
©Eliseo Bayo
¿Hay alguna razón para declarar la guerra a Irán? ¿Suenan de nuevo los clarines de la guerra? ¿Quizás el año que empieza pueda ser el principio del fin de los que buscan en la guerra el pretexto para sus perversas ambiciones?
El Jerusalem Post del 31 de diciembre de 2005 inauguraba el nuevo año anunciando que el gobierno de los Estados Unidos había empezado a coordinar con la OTAN sus planes para una posible acción militar contra Irán. ¿Es sólo un globo sonda?
El periódico hebreo se hacía eco de lo publicado por el diario alemán Der Tagesspiegel, en el sentido de que el director de la CIA, Porter Goss, en su visita a Turquía (el 12 de diciembre de 2005) había pedido al primer ministro Erdogan que facilitara bases a los Estados Unidos para lanzar un ataque aéreo contra Irán en 2006. El periódico alemán añadía que algunos países vecinos de Irán, como Arabia Saudi, Jordania, Oman y Pakistan habían sido alertados sobre ese propósito sin especificar fecha. ¿Qué hay detrás de todo esto? Vayamos por partes.
A finales de diciembre de 2005, el poderoso lobby pro Israel en los Estados Unidos AIPAC (American Israel Public Affairs Comité) hizo circular entre los miembros del Congreso un documento en el que se califica la política de Bush sobre Irán de “peligrosa” y “perturbadora” e incluso denuncia que solapadamente puede estar ayudando a Irán a completar su programa nuclear.
La Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías se adhirió a esa acción, como antes lo habían hecho otras organizaciones similares. Se dijo que la Administración Bush se acercaba a las tesis de Putin, más conciliadoras en la cuestión iraní, sobre la base de recomendar que se evite en un próximo futuro una confrontación abierta con Irán en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La prensa controlada por los judíos dio amplia cobertura a los resultados de una encuesta realizada por el Comité Judío Americano. Según esta encuesta el 70% de los judíos americanos se opone a la implicación de los Estados Unidos en Irak (10% más que el público en general).
En noviembre pasado la creciente impopularidad de la guerra en Irak empujó al movimiento para la Reforma a hacer un llamamiento en su convención anual para exigir la retirada de las fuerzas americanas de Irak. La discusión en el seno de las organizaciones judías norteamericanas se convirtió en importante debate público tras la inserción en las páginas del New York Times de una página pagada por un grupo judío republicano en apoyo de Bush y en contra del Movimiento para la Reforma. Los resultados de la encuesta del Comité Judío Americano indican claramente una división en la comunidad judía de acuerdo con las corrientes religiosas: los ortodoxos en un lado (38% en contra de la guerra) y la Reforma y los Conservadores Judíos en el otro (78% en contra de la guerra).
La tesis de Bush es que su política en Irak y en Oriente Medio está encaminada a fortalecer la democracia en el Oriente Medio, lo que según él es la mejor política para la existencia y la seguridad de Israel.
Naturalmente no se puede hacer las dos cosas a la vez: exigir la retirada de las tropas de Irak y seguir a Bush en su política respecto de Irán. El lobby judío ha elegido lo primero.
Hay numerosas y sólidas razones estratégicas por las que a Israel en su conjunto- y no a un puñado de aventureros- no le interesa la guerra contra Irán. El territorio de la antigua Persia no figura en el mapa de las ambiciones territoriales del Gran Israel, por lo que es Siria y no Irán el objetivo a modificar. La población shiita iraní es un aliado objetivo de Israel contra el principal problema de éste, el mundo suní.
Israel no se embarcaría nunca en una guerra que no pueda ganar. En su caso además de las razones físicas y políticas de la geoestrategia, están el argumento psicológico y los intangibles históricos. Para asegurar su existencia Israel no puede cometer un solo fallo. Su seguridad está montada sobre el mito de que es invencible. Ya se sabe, y lo saben los israelíes, que Israel tiene que ganar cada vez que se presente la confrontación, mientras que sus enemigos sólo esperan a ganar una vez. Obviamente al pueblo de Israel le conviene más la paz que la guerra; el problema está en que sus dirigentes se han reproducido en el poder sobre la base de argumentar que la guerra – es decir, la confrontación armada mientras los palestinos no acepten definitivamente la existencia del Estado de Israel- es la única garantía de la paz.
