fusiles al aire. Hubo enfrentamientos entre los palestinos moderados, pertenecientes a los sectores más ricos de la población y a los estamentos ligados al partido gobernante, y las masas populares exacerbadas por años de odios, de resentimientos y de impotencia.
El jueves 26, antes de que se anunciara oficialmente el resultado de las elecciones, dimitió el primer ministro palestino Ahmed Qureia con todo su gabinete. Sin andarse por las ramas el líder palestino Mahmoud Abbas pidió a Hamas que formara el nuevo gobierno. El principal líder de la formación triunfadora, Khaled Mashaal, le contestó que su organización estaba preparada para aceptar compartir el poder. En principio la oferta fue rechazada. Los perdedores no habían asimilado aún el alcance de su derrota. El diputado de Fatah, Saeb Erekat, se limitó a decir que su partido no quiere formar gobierno con Hamas, “sino que ejercerá una oposición leal y los dirigentes se dedicarán a reconstruir el partido”. Matizó que esa no era una decisión oficial todavía. Por su parte Abbas, que llegó a la presidencia hace un año, continúa en el cargo aunque siente que la tierra se mueve demasiado bajo sus pies. Anunció que dimitiría si no consigue llevar a cabo su agenda de paz.
La reacción inmediata de los líderes políticos de la región- y de gran parte de la comunidad internacional- fue afirmar que el proceso de paz en Oriente Medio entraba en crisis. La primera condición para el reconocimiento del nuevo gobierno de Hamas, en el caso de que pueda formarlo, será que renuncie expresamente a la violencia y reconozca el derecho de Israel a existir, extremos que le han llevado precisamente a la victoria. La victoria de Hamas sorprendió a los principales líderes políticos mundiales que no esperaban tales resultados. Los Estados Unidos y la Unión Europea tendrán que resolver qué hacer con un partido gobernante que figura en la lista de las organizaciones terroristas que ellos mismos han elaborado.
El presidente Bush advirtió que los Estados Unidos no tratarán con líderes que no reconocen a Israel su derecho a existir “porque significará que no están por la paz sino por la destrucción, y nosotros estamos por la paz”. Condoleezza Rice dijo que “la posición de los Estados Unidos sobre Hamas no ha variado”. “No se puede tener un pie en la política y el otro en el terrorismo”, sentenció. Berlusconi, con su proverbial agudeza diplomática, fue el primero en declarar una sentencia de alto contenido político, afirmando que eran “resultados muy, muy, muy malos”.
Para los políticos israelíes será muy difícil iniciar relaciones con un grupo al que consideran responsable de los ataques a su seguridad nacional y en especial de las incursiones suicidas que han causado centenares de muertos entre la población civil israelí. Según el diario Ha’aretz, los votantes palestinos saben que el resultado no tendrá influencia sobre la ocupación israelí. Pero las elecciones demuestran que los votantes entienden que no es posible echar la culpa de todos sus males sociales a la ocupación, sino que son asuntos internos derivados de sus propias decisiones políticas y sociales.
El primer ministro Ehud Olmert se mostró cauto y dijo que trataría la nueva situación con los veteranos del partido, acostumbrados a afrontar situaciones de riesgo y de emergencia.
Las esperanzas de Olmert de que los palestinos “no eligieran a los extremistas que les han llevado de tragedia en tragedia y a una vida horrible”, no se cumplieron. Dejó claro que Israel necesita retirarse de extensas partes de la Franja Occidental, aunque advirtió que los palestinos por su parte tendrán que “desmantelar los grupos terroristas, si esta fuera la opción preferida de un acuerdo negociado”. “Para lograr la seguridad del hogar judío nacional, no deberemos continuar en los territorios donde vive la mayoría de la población palestina”, declaró. Avisó de que Israel guardaría “zonas de seguridad”, mantendría los principales asentamientos y no renunciaría a tener a Jerusalén como la capital de Israel bajo soberanía judía.
