ISRAEL SIN ARIEL SHARON

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©Eliseo Bayo

Con la desaparición de la escena política de Ariel Sharon- tras su titánica lucha contra su gran aliada la Muerte- se esfuma uno de los personajes más enigmáticos y controvertidos de la política internacional. Con él se lleva los secretos y las claves de los asesinatos de Estado más pavorosos, las pistas de numerosísimos complots dentro y fuera de Israel, la agenda de los personajes tan honorables como siniestros que realmente mueven los hilos de la historia contemporánea, el conocimiento exacto del lugar donde se reúnen los mandos centrales del terrorismo (que en buena parte es invención suya), y el profundo manejo de las realidades esotéricas que pueden predecir incluso la cercanía del fin del mundo, puesto que aun siendo éste cuestión de decisión divina son los hombres del tipo de Sharon quienes se encargan de anticiparlo.
Ariel Sharon refleja con su tremenda personalidad todos los aspectos del drama y del choque entre intereses que mueven a los líderes y a las organizaciones de las tres grandes religiones salidas del mismo tronco y condenadas por aquellos a no entenderse y a llevar la infelicidad a la gente.


Ariel Sharon se ha ido sin haber hecho frente a sus tremendas responsabilidades por permitir las matanzas ocurridas en 1982 en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en Líbano, y en los de Jenín en los territorios ocupados. Ambas operaciones siguieron el esquema asesino de las incursiones de los escuadrones de la muerte dirigidos por Sharon, la “Unidad 101”, en 1953, contra civiles en los territorios ocupados e incluso en Jordania y en Egipto. Así ocurrió en la aldea de Qibya en la que sus ocupantes fueron encerrados en sus casas y quemados vivos. En la guerra de 1956 ejecutó prisioneros egipcios en masa, y de su mano salieron las órdenes y las indicaciones para eliminar a cuantos fueran por él declarados enemigos del Estado que quiso construir a su manera.
Sharon fue el principal ejecutor de la política de asentamientos masivos de judíos en los territorios ocupados, desde su puesto de Ministro de Agricultura en el gobierno de Menachem Begin. Desde 1977 a 1981 más de 25.000 nuevos ocupantes, la mayoría de ellos miembros de Gush Emunim, fueron llevados a los territorios ocupados con la esperanza de que allí se quedarían para siempre.
Sharon, el gran recolector de dinero- cualquiera que fuera su origen- para llevar a cabo sus planes políticos, utilizó los desplazamientos masivos para recaudar fuertes sumas de dinero. En 1979 cuando la Corte Suprema Israelí ratificó la legalidad de la compra de tierras en los territorios ocupados, los testaferros de Sharon adquirieron numerosos terrenos. Sharon promovió la creación de un movimiento para aprobar la anexión de los territorios ocupados al que se adhirieron numerosas personalidades norteamericanas. Fue el conspirador por excelencia, el gran Maestro de todos los Juegos. El Amo de los espías con permiso para matar a quién, dónde, cuándo y cómo quisieran. Jamás respetó a ningún otro país que no fuera el suyo, el inventado por él. Israel le pertenecía por completo. El destino personal de los judíos no existía fuera del marco diseñado por el más terrorista de los terroristas, el hombre de las mil caras, el viviente sin alma, el dueño de los secretos y el verdugo implacable de quien los traicionara. ¿Cuántos judíos leales, patriotas, religiosos, buena gente, fueron exterminados por el implacable conspirador?

