
©Eliseo Bayo
La cuestión estratégica fundamental hoy no es el “Choque de Civilizaciones” con el que se pretende explicar la autoría de los atentados del 11-S y la posterior reacción de los Estados Unidos – declarando la guerra al “terrorismo mundial”. No lo es la extensión del conflicto a los llamados “ejes del mal”, ni tampoco la explosiva situación en el Oriente Medio con la inminencia de guerra total entre israelíes y palestinos. No lo es siquiera el proyectado aplazamiento del “inevitable choque”, entre Oriente y Occidente en el territorio asiático. Todo esto son malas noticias y peores pronósticos que no han sido todavía desactivados, pero no son lo fundamental.
La cuestión estratégica más importante, en las últimas semanas del año 2005, está siendo la arrolladora respuesta de los ciudadanos norteamericanos en contra de la política neoconservadora de la camarilla de Washington.
Lo que está ocurriendo en Washington es la escenificación de una lucha de los representantes políticos por llevar a la práctica el deseo de la mayoría de los ciudadanos norteamericanos. Algunos analistas políticos califican de “titánica” esta lucha, y no les falta razón. Ya no se trata de personalidades aisladas, ni de grupos radicales. Ni siquiera de foros influyentes. Los dos grandes partidos estatales han coincidido en la necesidad de limpiar la política norteamericana: republicanos y demócratas, así lo expresan arrinconando al vicepresidente Cheney, forzándole irremediablemente a la dimisión, al mismo tiempo que ponen al descubierto los vicios y las corrupciones de esa macabra enfermedad llamada neoconservadurismo.
Ha sido la respuesta moral de los ciudadanos, al estilo de los viejos tiempos. Funciona una coalición de los dos partidos, dirigida por los líderes del Partido Demócrata y del Partido Republicano, que ha conseguido la colaboración de los Republicanos sanos contra la guerra, contra la tortura y contra las malas políticas económicas.
Otros analistas comparan la situación interna actual de los Estados Unidos con el clima de la guerra civil que movilizó a las fuerzas más sanas de la República por la defensa de las libertades y para construir una sociedad más justa y avanzada. La caída de Cheney amenaza con arrastrar al propio presidente, al dejarse enredar por el Gabinete de Crisis creado para dar respuesta al 11/9. De aquel siniestro y falaz Comité formaban parte Both Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Bernard Lewis y el intrigante Ahmed Chalabi que fue quien les metió a todos en el lío. Acordaron que el ex director de la Cía James Woolsey saliera en misión para Londres para imponer la tesis de que Saddam Hussein estaba detrás de los atentados de las Torres Gemelas y del Pentágono, como ya lo había hecho en 1993 con el primer ataque a las Torres Gemelas. Todo aquello fue una inmensa patraña, como las biografías de los supuestos terroristas que iban en los aviones, las armas de destrucción masiva, el tráfico de uranio enriquecido y los lazos de Sadam Hussein con Al Qaeda. Es un hecho, está demostrado en el Senado, que todos ellos mintieron. La guerra de Irak, además de un crimen contra la población civil y un error político colosal, es ilegal. Pero no dejó insensibles ni desmovilizados a los norteamericanos.
En mayo de 2005 los Demócratas consiguieron la mayoría aplastante en el Senado y lograron atraerse a un número considerable de Republicanos para llevar adelante una política nacional; ese “frente” formado por los dos partidos ha ganado la moción contra la tortura hasta el punto de que el vicepresidente no sólo se vio forzado a admitir que se había torturado a los prisioneros, sino que cometió el tremendo error de intentar legitimarla.
Se aprobó la Enmienda del senador Mc Cain por la que se impide usar dinero para la tortura. Ningún funcionario, ningún organismo, ningún departamento de policía ni ninguna “estación” de los servicios secretos podrán disponer de fondos para el trato a los prisioneros que suponga la utilización de métodos, instrumentos y situaciones de tortura, bajo ningún pretexto (ni siquiera por el viejo argumento de la seguridad nacional).
En un paso más adelante, 403 miembros de la Cámara de Representantes, Republicanos y Demócratas, repudiaron completamente la política de la guerra en Irak.