Israel sabe perfectamente que el programa nuclear iraní no supone ninguna amenaza para su Estado, ni siquiera en el supuesto de que el gobierno de Irán se embarcara en un programa de compra de armamento nuclear. Israel es una potencia nuclear en la zona, con armamento nuclear secreto, incluidos los submarinos nucleares, y con medios más que suficientes para impedir a tiempo cualquier amenaza real cierta.
Irán es un país largamente demonizado por la prensa norteamericana, desde que en 1979 los estudiantes de la Revolución de Jomeini tomaron la embajada norteamericana y se apoderaron de 52 rehenes, exigiendo su liberación a cambio de la extradición del depuesto Sha de Irán. Ironías de la historía, Rezha Pahlevi- que acabó siendo un moderado y abiertamente pro occidental- había sido llevado al poder tras el golpe dirigido por la CIA, en 1953, para derribar al líder nacionalista Mohammmad Mossadeq. Este se había atrevido a nacionalizar el petróleo (aunque la excusa del golpe fue la de impedir el Comunismo, que era el fantasma de la época). El nombre del nacionalista depuesto no ha sido prácticamente mencionado nunca en los Estados Unidos.
Hay muchos incidentes secretos en las relaciones de la política norteamericana con los gobernantes iraníes. El gobierno de Irán tuvo que recurrir a comprar una página en el New York Times para explicar su posición estratégica en cuanto a la energía. A pesar de que Irán tiene grandes reservas de petróleo y de gas, necesita la energía nuclear para su desarrollo económico. Con un territorio de 1.648.000 km2 y una población cercana a los 70 millones de personas (que serán 105 en 2050), Irán necesita diversificar y asegurar sus fuentes de energía especialmente en la nuclear, como hacen los países desarrollados (a excepción de los pocos que voluntariamente renuncian a ella).

Como en el caso de Irak con las inexistentes armas de destrucción masiva, la cuestión nuclear es otro pretexto burdo. Los consejeros de Bush han empujado al presidente a reemplazar la figura caída de Saddam Hussein con la cabeza a cortar del actual presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad, quien por cierto no tiene pelos en la lengua a la hora de expresar libremente sus opiniones. Definitivamente, ¿qué hay detrás de todo esto?
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El peligro más serio que supone Irán para América no es su programa nuclear sino su plan para sustituir el dólar por el euro en las compras de petróleo. El presidente iraní está pensando en modificar los acuerdos de la OPEC que desde 1970 se pusieron de acuerdo para vender su petróleo sólo por dólares. Es sabido, aunque no admitido públicamente, que una de las principales rezones de los Estados Unidos para invadir Irak fue precisamente impedir que Saddam Hussein continuara con su política iniciada en 2000 de vender su petróleo en euros, lo que le permitió beneficiarse de la apreciación del euro sobre el dólar en un 17% entre 2000 y 2003. Otros países como Irán y Siria estaban dispuestos a imitarle. Los tres países recibieron fuertes amenazas, pero sólo Irak se mantuvo en el comercio del petróleo por euros. Naturalmente lo primero que hizo Estados Unidos tras la invasión de Irak fue volver al dólar.
Ahora Irán pretende no sólo vender petróleo en euros sino crear un Mercado de cambio en esa moneda. La Bolsa de Petróleo creará un precio standard basado en el euro que atraerá a muchos otros países deseosos de liberarse de las condiciones injustas que han debido sufrir durante años. Algunos Bancos centrales están desprendiéndose de sus reservas en dólares, temerosos de que los fundamentos de la economía norteamericana (500 mil millones de dólares de déficit federal y 700 mil millones de déficit en sus cuentas corrientes) no puedan sostenerse por mucho tiempo. Putin ha manifestado también su deseo de pasarse del dólar al euro. Rusia se beneficiaría de obtener una divisa más fuerte en su comercio y representaría una victoria política después de haber contemplado durante quince años cómo las grandes riquezas energéticas del Caspio fueron a parar a manos de la expansión norteamericana.
No hay ninguna excusa real para atacar a Irán, sino solo suposiciones de que quiere adquirir armamento nuclear. Irán ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear y está abierta a las inspecciones de buena fe.
El problema real es que Irán, como potencia tecnológica ascendente está iniciando una era internacional industrial post hegemónica, en la que los Estados Unidos son solamente uno más en el juego. Son estos los que tendrán que aprender a vivir en un mundo plural en el que sólo se podrá sobrevivir con el mutuo respeto.
© Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"