Mientras estuvo en los gobiernos del Likud, entre 1977 y 1992, no sólo fue el “rabino” de Gush Emunim y de las organizaciones secretas judías, sino el que jugó un papel importante en la creación de Hamas, el grupo islamista palestino, formalmente fundado en 1988, con el objetivo de sustituir a la Organización para la Liberación de Palestina y para crear un movimiento de masas palestinas hacia Jordania con el lema de “Jordania es Palestina”. Sharon se rebeló contra Rabin cuando éste, de acuerdo con Arafat, firmaron en 1993 los acuerdos de Oslo. Muchas decisiones de Sharon tenían la finalidad de impresionar a los judíos norteamericanos para obtener grandes sumas de dinero en donaciones. Los odiaba porque habían decidido vivir en Nueva York o en cualquier sitio menos en Israel.
Personalmente detonó la crisis con los árabes al visitar, acompañado por más de mil paramilitares, los lugares santos del Monte del Templo llamado por los musulmanes Haram al Sharif, el 26 de septiembre de 2000. La flagrante provocación, con el gesto de reivindicar para siempre la presencia israelí sobre la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa, desencadenó la Intifada sangrienta que es el mejor escenario deseado por Sharon para cumplir sus planes.
Sin embargo Sharon, que es el mejor conocedor de los laberintos del poder en los Estados Unidos, fue el impulsor de la Cumbre de Jerusalén, una iniciativa paralela a otra también liderada por el controvertido Council on Foreign Relations (CFR). Las dos principales universidades judías de Nueva York (la Yeshiva University y el Jewish Theological Seminary) acordaron colaborar con el Council en un programa estratégico de gran repercusión para la formación de los futuros rabinos capaces de entender el diseño del Nuevo Orden Mundial. El objetivo es lograr la consolidación de un Estado palestino con fronteras provisionales. Por su parte el Jewish Theological Seminary pretende la participación de los clérigos islámicos más polémicos de Oriente Medio para lanzar conjuntamente un instituto del que salgan los futuros jeques, rabinos y clérigos cristianos moderados. De este espíritu participaba Juan Pablo II y sigue alentándolo su sucesor- y probablemente maestro- Benedicto XVI, ambos grandes iniciados en el conocimiento de los pasos de las organizaciones herméticas que a través de los siglos pugnan por un Solo Mundo, con un Solo Señor. El 29 de diciembre de 2005 la diplomacia vaticana seguía los pasos del acuerdo que había llegado con el gobierno israelí- más exactamente, con Sharon- para ceder al Vaticano algunos terrenos del Monte Sion en Jerusalén.
Naturalmente algunos creen que es demasiado escandaloso que el dirigente del CFR para estos asuntos en el Oriente Medio sea Stephen Frand Cohen, implicado en operaciones de lavado de dinero de unos 300 millones de dólares supuestamente procedentes de los fondos de Arafat en una banca suiza, y cuyo socio en Washington, el ex congresista por Utah Wayne Owens, fue encontrado muerto en una playa de Tel Aviv.
Ariel Sharon fue el principal impulsor de la Cumbre de Jerusalén, cuyo segundo encuentro se celebró en el hotel Rey David el 27-29 de noviembre pasados, bajo el lema “Construyendo la Paz con la Verdad”. Viniendo de él esta consigna resultó tremendamente polémica, empezando por los judíos ortodoxos (quienes ven en el plan de paz de Sharon una trampa antijudía) y por los islamistas radicales (quienes consideran que la Paz nunca puede llegar de los judíos). Para todos, el carnicero Sharon, el halcón, el mafioso, el instigador de asesinatos, era un enemigo del que no podía esperarse nada positivo. Sin embargo- o quizás por eso mismo- la Cumbre de Jerusalén, con ramificaciones en varios continentes, contaba con el apoyo de prestigiosos académicos, políticos y analistas políticos; aunque está dominada por los judíos conservadores, forman parte de ella conferenciantes cristianos e islámicos. Los radicales judíos están en contra de la idea de la cumbre de internacionalizar Jerusalén espiritualmente porque están seguros de que tras este proceso vendría la internacionalización política.