La moral y la política descansan sobre la economía sana. Durante muchos años los norteamericanos vieron cómo se arruinaba su gloriosa tradición industrial, cómo dejaban de ser un territorio de creación de riqueza y cómo la burbuja financiera, la especulación, la usura y los fraudes se adueñaban de su país y de sus ciudadanos. Eso está ocurriendo en todos los países industriales- y España no es una excepción-, pero han sido los norteamericanos los primeros en reaccionar.
Hay una fuerte decisión de defender el sistema privado de pensiones en los Estados Unidos, amenazado por los neos. Las grandes corporaciones han robado las pensiones de sus trabajadores y vaciaron los fondos. La gente se organizó para defenderse y para reconstruir el sistema privado de pensiones. La idea es crear entidades viables que garanticen la existencia de los fondos y el sistema de pensiones privados, junto al Sistema de Seguridad Social.
El Partido Demócrata- recurriendo a la mezcla de labor pedagógica y de acción que es la razón de ser de un partido- hizo que la gente se diera cuenta de que General Motors intentaba declararse en bancarrota y la obligó a rectificar para centrarse en lo que debe ser: no sólo gran productora de coches sino impulsora la producción industrial. Con ello se logró volver a poner en marcha las fábricas de ferrocarriles, barcos, de máquinas herramientas. Empieza una nueva era para la reconstrucción de la economía productiva. Se trata de impulsar las infraestructuras, construir centrales eléctricas, relanzar la energía nuclear bajo la consigna de que no existe alternativa a la energía nuclear en un sistema económico sano. He aquí una idea que merece ser examinada detenidamente: Una nación que no tiene derecho a la energía nuclear carece de soberanía. Así de simple.
Las nuevas fuerzas morales en Washington dicen que sin soberanía nacional, sin un sistema general de Bienestar social asegurado para todos los ciudadanos, sin un sistema de economía efectiva, y sin un gobierno que gobierna para los ciudadanos, es absurdo hablar de Globalización. Lo que hoy se entiende por Globalización no es otra cosa que una forma de esclavizar amplias zonas del mundo. No se trata sólo de la India o de China en los que coexisten diversas formas y situaciones de economía, con territorios y poblaciones desarrollados y otros que se hallan en la más completa miseria. También eso ocurre en los países europeos. Italia tiene su Mezzogiorno, que está peor que la India. Y lo mismo se de puede decir de todos los países de la Unión Europea, en los que un porcentaje muy elevado de sus ciudadanos viven en el umbral de la miseria ( o metidos en el cuarto oscuro sin esperanza).
La respuesta norteamericana no es una cuestión doméstica. Afecta a todo el mundo. Si los ciudadanos norteamericanos logran imponer una política que diga no a la guerra y al neoconservadurismo se habrán colocado a la cabeza de la gente que lucha por lo mismo en todos los países. Los ciudadanos norteamericanos están más implicados que los europeos en las grandes cuestiones. Europa no rejuvenece, los jóvenes aceptan de manera fatalista su situación; la mayoría no busca mejorar porque cree que su futuro no le pertenece y es incierto; se resigna a entregar buena parte de sus ingresos para pagar la hipoteca, y busca olvidarse de sus problemas viajando a paraísos artificiales. La juventud europea- y en especial la española- está desmovilizada, en términos generales no le interesa hacer esfuerzos por construirse una cultura sólida, indagadora.
En Europa la mayoría sólo se ocupa de sus propios asuntos (lo mismo que hacen los rusos, y los chinos). Los europeos viven en un mundo ficticio. La burocracia de Bruselas se ha distanciado de la gente. Europa está siendo destruida por los acuerdos de Maastricht.
La nueva vanguardia moral está en los Estados Unidos, pero esta vez no se trata del regreso a las bases del conservadurismo reaccionario con una moral hipócrita, sino de la construcción de una moral cimentada en la ética de los derechos humanos (derecho a la vida, derecho a la justicia, solidaridad internacional para el comercio justo, las relaciones justas, la paz basada en el respeto mutuo). Todo esto no es nuevo. Fue la razón de ser de los Estados Unidos cuando se declararon independientes de una Metrópoli rapaz y usurera. Esa sigue siendo la frontera.
©Eliseo Bayo, del libro "Crónicas finales"