El lider del partido Laborista Ami Ayalon dijo que Israel se vería abocado a tener que cambiar la ruta de seguridad de la Orilla Occidental, teniendo en cuenta la victoria de Hamas. El actual ministro de exteriores israelí Tzipi Livni pidó a la Unión Europea que no trate con “un gobierno terrorista”. Netanyahu se manifestó naturalmente en contra del resultado de las elecciones, diciendo que se había declarado una especie de estado islamista. En el fondo es lo que esperaba, lo que sabía y lo que más conviene a sus planes tan fundamentalistas o más que los de sus aparentes competidores.
El diario israelí Ma’ariv dice: “Hoy vemos a Hamas entrando en la vida política y en el parlamento palestino. Tanto si Israel quiere tener negociaciones con Hamas como si no, el resultado es el mismo. Cuando Ariel Sharon salió elegido los palestinos lo lamentaron. Pero es el hombre que se retiró de Gaza, y no Simon Peres. Las cosas que no conseguimos lograr serán logradas por Hamas y por Kadima. Quizás a través de las negociaciones, quizás por la guerra. De cualquier modo, estamos ante una rara oportunidad política que quizás no vuelva a repetirse”.
Los palestinos moderados reelegidos mostraron su preocupación por el significado del triunfo de Hamas. La diputada Hanan Asharawi dijo que temía que los militantes islamistas quisieran imponer ahora su agenda social fundamentalista y conducir a los palestinos al aislamiento internacional. Achacó a tres factores el triunfo de Hamás: la corrupción de Al Fatal, las duras medidas de Israel y la indiferencia internacional hacia los derechos palestinos. Dijo que la administración americana había calculado mal los resultados de las elecciones, observadas bajo la atenta mirada de expertos internacionales como Jimmy Carter y el primer ministro sueco Carl Bildt, “pero ya que insistieron en celebrarlas, tendrán que respetar y aceptar sus resultados”.
El diario palestino Al Ayyam dijo: “Hoy es un día de bodas, un día para sondear realmente al pueblo palestino. Pero tememos que esta boda democrática pueda convertirse en el funeral de la novia a causa de los parásitos que han emergido en los últimos años con la ayuda de algunas facciones y partidos que no son capaces de controlarlos. Cada ciudadano palestino quiere evitar que esta boda se convierta en un funeral”.
Otro comentario del mismo periódico añade: “La gente está a punto de ganar una de sus experiencias más importantes ejerciendo su derecho a la autodeterminación, incluso a pesar de la burla de la ocupación. Los pueblos árabes aprenderán de los palestinos que es posible resistir la ocupación por la fuerza, que es posible resistirla con negociaciones, y que también es posible resistir con la democracia”.
Durante la campaña electoral los líderes de Hamas dieron señales de que estaban dispuestos a abrirse a una nueva consideración sobre Israel, aunque el candidato Musir al Masri dejó claro que “ni las conversaciones de paz, ni el reconocimiento de Israel figuraban en su agenda”.
Portavoces de Hamas trataron de tranquilizar a la opinión pública internacional, a través de las televisiones de mayor audiencia como la BBC, proclamando que Hamas es un movimiento palestino maduro y responsable, políticamente abierto en Palestina, en el mundo árabe islámico y también en la escena internacional.
El primer signo de pragmatismo de Hamas vino del lider Mahmoud Zahar al afirmar que la organización estaba dispuesta a extender su tregua de un año si Israel se compromete a lo mismo.
El problema está en saber si se dispone de tiempo para cada uno de los distintos planes que contemplan las partes enfrentadas. Además es sabido que el reloj que marca las horas no está en Oriente Medio. Los muertos, la desesperación, la impotencia, la ira, la guerra bajo todas sus formas, los ponen tanto los palestinos ( unos pocos más) como los israelíes ( unos pocos menos), hombres, mujeres, niños, ancianos, pobres y ricos. Pero su destino no depende de ellos. Quizás a estas horas el reloj marca ya solo el tiempo que falta para que los muertos sean muchos más. Y no sólo allí.
© Eliseo Bayo, del libro Crónicas finales.