La asombrosa capacidad de iniciativa de Ariel Sharon incluyó su gran logro de atraerse al presidente del Laborismo Simón Peres para formar juntos un liderazgo compartido. Todo lo trastocó. Se hizo amigo de Kofi Annan, cautivó a los árabes y se atrajo a Javier Solana. Al final de sus días se convirtió en el más odiado por los judíos ortodoxos quienes veían en su dictadura no sólo el fin de los asentamientos, sino la más grave amenaza para la seguridad de Israel.
No le perdonaron su política de forzar la retirada de ocho mil judíos de sus casas en los territorios ocupados, siguiendo la política del Sionismo laborista cuyo objetivo, según los ortodoxos, es detener el resurgir religioso que había empezado con Gaza. Pero no es una oposición meramente religiosa sino que los ortodoxos piensan que al forzar a los judíos a abandonar sus hogares, especialmente Gaza, se fracturaría la sociedad israelí de tal forma que casi la mitad de los ciudadanos rechazarían en adelante la autoridad legal del gobierno israelí. Lo que significará el fin de Israel.
Los judíos de Gaza representan los más puros ideales del sionismo de liberación nacional, mientras que el Sionismo laborista es un injerto extraño en el cuerpo de los judíos que es necesario extirpar para la salvación de Israel. La fractura interior en la comunidad judía es más profunda e irremediable de lo que se piensa en el exterior. Pocos escritores se atreverían a publicar lo que dicen unos sionistas de otros. El propio Ben Gurion considerado el padre de la patria no se salva de acusaciones de haber cometido las más abominables acciones. La decisión de salir de Gaza fue tomada ya en 1993, cuando se acordó en Oslo entregar a la Organización para la Liberación de Palestina toda Judea, Samaria y Gaza y expulsar a los residentes judíos, al precio incluso de eliminar a los líderes religiosos y políticos, como así se hizo con muchos de ellos.
Pactos secretos entre los Estados Unidos, Israel y algunos componentes de la Autoridad Palestina están llegando a un acuerdo sobre el Oriente Medio. Egipto y Jordania aceptaron ponerse del lado de Israel coordinados por el gobierno de Sharon. El objetivo es neutralizar la resistencia armada palestina a la ocupación israelí, el cese de la violencia y una profunda reforma de la Autoridad palestina. A cambio, Ariel Sharon, que contaba con el apoyo de Bush, aceptó evacuar la franja Gaza y desmantelar los asentamientos judíos.
Durante las negociaciones con el Partido Laborista en octubre de 2000 sobre la posibilidad de formar un gobierno de unidad nacional con el Likud, el fiscal Dov Weisglass, más tarde atraído a su lado, le pidió a Sharon hablar con el entonces primer ministro Ehud Barak sobre la posibilidad de reabrir el Casino en Jericó, controlado por los palestinos. Según el Jerusalem Post el Casino era propiedad conjunta de la Autoridad Palestina, de los Casinos de Austria y del banco austríaco BAWAG y el judío austríaco Martin Schlaff, en negocios con el hijo de Sharon. Ahí se abrió un nuevo frente contra Sharon, tratando de involucrarle en las más negras operaciones. Pero Ariel Sharon no era un Pinochet cualquiera. No almacenaba dinero para sus fines particulares, sino para lo que el creía que debía ser el mundo futuro.
La última vez que habló con Juan Carlos I fue el 22 de noviembre de 2005 precisamente para rechazar la invitación de su amigo el monarca español para estar presente en el décimo aniversario de la Conferencia de Barcelona. El Rey de España- que aún sigue siendo su Católica Majestad en las agendas internacionales donde se juegan los destinos de las naciones- insistió en que la presencia de Sharon era fundamental para avanzar en las relaciones entre Israel y los países árabes, pero el viejo político se excusó alegando que lo que tenía que hacer- la puesta en marcha de un nuevo partido con Peres, el Kadima- era mucho más importante para que las cosas avanzaran en el sentido que el creía necesario. Quizás se pueda decir con razón que “después de él, el diluvio”.

© Eliseo Bayo, del libro Crónicas finales

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Eliseo Bayo

Artículos del libro: ©"Crónicas finales". Otra visión de la política internacional.
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